Mostrando entradas con la etiqueta estrés oxidativo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta estrés oxidativo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de septiembre de 2014

EL EJERCICIO FÍSICO ES LA MEJOR MEDICINA


 “Vale más prevenir que curar”. Galeno

En los días de hoy es muy fácil fomentar un ambiente ácido en el organismo: el consumo desmesurado de azúcar, de refrescos, de sal, de carne, de harinas refinadas, etc.; acompañando todo eso, la falta de una limpieza de “nuestros filtros” y, para rematar, el sedentarismo. Con una dieta inadecuada,  unida al consumo de alcohol y al tabaquismo (aunque sea de manera  social), se fomentará un ambiente increíblemente ácido en el organismo con una gran aceleración de su deterioro. Las células se volverán ácidas y, si además somos sedentarios, dejaremos las puertas abiertas a la posibilidad de tener alguna enfermedad  importante.  Nuestro sistema nervioso central (SNC) da las órdenes a las células y éstas las ejecutan. Todo lo que ocurre con  nuestra salud depende de nuestras células, pero es fundamental tener claro que para que las células estén sanas deben vivir  en un ambiente totalmente alcalino, libre de acidez. Es importante saber que el colesterol es la grasa degradada por las células, así como el ácido úrico es el radical libre de las proteínas. Estos radicales libres son desechados por las propias células, pero ellas no pueden vivir en contacto con sus propios residuos. Si dejas de cepillarte  los dientes durante 10 años, puede que te quedes sin dientes,  pues estos se pudrirán en tu boca; lo mismo pasa con las células de nuestro cuerpo si no las cuidamos. En la enfermedad del cáncer, como en muchas otras, es lo que suele pasar en la mayor parte de los casos. Así, cuanto mayor es la acidosis en nuestro organismo, mayor será la posibilidad de tener células enfermas y, en consecuencia, enfermedades. Si viviéramos en  contacto constante con nuestros excrementos, nos ducháramos en la bañera con ellos, durmiéramos con nuestros desechos, seguramente nos moriríamos en un corto espacio de tiempo. Pues no será diferente con nuestras células. En nuestras acciones del día, fomentamos una gran cantidad de desechos que se quedan en nuestro organismo hasta ser eliminados. En muchos casos estos radicales libres tardarán mucho en eliminarse debido a las malas praxis: dietas inadecuadas, adicción a las drogas, tabaco, alcohol, la utilización excesiva de fármacos, el sedentarismo, las enfermedades, etc. Frente a esa situación, las células intentan defenderse de varias maneras antes de ponerse enfermas. Una de esas maneras es la acidosis metabólica. Las células retienen agua con el fin de solventar la situación ácida dentro de su entorno, y eso ocasiona una subida importante en el peso corporal al mismo tiempo que en el volumen de la persona en cuestión (retención de líquidos).  En presencia de situaciones como estas, la actividad física gana una especial relevancia puesto que, al mismo tiempo que produce una importante alteración en la situación de acidosis vivida por las células, alteración promovida por la ingente entrada de oxígeno en el organismo, es capaz de controlar la retención de líquidos producida por las células como respuesta a dicha situación ácida. Hemos de recordar que son los pulmones y los riñones los que regulan el estado ácido/básico del cuerpo.

La supervivencia de las células:

