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jueves, 26 de febrero de 2015

¿POR QUÉ UN 68% DE LAS MUJERES CON SOBREPESO Y/U OBESIDAD ABANDONAN LOS PROGRAMAS DE PÉRDIDA DE PESO EN EUROPA?


Según la OMS, un 80 % de los adolescentes obesos seguirán siéndolo en la edad adulta, menos de un 5 % de los adultos que pierden peso son capaces de mantenerse en su peso ideal durante cinco años después del tratamiento y  un 6 % recupera el peso perdido en los primeros seis a doce meses. La obesidad contribuye, entre otras causas, a aumentar la mortalidad por enfermedades cardiovasculares y a la aparición de la diabetes mellitus, de alteraciones esqueléticas, hipertensión arterial, hipercolesterolemia e inadaptación psicosocial. En cuanto a las cuestiones traumatológicas, las articulaciones de las personas obesas sufren mucho, al igual que sus órganos internos, sobretodo el corazón. El cerebro de una persona obesa  tiene calculadas y programadas sus acciones en función de su gasto energético, y obviamente sus órganos responderán en función de dicho cálculo. Al cambiar la situación de estas personas de un estado de sedentarismo total mantenido durante años y años, a la actividad física acompañada de dieta, se producirán cambios neurofisiológicos y fisiológicos bastante importantes. La actividad física proporciona una inmensa cantidad de estímulos al cerebro que, a su vez, será capaz de reprogramar las funciones cognitivas, e incluso de cambiar el ADN de las células. Al iniciar la práctica del ejercicio físico, el cerebro reprograma todas las respuestas celulares y las funciones de todo nuestro cuerpo; pero para que nuestro metabolismo pueda asimilar dichos cambios y hacer que éstos hagan parte de nuestro estilo de vida, es fundamental tener en cuenta el factor  tiempo.

En el año 2014 realizamos una interesante revisión con el fin de investigar por qué tantas mujeres obesas abandonan los programas de reducción de peso por medio de entrenamiento físico y dieta. Para obtener datos, se visitaron varios hospitales,  centros especializados, gimnasios, y se consultó a  diferentes profesionales de la salud involucrados con la obesidad en distintos países de Europa; se ha recabado información, se han estudiado procedimientos clínicos, evaluado cada caso y profundizado en los casos más interesantes. Durante 8 meses fueron entrevistadas 200 mujeres obesas con edades comprendidas entre 20 y 65 años. Dicho estudio fue realizado en cuatro países diferentes: Inglaterra, Noruega, Alemania y España.

Nuestro objetivo era saber:

1.     ¿Cómo se sentían dentro de un entrenamiento físico enfocado a tratar la obesidad?

2.     ¿Cuáles eran las mayores dificultades dentro del contexto del ejercicio físico?

3.     ¿En qué grado de dificultad notaban el entrenamiento?

4.     ¿Cuáles eran las expectativas que tenían?

5.     ¿Tenían la intención de seguir con el programa y de concluir el objetivo planteado en el principio?

6.     ¿Por qué?

RESPUESTAS

1.     Mal (90%)     Bien (8%)     Más o Menos (2%)

2.     Moverse (70%)    Alimentación (30%)

3.     Mucha dificultad (75%) Mediana dificultad (35%) Ninguna dificultad (0%)

4.     Estética (80%) Ganar salud y mejorar su calidad de vida (20%) Ninguna (0%)

5.     SI (32%)  NO (68%)

6.     (32%) Porque tenían riesgo de vida -  (68%) No se sentían escuchadas, No sentían la empatía del entrenador, No se sentían bien con el programa, No notaban resultados estéticos con los ejercicios.

Al hablar con los profesionales, ninguno de ellos, en ninguno de los casos ha hecho referencia alguna a las emociones de los pacientes, y cuando hemos citado este aspecto en las entrevistas, tampoco han dado la debida importancia al asunto.
Las mujeres encaran la obesidad de manera totalmente diferente que los hombres.
Hemos comprobado que uno de los motivos por los que un 68% de las mujeres con sobrepeso y/u obesas que empiezan un programa de pérdida de peso mediante ejercicio físico y dieta (libre de fármacos), abandonan dicho programa debido a que les cuesta mucho adaptarse a los cambios neurofisiológicos y fisiológicos, además de que un 80% de las personas obesas entrevistadas presentaban algún problema emocional. En este estudio en concreto, la mayor parte de las personas que han abandonado el programa padecían ansiedad y/o depresión. Estas mismas personas decían que no tenían la debida paciencia para aguardar la llegada de los resultados estéticos, que en gran parte de los casos era lo único que ansiaban. Dentro de nuestra revisión, hemos advertido que la mayor parte de las personas que han  tomado la actitud de mejorar su vida cambiando sus malos  hábitos, son aquellas cuya obesidad les había llevado a una gran degradación en su estado de salud pasando a correr algún tipo de riesgo de vida diagnosticado por su médico. Gran parte de las personas en el mundo no son conscientes de los problemas que puede conllevar ser obeso.
La obesidad es mucho más que un tema estético.