Nuestras células deben vivir en un ambiente limpio, libre de desechos; de no ser así, su ADN cambiará para garantizar su propia supervivencia, pues de lo contrario, no conseguirían sobrevivir en un medio ácido. Las células sanas son alcalinas, tienen potasio en su interior y sodio en su exterior, mientras que  las células malas tienen mucho sodio en su interior. Esto es lo que facilita su supervivencia en un medio compuesto por acidosis, ya que en nuestro organismo tenemos un 9,4% de sodio en un 70% de medio líquido. Muchos pacientes de cáncer, estando o no en tratamiento, siguen con una excesiva ingesta de sal, de azúcar, de grasas, y en muchos casos, más de los que se imagina, siguen fumando.  Es fundamental que los pacientes de cáncer que se encuentran en tratamiento de quimioterapia, radioterapia, o mismo los que han sido intervenidos quirúrgicamente,  sigan una  dieta especial y adecuada, durante y después del tratamiento. En estos casos, la mejor dieta es la vegetariana.
Si echamos ácido en algún objeto, éste se corroerá. Con la acidosis ocurre lo mismo, pero dentro del organismo. La acidosis puede ocasionar la muerte de tejidos celulares: lo que llamamos fibrosis. Los ácidos  pueden ocasionar fibrosis hepática, pulmonar, renal, y todo ello puede pasar si no cuidamos de nuestros filtros. Un cáncer es la reunión de células enfermas que se localizan en alguna parte del cuerpo pudiendo dividirse. Las células enferman debido a la acidez, y si no hay acidez, no hay cáncer. En un coche, de tiempo en tiempo, cambiamos el filtro y revisamos su mantenimiento para que no tengamos problemas. Deberíamos hacer lo mismo con nuestro cuerpo; pero no podemos cambiar nuestros filtros, así que lo único que nos queda es cuidar de ellos.  Una persona en reposo mueve 7200 litros de sangre por día. Nuestros filtros son: el pulmón, el hígado, el riñón. Por cada uno de estos filtros pasarán al día 7200 litros de sangre estando en reposo.

¿Tienes remota idea de cuántos miles de litros de sangre ya han pasado por tus filtros?