Pero también es fundamental señalar que la obesidad puede ser producida por muchos otros  factores que no dependen sólo de la falta de actividad física o una mala dieta.    
Si enfocamos este tema hacia la obesidad en las mujeres, además de los FACTORES AMBIENTALES, la obesidad se puede ver favorecida por varios otros motivos. En el caso de la Obesidad Femenina, hay que valorar los factores genéticos, la hipertensión, la diabetes, el estrés, problemas de corazón, el embarazo, la menopausia y sobre todo la ansiedad, que está muy vinculada con el aumento de peso. También puede estar relacionada con algunas otras enfermedades como el Síndrome de Cushing, el hipotiroidismo, los ovarios poliquísticos,  el pseudohipoparatiroidismo (trastorno causado por la disminución de la función de las glándulas paratiroides, caracterizada por una muy baja concentración de hormona paratiroidea) y el hipogonadismo (los ovarios no funcionan correctamente). También existen medicamentos que pueden favorecer el sobrepeso, como ciertos antidepresivos (no todos) y los corticoides.  
El síndrome de Cushing. También conocido como hipercortisolismo, es provocado por el aumento del cortisol. Este exceso de cortisol se puede deber a varias causas, y la más común, que afecta de 60 a 70 % de los pacientes, es un adenoma en la hipófisis (tumor benigno en la hipófisis);  otras causas del síndrome de Cushing son los tumores o anomalías en las glándulas suprarrenales, el uso crónico de glucocorticoides o la secreción ectópica de ACTH  por parte de tumores que normalmente no la producen. La ACTH es una hormona que es  producida por la hipófisis, que estimula las glándulas suprarrenales para que produzcan cortisol. A medida que el índice de masa corporal (IMC) se incrementa, también lo hace el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, diabetes, algunos trastornos del aparato locomotor (osteoartritis - enfermedad degenerativa de las articulaciones-) y ciertos tipos de cáncer (de endometrio, mama y colon).