Hemos de recordar que nuestros órganos funcionan 24 horas al día desde que nacemos hasta que morimos, y es de suma importancia cuidar de ellos. De una manera general, las personas deben cuidarse mejor, pero es importante  tener claro que el término “cuidarse” no debe referirse sólo a las malas costumbres y al sedentarismo, sino también a la forma de cómo nos cuidamos por dentro. La acidosis es un gran problema, y si la tenemos en cuenta y la evitamos podremos evitar muchas enfermedades, incluyendo el cáncer.
 Añadir a nuestra dieta las ensaladas, las frutas, el té (sobre todo el verde) y las infusiones de tomillo, es una opción muy interesante, pues éstos son depuradores y auxilian a nuestros filtros en la tarea de limpieza y eliminación de los radicales libres. Y si añadimos el ejercicio físico dentro de este contexto, daremos una gran calidad a nuestra salud, mas éste debe ser realizado siempre de manera equilibrada. En lo que versa respeto a la alimentación, hay que respectar los gustos y preferencias de cada persona; así que, independiente de la dieta que uno tenga, por lo menos una vez o dos por semana, sería interesante una dieta depurativa libre de carnes, y con mucha ensalada, té, frutas, etc. Los antioxidantes  son como “recogedores de basura” que se encargan de eliminar los radicales libres de nuestro organismo. Al mismo tiempo, también existen los antioxidantes exógenos,  que podemos encontrar en algunos alimentos que ingerimos. En las verduras y frutas se denominan “Fitoquímicos”.
Es fundamental educar a las personas sobre la mejor manera de cuidar de su salud. Se enseña a los niños que hay que comer para crecer, y que hay que hacer ejercicio físico para estar fuertes. En ningún momento se plantea decirles que  hay que comer sano y en cantidades correctas para  tener una buena salud y practicar ejercicio físico para tener una buena calidad de vida. Es importante educar a los niños y reeducar a los adultos, al mismo tiempo que es fundamental educar a los músculos. Los músculos “educados” también nos proporcionan una mejor estimulación de la AMPK (hormona que motiva la quema de glucosa). Al hacer ejercicio físico, los niveles de mitocondrias en los músculos suben de manera significativa; al contrario, ante la falta de actividad física, la concentración de ese gen se reduce, dejándonos cada vez más perezosos y en baja forma. La enzima AMPK es la que controla dicha producción. Ésta se activa con el incremento de la unión de la AMP- ATP, que es la energía que las células necesitan para vivir. Éste es uno de los motivos por lo que se debe recomendar la práctica de ejercicio físico a todas las personas. Más que para mantener la forma y la línea, el ejercicio físico es fundamental, pues permite que las células desarrollen su trabajo con mayor facilidad evitando que se pongan enfermas.  Al educar nuestros músculos, mejoraremos nuestra coordinación motora, y ese hecho es muy relevante, pues facilitará un importante incremento de las sinapsis cerebrales y, en consecuencia, un aumento de la inteligencia, no importando la edad, cosa que también será positivo para las células. La educación muscular se consigue con la práctica regular de actividad física. Dicha práctica tiene una gran relevancia en la consecución de la salud, pues hace que seamos capaces de aprovechar mejor el oxígeno, elimina mejor las sustancias nocivas (elimina el colesterol, por ejemplo), mejora el intercambio gaseoso, ahora energía y produce menos sustancias de desecho, etc.; pero también debemos tener mucho cuidado con la manera en la que se lleva a cabo la practica del ejercicio físico, pues dicha práctica, cuando es realizada en exceso y de manera desmesurada o desequilibrada, puede generar muchos problemas,  y entre ellos uno de los más importantes es el estrés oxidativo.
El ejercicio físico origina naturalmente y de manera importante los radicales libres de oxígeno que colaboran  en la acción del daño a distintas moléculas en el organismo.  En los alimentos existen numerosos compuestos orgánicos y químicos. Debido al metabolismo, nuestro organismo realiza procesos de oxidación donde el combustible, que es la glucosa (azúcares), es oxidado con moléculas de oxígeno que resulta en la liberación de energía y desechos denominados radicales libres (1). Estos radicales libres pueden producir  destrucción tanto a nivel intracelular en el ADN,  como a nivel sistemático, arterial, cerebral, etc. Para solventar esa situación el organismo tiene varios  procedimientos para estimular su defensa, entre ellos, los sistemas antioxidantes no enzimáticos (la vitamina E y la vitamina C). El problema ocurre cuando la producción de radicales libres supera la capacidad del organismo en antioxidar, generando  con ello un desequilibrio que tiene como resultado el estrés oxidativo y, en consecuencia, el daño celular.
La combinación de una dieta alcalina equilibrada junto con la práctica de actividad física regular, adecuada y moderada, es capaz de reducir el ácido carbónico en los pulmones, el ácido graso en el hígado y el ácido úrico en los riñones, proporcionando así una limpieza de nuestros filtros, protegiendo el organismo y previniendo las enfermedades, al mismo tiempo que facilita un ambiente alcalino a las células. Las enfermedades, en su mayor parte, provienen de un largo proceso de degradación en el estilo de vida, y como consecuencia en el organismo, empeorando así la calidad de vida de las personas que las padecen. Desafortunadamente, seguimos viendo a las enfermedades desde un enfoque muy reducido, y  la mayor parte de las veces, desde sólo un punto de vista, el de curar. No obstante, existen varios caminos que nos dan ventaja en ese combate entre la salud y la enfermedad. Algunos de ellos, y de los más efectivos, con la educación y la prevención. La unión de una vida activa junto con una alimentación equilibrada, nos proporciona todos los elementos para que tengamos una buena salud. En presencia de alguna enfermedad, esa receta puede fusionarse con los tratamientos prescritos por los facultativos, haciendo que la recuperación de la misma se haga de una manera bastante más rápida.  

 



(1)  El blog del Dr.Sergio Simphronio – LA ACTIVIDAD FÍSICA Y EL ESTRÉS OXIDATIVO






miércoles, 18 de junio de 2014

LAS UNIDADES DE TRATAMIENTO DE ENFERMEDADES POR MEDIO DEL EJERCICIO FÍSICO

La introducción de las unidades de actividad física en los hospitales y clínicas es un hecho que crece a cada día en muchos países.  Son innúmeras las evidencias científicas que comprueban la efectividad del ejercicio físico como apoyo a un tratamiento, para un  tratamiento, en la recuperación o para la prevención de las enfermedades, pero es importante puntualizar que para que estas unidades  realmente funcionen con una gran efectividad, no basta con sólo introducir algunos movimientos en forma de ejercicio para que los pacientes se muevan, ni tampoco  con enseñarles tablas de ejercicios y supervisarles. Es ésta una cuestión  bastante más profunda de lo que muchos puedan imaginar. Siempre digo que las enfermedades no tienen  nada que ver con la salud, pero el gran reto es hacer  que las dos se fusionen haciendo que la primera desaparezca. Llevo más de 10 años creando e  introduciendo unidades de tratamiento de enfermedades por medio de la actividad física, principalmente en hospitales de Estados Unidos, Inglaterra, y últimamente en Noruega. En un principio haciéndolo de manera privada como asesor (PhD), y después a través de SIMPH MEDICAL FITNESS INSTITUTE con las UEFE® (Unidad de Entrenamiento Físico para Enfermedades), siempre obteniendo resultados muy satisfactorios en la aplicación de los más distintos protocolos para el desarrollo de las terapias con actividad física. Es fundamental resaltar que el concepto de unidades de tratamiento vía ejercicio que tenemos y que introducimos en los países en los que operamos es muy completo. Va mucho más allá que una pequeña sala  dentro de un hospital. El concepto de las unidades que creamos es el de verdaderos gimnasios enfocados a personas con patologías, algunas incluso con piscina semiolímpica. Muchos de los que estáis leyendo este artículo estaréis pensando que eso no puede ser posible, pero os aseguro que no sólo es posible  sino además  muy lógico y necesario, pues la primicia principal de esta clase de tratamiento es alejar al paciente al máximo del clima de un hospital. Los ejercicios nunca deben ser aplicados por profesionales que lleven los típicos pijamas hospitalarios o batas que utiliza el personal sanitario, pues esto es totalmente  contraproducente. La ropa deportiva es la más adecuada, y además  hemos comprobado con estudios que los niveles de serotonina de las personas que han participado en el programa subían al desarrollar el entrenamiento con un profesional que utilizaba ropa deportiva; en contrapartida, los pacientes asocian el pijama sanitario a los fármacos, a sus enfermedades y,  lo peor, al dolor.
A este respecto hemos desarrollado un interesante estudio con algunos de los participantes del programa de actividad física para el tratamiento de enfermedades.  Constituía un grupo de  60 participantes,  siendo 20 varones de edades comprendidas entre 45 y 55 años, y 40 mujeres de edades comprendidas entre 30 y 60 años.
Se ha procedido a recoger la saliva de los 60 pacientes antes de empezar el programa con profesionales (entrenadores) que llevaban pijamas blancos y lilas. Al concluir la sesión, hemos repetido la operación. Las dos tomas de saliva de los participantes eran analizadas cada día durante una semana. En la semana siguiente, hemos procedido de la misma manera,  con el mismo tipo de entrenamiento, de procedimientos, y con los mismos profesionales (entrenadores), pero utilizando ropas deportivas.
Profesionales utilizando pijamas.