En muchos casos la obesidad puede estar acompañada de la depresión, y ésta,  siendo crónica, puede llegar a disminuir el tamaño del hipocampo (aprendizaje, memoria, humor, emociones), al mismo tiempo que aumentará el tamaño de la amígdala (miedo y ansiedad). Infelizmente es común ver a personas obesas que padecen hipertensión, además de estrés crónico. Éstos son capaces de provocar una deficiencia en el BDNF (Brain Derived Neurothrophic Factor), una proteína que,  de entre varias funciones, actúa como un antidepresivo natural que sirve para dar fuerza al corazón. Ayuda a mantener la capacidad de las células musculares cardiacas para su contracción y relajación de manera adecuada, máxime cuando ocurre un estrés agudo que puede ser producido por la práctica de actividad física. ¡El gran problema es el estrés crónico!
El estrés crónico provoca la muerte celular y debilita el sistema inmunológico.
Al acelerar el metabolismo vía ejercicio físico, se genera un estrés agudo que será solventado por la homeostasis, y en ese proceso, el sistema nervioso simpático y el parasimpático tienen una actuación fundamental. El sistema nervioso simpático produce respuestas de defensa y de lucha ante un estímulo o el estrés, como aumentar el ritmo del corazón, la producción de saliva y la sudoración.  El sistema parasimpático contrarresta estos efectos haciendo más lento el ritmo del corazón, dilatando los vasos sanguíneos y relajando las fibras de los músculos lisos involuntarios: equilibrio simpático y parasimpático. Estos dos subsistemas  tienen funciones opuestas, y así producen un equilibrio entre las funciones corporales. Además trabajan activamente y de una manera muy intensa dentro de la actividad física, principalmente si ésta está enfocada a las enfermedades. También es muy importante recordar que hormonas como la epinefrina, el  glucagón, el cortisol, las tiroideas y la hormona del crecimiento, desarrollan una interesante situación metabólica para mantener el ejercicio físico en el marco de la homeostasis corporal.   Lo que suele ocurrir en los casos de obesidad, es que gran parte de las personas abandonan el programa de ejercicio físico debido a que tienen una gran dificultad para moverse y realizar los ejercicios; algo totalmente comprensible, pues están acostumbradas al sedentarismo y a la inactividad. El problema en estos casos no reside en la persona en sí, sino en programas de ejercicio físico deficientemente diseñados, en su incorrecta aplicación, en la forma en la que se incentiva a estas personas y, sobre todo,  en la gestión de sus emociones. De otra parte, al sugerir a una persona obesa que camine en una cinta sin una previa preparación, ésta sentirá las mismas incomodidades que una persona sana que entrena con mucha intensidad, principalmente al terminar la sesión de entrenamiento, pero con la diferencia de que su cuerpo además tiene que soportar 20 o 30 kilos, o más, por encima del peso normal.
A lo largo de 25 años trabajando con poblaciones especiales, hemos comprobado que al aplicar ejercicios de carácter isométrico es posible  conseguir la homeostasis muscular como una preparación previa a los entrenamientos que puedan exigir más a estas personas. Éste es un procedimiento muy inteligente y muy recomendable a la hora de trabajar con personas con sobrepeso y/u obesas pues, en función de la estructura corporal que muchas de ellas presentan y debido a que dicha morfología les imposibilita el movimiento en mayor o en menor medida, los ejercicios de contracción isométrica les proporcionan una estupenda preparación muscular para un posterior entrenamiento más agresivo, al mismo tiempo que una gran estabilización articular, antes de que accedan a la cinta para caminar. De otra parte el cerebro humano, y el de todos los mamíferos, reconoce fácilmente esta clase de contracción debido a que es la primera contracción muscular que hacemos (estando en la barriga de nuestras madres), además de que los músculos de una persona obesa pasan el día realizando estas contracciones con el fin de mejorar la postura dentro de la incomodidad de su sedentarismo. Al empezar a aplicar ese tipo de entrenamiento previo, hemos visto que la musculatura de las personas que hacen parte de nuestros programas, obesidad incluida, reacciona de manera mucho más rápida. De esta manera, para la segunda fase del entrenamiento, que estará compuesto de mucha alostasis (proceso de mantenimiento de la estabilidad a través del cambio activo, previsible o imprevisible), el cerebro ya habrá preparado la musculatura y los órganos internos de una manera más equilibrada, estando el organismo bastante mejor preparado para las respuestas a los estímulos proporcionados por el ejercicio físico. En la segunda parte del programa, formado por ejercicio aeróbico (caminar en la cinta, bici estática, etc.), acompañado de ejercicios de fuerza, las personas responden muy bien al entrenamiento y con menor dificultad para moverse, cosa que no pasaba antes de que empezáramos con la aplicación de los isométricos, a la vez que hay un mayor control en las funciones cardíacas. Al trabajar de manera estática y con la resistencia del propio cuerpo, el cerebro interpreta que debe buscar la homeostasis muscular de manera acelerada con el fin de proteger tanto la integridad del organismo, como de los músculos y articulaciones. Hemos podido constatar que la recuperación muscular se produce de manera mucho más rápida. Los músculos representan el 40% o 50% del peso corporal de una persona adulta; si la musculatura va acompañada de una gran cantidad de grasa, la persona obesa padecerá muchas limitaciones, tanto a nivel muscular como orgánicamente.
La función fundamental del músculo es transformar energía química en mecánica para generar fuerza y movimiento. Teniendo en cuenta lo argumentado en el párrafo anterior, lo más inteligente en programas de ejercicio físico específicos para la obesidad, es realizar una preparación antes de aplicar los ejercicios más intensos.