Al analizar los niveles de cortisol en saliva, hemos comprobado que todos los participantes del estudio, antes de empezar la sesión, tenían niveles de estrés muy aceptables. Sin embargo, estas mismas personas al terminar la sesión, poseían  niveles de estrés totalmente diferentes con respecto al inicio de la actividad. En un 65% de estas personas hemos comprobado que los niveles de estrés se habían disparado a una clasificación no aceptable, un 30% de ellos tuvieron una elevación moderada, y el 5% restante no presentó una alteración significativa.
Profesionales utilizando ropas deportivas.
Al analizar el cortisol en saliva de las mismas personas en la segunda semana, hemos podido comprobar que en un 25% de los participantes, los niveles de estrés se habían alterado de una manera inapreciable; no obstante,  en un 75% de ellos, estos niveles  habían bajado de manera significativa.
No contentos,  hemos querido ahondar en el  porqué de tal hecho. Hemos seguido con el estudio durante dos semanas más, pero suprimimos los test de saliva, y procedimos a estudiar el cerebro de 10 de los participantes vía resonancia magnética, justo aquéllos que tuvieron los cambios de ACTH (hormona del estrés) más pronunciados en la segunda parte de estudio, aquéllos en los que más bajaron los niveles de cortisol al tener a un profesional aplicando los programas de actividad física con ropa deportiva. La segunda parte del estudio  ha sido realizada con la utilización de los pijamas hospitalarios  por parte de los profesionales. Todas las personas presentaron mapas muy parecidos en su cerebro. En todas ellas se podían apreciar las “zonas  cerebrales del dolor”.
Se apreciaban las zonas del tálamo (encima del cerebro primitivo), el lóbulo parietal (información sensorial), sistema líbico (procesos emocionales), corteza cerebral (parte de la razón). Este descubrimiento nos ha hecho pensar que los pijamas hospitalarios en la práctica deportiva alteran los niveles de ACTH en los pacientes, debido a que les provocan una asociación directa con el dolor. Desde luego, si a un proceso de recuperación de alguna enfermedad o durante el tratamiento de la misma hay presencia de estrés, la enfermedad se hace más fuerte, pues éste inhibe el sistema inmunológico.  Al llegar datos  negativos al cerebro,  ya sea en forma de estrés, o de malos recuerdos o experiencias, éste analiza y toma las decisiones más pertinentes para la protección del cuerpo. El cerebro construye el dolor en base al análisis de los datos que recibe, pero también de las experiencias y del aprendizaje.
Desde nuestro punto de vista, el profesional más indicado para desarrollar este servicio es el profesor de educación física especializado en tratamiento de enfermedades vía ejercicio físico. Desde nuestra experiencia, el trabajo en equipo es lo más importante para que se logre una recuperación activa de pacientes que hagan parte de esta clase de programas. Y por supuesto los médicos siempre deben  dar el visto bueno para que los pacientes puedan hacer parte de los programas de recuperación activa vía ejercicio físico. Las reuniones entre profesionales de las más distintas áreas son frecuentes, se estudia cada caso de manera aislada, y todos tienen mucho que aportar; hay que recordar que lo importante es el paciente y su salud.  Es fundamental hacer que el paciente se sienta sano, aunque no sea así, que quiera sentirse fuerte, además de proporcionarle una de las herramientas principales para su recuperación, que es la autoestima. Estas unidades son fundamentales, pues proporcionan herramientas indispensables para una recuperación activa en los pacientes.
 Antes de crear una unidad, ya sea en un hospital, en un gimnasio, o en un hotel,  entrenamos a todo el personal implicado:   médicos, fisioterapeutas, enfermeros, profesores de educación física, nutricionistas, etc. Todos deben trabajar al unísono, compartiendo informaciones y conocimientos sobre cada caso.
Es muy importante puntualizar que los cambios neurofisiológicos que sufren las personas enfermas dentro de la práctica de la actividad física son innúmeros. Dicho esto, hay que tener muy en cuenta el estado anímico y el lado psicológico del paciente, ya que según este estado y la gravedad de la enfermedad,  se puede  alargar mucho la recuperación de la persona afectada por la patología.     
De otra parte, no podemos olvidar que las defensas de estas personas  muchas veces están  bajo mínimos, a lo que hay que añadir el componente de estrés que generan todas las enfermedades; éste se manifiesta en forma de miedo o de preocupación, y ahí tendremos un gran problema para obtener el éxito deseado en el tratamiento. Éste es uno de los principales motivos por los que el personal sanitario debe  estar muy bien entrenado para tratar con los pacientes que harán parte de dicho programa. Nunca debemos tratarles como enfermos, aunque  lo sean; no cuesta nada sonreír a un paciente; no cuesta mirarle a los ojos al hablarles; no cuesta escucharles aunque sea por un minuto, aunque nos apremie la inexistencia de tiempo; no cuesta transmitirles un poco de paz y tranquilidad, mismo estando dentro de un hospital.
La actividad física es una herramienta fundamental para lograr la recuperación de una enfermedad,  mismo en la prevención, pero debe  ser muy bien aplicada, sobretodo en casos como éstos. De no ser así, podrá perder su efectividad y los resultados pueden ser muy negativos, y en algunos casos incluso perjudiciales. El ejercicio físico equilibrado y bien aplicado, además de elevar los niveles de serotonina, endorfinas, oxitocina, etc., reduce el ACTH (hormona del estrés), y es capaz de eliminar a los radicales libres.
De otra parte, los radicales libres también están directamente relacionados con muchas enfermedades como la Fibromialgia, el Cáncer, la Arteriosclerosis, etc., estando también relacionados con otros procesos biológicos como la vejez. Estos fenómenos  de oxidación por radicales libres están en el origen de muchas enfermedades (1). Dicho esto, es muy importante recordar que la actividad física también puede producir radicales libres.
El problema ocurre cuando la producción de radicales libres supera la capacidad del organismo de “antioxidar”, generando  con ello un desequilibrio que tiene como resultado el estrés oxidativo y, en consecuencia, el daño celular. Eso puede ocurrir con la gran ingesta de fármacos derivada del tratamiento médico necesario en el proceso, pero también por una vida alimenticia mal enfocada donde el consumo de los alimentos ácidos superaba  al  de los alcalinos, y también por la práctica desequilibrada del ejercicio físico, máxime en casos de personas que padecen o que han padecido  alguna enfermedad, y teniendo en cuenta que algunas de ellas nunca han practicado ejercicio físico en su vida. Sus defensas estarán bajas y tendrán una energía limitada para la práctica del ejercicio físico. Un protocolo mal aplicado podría tener efectos muy negativos.
Por este motivo la sincronización y adaptación de la aplicación de la actividad física tanto a la patología como a la individualidad de la persona es de lo más importante en estos casos pero,  para poder hacerlo,  es necesario tener un gran conocimiento tanto de la enfermedad como de la práctica del ejercicio físico, al mismo tiempo que es fundamental conocer a la persona la que se aplica el tratamiento. La nutrición deportiva aplicada al tratamiento de enfermedades también es de suma importancia. En el caso de SIMPH MEDICAL FITNESS INSTITUTE, aplicamos la NDE®  (Nutrición Deportiva para Enfermedades).
Para desarrollar esta clase de tratamiento, es imprescindible controlar la aplicación de la actividad física dentro de la enfermedad, así como saber  establecer las recomendaciones sobre la cantidad  y la intensidad de actividad física pertinente e ideal para el tratamiento.
  