La homeostasis es la capacidad que tiene el cuerpo de mantenerse parcialmente estable, aunque siempre esté sujeto a cambios radicales, y con frecuencia. Como un ejemplo, imaginemos que duermes plácidamente en un sueño muy profundo, y de repente te despiertas y en seguida te pones de pie apoyando sólo una de las piernas en el suelo. Lo más seguro es que pierdas el equilibrio y que te vayas al suelo. El desequilibrio y la falta de fuerza en una situación parecida, ocurren debido a que no se ha podido alcanzar la homeostasis muscular ya que todas las funciones orgánicas en este momento están calculadas y programadas para el descanso dentro de un estado basal, y al no dar tiempo a que el cerebro recalcule y reprograme sus funciones reenviando la información correcta a los órganos y músculos, éstos responderán de manera desordenada.
El ritmo cardíaco,  la temperatura corporal, y el volumen de sangre son algunos pocos ejemplos de los cientos de situaciones que el cuerpo tiene que regular para mantener un balance homeostático. Toda enfermedad puede tener una relación directa con un desequilibrio homeostático.
Todos los sistemas orgánicos del cuerpo contribuyen a la homeostasis, pero el cardiovascular, el corazón y los vasos sanguíneos, son especialmente importantes. El cerebro es el centro de control de todos los procesos homeostáticos del cuerpo. Si el sistema cardiovascular falla en proporcionarle oxígeno al cerebro, el cuerpo no puede mantener la homeostasis. Dentro de la práctica del ejercicio físico el sistema cardiovascular ayuda a mantener la homeostasis aportando continuamente oxígeno y glucosa al sistema nervioso central, al cerebro y a la espina dorsal,  para que el organismo pueda aguantar el entrenamiento, al mismo tiempo que  eliminar los radicales libres. Al aplicar ejercicio físico para tratar o ayudar a tratar enfermedades, o para las más distintas poblaciones especiales, hemos de tener en cuenta que hasta que consigamos una estabilización orgánica, podrán suceder las reacciones más dispares, máxime si se aplica un entrenamiento demasiado intenso y no adaptado a la capacidad física de la persona en cuestión. De ahí, uno de los motivos que prueban la importancia de buscar un equilibrio muscular y orgánico antes de la aplicación de programas de entrenamiento para la obesidad y, en general,  para las demás enfermedades.

No es lo mismo aplicar ejercicio físico a una persona sana que a una enferma.
El cerebro de una persona que está enferma funciona de una manera totalmente diferente al de una persona físicamente sana. No me canso de decir que hemos de ver el cuerpo humano desde dentro hacia fuera. Los efectos de una enfermedad van mucho más allá del daño aparente que ésta presenta en el momento de tratarla. Es de suma importancia dar una especial atención a las emociones de las personas, ya sea dentro de un tratamiento vía ejercicio físico, o bien dentro de un tratamiento médico en un hospital. Las emociones juegan un papel fundamental en la recuperación de los pacientes, independientemente de la enfermedad, justamente porque la enfermedad está directamente asociada al estrés, al miedo, y en algunos casos a la memoria emocional. Dicho esto, al aplicar ejercicio físico en poblaciones especiales, algo muy importante a  tener en cuenta es que los resultados del entrenamiento sólo empezarán a aparecer una vez que se consiga una homeostasis, y dicha homeostasis será capaz de inhibir la ACTH y la liberación del Cortisol (hormona del estrés). Éstos últimos son capaces de inhibir por completo el sistema inmunológico.
En la mayor parte de los casos prácticos, los trabajos físicos direccionados a las enfermedades son desarrollados dentro de un marco alostático; en otras palabras,  gran parte de los  entrenamientos para poblaciones especiales y enfermedades, han conseguido lograr la estabilidad orgánica de sus pacientes o clientes mediante un entrenamiento físico por medio de la alostasis, y este hecho hace que los resultados del tratamiento puedan retrasarse. Ello explica por qué en el caso de algunas enfermedades como la obesidad, muchas son las personas que no consiguen sobrellevar los entrenamientos con el fin de bajar de peso y de mejorar su calidad de vida, abandonando el programa de ejercicio físico e incluso su dieta en los primeros meses.
En el caso de la obesidad, el factor emocional, el neurofisiológico, y la individualidad, son líneas fundamentales que en muchos casos, por infelicidad, no se están teniendo en cuenta.  
Ha sido probado científicamente que las mujeres tienen mejor desarrollada la utilización de las emociones, mientras que los hombres nos  centramos en tareas más específicas. La mayor parte de los hombres tienen mayor dificultad en comprender las emociones no verbalizadas. Los hombres tienden a procesar mejor con el hemisferio izquierdo del cerebro, mientras que las mujeres lo hacen con los dos por igual. Eso explica por qué las mujeres tienden a solventar los problemas de una manera más creativa, son más flexibles y más consecuentes con los sentimientos. De otra parte, se ha descubierto que el lóbulo parietal inferior (IPL) es mucho mayor en los hombres que en las mujeres en el lado izquierdo. Es la zona en la que se encuentra el cerebro racional, que procesa la orientación sensorial, realiza los cálculos matemáticos, etc. El cerebro racional corresponde a la corteza cerebral, que desarrolla las funciones intelectuales. Se encarga del análisis racional. Al mismo tiempo, las mujeres tienen el lado derecho más grande, lo que les faculta a tener mejor desarrollados los estímulos emocionales. Es la zona donde se encuentra el cerebro primitivo. El cerebro primitivo controla las zonas mediadoras de las emociones, el estado anímico, la generación del instinto de supervivencia, la regulación corporal, etc. Es el área de las funciones vitales. Este desarrollo cognitivo derecho les juega un mala pasada cuando padecen alguna enfermedad, la obesidad una de ellas, pues las emociones dentro de una enfermedad son capaces de producir ansiedad, depresión, y de anular por completo el sistema inmune como ya he indicado anteriormente. En la existencia de la depresión dentro de la obesidad, la amígdala aumenta su tamaño y es justo en esta zona donde se encuentran las expresiones de miedo y de la ansiedad. La gran diferencia entre el número de casos de depresión y de ansiedad que encontramos en mujeres con relación a los hombres en enfermedades como la obesidad, nos hace pensar que este hecho está directamente relacionado con la anatomía del cerebro femenino.