(1)El blog del Dr. Sergio Simphronio  LA ACTIVIDAD FÍSICA Y EL ESTRÉS OXIDATIVO





martes, 31 de diciembre de 2013

LA ACTIVIDAD FÍSICA Y EL ESTRÉS OXIDATIVO

Hace muchos años atrás gran parte de las informaciones relacionadas con la actividad física eran muy difusas, pero con el tiempo se han realizado muchas investigaciones con el objetivo de sacar a la luz una gran cantidad de conocimientos que nos están facultando la posibilidad de mejorar nuestra calidad de vida. Dichos conocimientos nos están permitiendo ser cada vez más específicos en la búsqueda de soluciones para la consecución de los mejores resultados en las acciones deportivas. Desde luego no me estoy refiriendo solamente a las mejores técnicas para entrenar sino, y también,  al incremento de los conocimientos direccionados a los cambios bioquímicos que ocurren en nuestro organismo, resultado de procesos metabólicos complejos conseguidos con la unión del entrenamiento físico, la alimentación y el descanso.
Existen matices que son muy relevantes, principalmente cuando fomentamos cambios metabólicos importantes como por ejemplo los que ocurren cuando  practicamos  ejercicio físico. El ejercicio físico es un antioxidante natural al igual que el sueño (dormir).  Tal es la importancia de ambos, que son capaces de reponer el ADN celular, mejorar el sistema inmunológico y producir una notable  mejoría en nuestra salud. Los antioxidantes  son como “recogedores de basura” que se encargan de eliminar los radicales libres de nuestro organismo. Al mismo tiempo, también existen los antioxidantes exógenos,  que podemos encontrar en algunos alimentos que ingerimos. En las verduras y frutas se denominan “Fitoquímicos”.
Estamos acostumbrados a oír hablar del estrés oxidativo en los temas referentes a la alimentación o la vejez, pero es importante saber que según la manera en la que una persona entrene físicamente, ésta también podrá fomentar en su organismo el estrés oxidativo.
El ejercicio físico origina naturalmente y de manera importante los radicales libres de oxígeno que colaboran  en la acción del daño a distintas moléculas en el organismo.  En los alimentos existen numerosos compuestos orgánicos y químicos. Debido al metabolismo, nuestro organismo realiza procesos de oxidación donde el combustible, que es la glucosa (azúcares), es oxidado con moléculas de oxígeno que resulta en la liberación de energía y desechos denominados radicales libres. Estos radicales libres pueden producir  destrucción tanto a nivel intracelular en el ADN,  como a nivel sistemático, arterial, cerebral, etc. 
Para solventar esa situación el organismo tiene varios protocolos  de procedimiento para estimular su defensa, entre ellos, los sistemas antioxidantes no enzimáticos (la vitamina E y la vitamina C). El problema ocurre cuando la producción de radicales libres supera la capacidad del organismo en antioxidar, generando  con ello un desequilibrio que tiene como resultado el estrés oxidativo y, en consecuencia, el daño celular. Esto ocurre con la práctica deportiva. Los últimos estudios han comprobado que la ocurrencia del estrés oxidativo en el ejercicio físico es más común en los entrenamientos de alta intensidad de esfuerzo que en los entrenamientos de larga duración. Eso también puede ocurrir con mayor facilidad a los individuos poco entrenados o que estén en baja forma física, pero no quiere decir que no les ocurra a las personas que tengan  un buen nivel de entrenamiento físico. Además del nivel de esfuerzo en el entrenamiento, puede existir una relación muy directa con la dieta, el aporte hídrico y el descanso del individuo.
Los radicales libres también están directamente relacionados con muchas enfermedades como la Fibromialgia, el Cáncer, la Arteriosclerosis, etc., estando también directamente relacionados con otros procesos biológicos como la vejez.  Estos fenómenos  de oxidación por radicales libres están en el origen de muchas enfermedades.
Las personas que son conscientes de que su entrenamiento es de alta intensidad,  además de tener una buena dieta que sea equilibrada y rica en antioxidantes, deben tener en cuenta que ésta sea capaz de  reponer el gasto energético causado por el ejercicio físico. De no ser así, es fundamental tener una suplementación  que consiga mantener su organismo en un estado óptimo, sobre todo que pueda fomentar la recuperación de los niveles normales de los antioxidantes.     
Los antioxidantes también son fundamentales, pues son los que propician las respuestas de defensa al existir una elevada concentración de radicales libres en el organismo.  Inhiben o retardan la oxidación de las moléculas, neutralizando estos radicales libres, evitando así las lesiones de tejidos. En el caso de existir sobreentrenamiento, que es una situación de oxidación continuada y es un contexto que produce una ingente cantidad de radicales libres, tiene como resultado la fatiga crónica. 
La expresión antioxidante se refiere a las sustancias que consiguen evitar los daños producidos por los radicales libres a las membranas celulares. Estos cambios se relacionan con enfermedades degenerativas y el envejecimiento. La actividad física intensa aumenta la tasa de oxidación celular aumentando, en consecuencia, la producción de los radicales libres, y este hecho puede ser prevenido con el incremento de la ingesta de antioxidantes como la vitamina C y E, sea vía suplememntación o por medio de un incremento en la ingesta de verduras y frutas.

Es fundamental que seamos conscientes de que la práctica del ejercicio físico es una de las mejores acciones que uno puede realizar para la prevención de enfermedades, del envejecimiento y para fomentar una vida sana, pero es fundamental que esa acción sea desarrollada con conocimiento e inteligencia. Desde luego, no podemos descuidar los importantes cuidados que debemos tener en la práctica del ejercicio físico. La actividad física es una interesante vía para proporcionar salud, y cuanto más conozcamos sus recovecos, mejores serán los resultados que lograremos. 





CONSULTE LA WEB DE SIMPH MEDICAL FITNESS INSTITUTE











miércoles, 11 de diciembre de 2013

RETRASAR EL ENVEJECIMIENTO

El paso del tiempo cronológico es un hecho real para todo ser humano, pero uno puede escoger de qué manera quiere envejecer. De otra parte, es posible retrasar el envejecimiento de manera muy significativa, y al mismo tiempo que logramos dicho retraso, ganamos en salud. La actividad física llena el organismo de oxígeno facilitando así un ambiente alcalino, cosa que propiciará la reproducción de células sanas y,  en consecuencia, la disminución de la posibilidad de que se produzcan enfermedades.
Gran parte de los alimentos alcalinos son producidos por la naturaleza. Las proteínas son generadoras de acidez, así que las  frutas  frescas son muy necesarias, pues fomentan el equilibrio. Es importante que evitemos los alimentos procesados, ya que son generadores de acidez en las células, además de ser  capaces de  elevar rápidamente, y de manera muy importante, los niveles de azúcar en sangre pudiendo producir toxicidad.  Es importante tener en cuenta que los limones aparentemente son muy ácidos, pero una vez en el organismo son extremadamente alcalinos, así que la ingesta de un ácido alimenticio no tiene nada que ver con el pH del alimento. De otra parte, hay muchos otros alimentos que antes de su ingesta son aparentemente alcalinos, pero después de haber entrado en el organismo  dejan residuos ácidos. Esto pasa son casi todos los productos de origen animal.
Asimismo, los vicios también son grandes causantes de acidez en las células (tabaco, alcohol, drogas, etc.), junto con estilos de vida estresantes. Es importante recordar que las células alcalinas son las células sanas.  Las células ácidas pueden desarrollar muchas enfermedades, además de acortar el espacio de tiempo para que se produzca el envejecimiento, ocasionando efectos muy negativos para la edad biológica de las células.   
Es posible manipular los telómeros, de la misma manera que es posible cambiar algunas características de nuestro ADN,  a través de buenas costumbres, de una alimentación sana, de la actividad física constante y equilibrada.
Los telómeros son estructuras celulares compuestas por repeticiones de secuencias de ADN que se localizan en las extremidades de los cromosomas,    y que tienen como función proteger a éstos frente a la degradación que ocurre al completarse cada ciclo de duplicación.  Se acortan cada vez que las células se dividen.  Cada año que pasa los cromosomas pierden en  promedio 21 de las unidades que conforman  los telómeros, pero cuando éstos se vuelven extremadamente cortos, la célula que les hospeda pierde la capacidad de dividirse. Llevar una vida físicamente activa tiene efectos positivos muy importantes sobre la edad biológica de las células. La actividad física disminuye  el impacto del estrés oxidativo en las células, lo que nos deja claro que el ejercicio físico protege a las células de la acción de los radicales libres que aceleran el envejecimiento.
Conjuntamente con la actividad física, una alimentación sana y alcalina, y un estilo de vida equilibrado y libre de estrés, beber agua es de fundamental importancia,  puesto que además de facilitar la rehidratación de todo el organismo, incluyendo la piel, es el elemento principal para ayudar a que nos limpiemos por dentro.
El agua es importante para eliminar toxinas, regular  la temperatura del cuerpo, transportar oxígeno y nutrientes a todas las células del cuerpo; además,  la sangre está compuesta de un 92% de agua. Los huesos son un 22% de agua y  los músculos  un 75%.
El agua compone la mayoría de las células de nuestro cuerpo, es la parte más grande de nuestro sistema sanguíneo y linfático,  desarrolla una función primordial transportando alimento y oxígeno a las células y  desechando intrusos y desperdicios. Limpia nuestros riñones de substancias tóxicas; balancea nuestros electrolitos  ayudándonos  a controlar la presión sanguínea; humedece nuestros ojos, boca y orificios  nasales;  mantiene el cuerpo fresco cuando hace calor y aislado cuando hace frío;  nos provee de los minerales que  necesitamos  tales como magnesio, cobalto y cobre.

El agua llega por último a la piel. Si el cuerpo no obtiene el agua necesaria, la piel sentirá los efectos más que cualquier otro órgano. Una buena hidratación se encarga de dejar la piel más tersa, más pulida, más suave, más libre de arrugas. (1)
 Al mismo tiempo, en la ausencia de enfermedades,  ha sido comprobado que un buen programa de ejercicio físico unido a una alimentación balanceada y alcalina, una buena ingesta de agua, y la eliminación del estrés en el día a día pueden proporcionar un mínimo de diez años más de vida.  Además, en las edades más avanzadas, una persona que haya mantenido una vida sana y equilibrada a lo largo de toda una vida, podrá disfrutar de una estupenda salud  y estará llena de energía.






1. El blog del Dr.Sergio Simphronio: LA IMPORTANCIA DEL AGUA EN NUESRAS VIDAS.


CONSULTE LA WEB DE SIMPH MEDICAL FITNESS INSTITUTE