    






jueves, 31 de octubre de 2013

LOS CAMBIOS QUÍMICOS DEL CEREBRO EN EL EJERCICIO FÍSICO Y EL HIPOTIROIDISMO

Cuando se habla de actividad física se suele enfocar el tema hacia el rendimiento físico, las nuevas técnicas de trabajo, la manera más efectiva de conseguir los mejores resultados, etc.; pero nada de esto sería posible de no ser por el maravilloso trabajo de nuestro cerebro. La práctica del ejercicio físico es capaz de proporcionar importantes cambios químicos en nuestro cerebro, facilitando una significativa mejoría en nuestro estilo de vida y, en consecuencia, en nuestra salud. Al empezar la práctica del ejercicio físico la circulación de la sangre aumenta de velocidad, alterando así el metabolismo. El cerebro va tomando medidas de acuerdo con la subida de presión de sangre en el corazón. Ésta es una situación de estrés que es solventada con la liberación de una proteína llamada BDNF(factor neurotrófico derivado del cerebro). El BDNF contiene elementos reparadores y a la vez protectores para las neuronas, sobre todo las encargadas de la memoria, y actúa como una llave de reinicio.

Es una respuesta al estrés desde un punto de vista molecular.

Por este motivo después de la actividad física nos sentimos tan a gusto, además de tener las respuestas para muchos problemas que nos atormentaban antes de empezar la sesión de ejercicios. A su vez, otras sustancia químicas son liberadas: las endorfinas, que son de suma importancia en el combate del estrés. Las endorfinas tienen como uno de sus objetivos principales bloquear el dolor mientras se practica ejercicio físico. Es muy interesante saber que estas  sustancias que  libera el cerebro son muy adictivas, así que tanto las endorfinas como el BDNF nos pueden viciar a la actividad física, cosa que no está mal siempre y cuando la práctica deportiva se haga de una manera equilibrada , con mesura,  y siguiendo  una alimentación balanceada.  La actividad física juega un papel fundamental en el rol de las enfermedades, pues es capaz de estimular el cerebro de manera que se haga posible el cambio de la naturaleza de las células, sobre todo por vía del gran flujo de oxígeno que pasa a circular por las arterias con la práctica del ejercicio físico. Eso promueve un ambiente totalmente alcalino en el organismo, haciendo mucho más difícil la propagación de muchas enfermedades, y facilitando la recuperación de muchas otras.
En el caso de las personas que tienen problemas de sobrepeso, practicar actividad física no sólo les ayudará a controlar su peso por medio de la pérdida de calorías promovida por el ejercicio físico, como también les suministrará un importante cambio en la química de su cerebro. La disminución del hambre es un hecho que ocurre al entrenar físicamente. Cuando el hipotálamo percibe que se han consumido hidratos de carbonos, el cerebro produce serotonina, y esta sustancia se encarga de avisar al organismo de que tal consumo es suficiente. Desafortunadamente este sistema se puede ver alterado de una manera muy drástica por varios factores, principalmente en los individuos con problemas importantes, como por ejemplo el de tiroides.
Si el metabolismo del individuo es muy lento para el apetito marcado por el cerebro, y si además la persona en cuestión come demasiado rápido, la glándula  tiroides mandará un mensaje que hará que el metabolismo disminuya la velocidad de funcionamiento, haciendo que lo que sería una cantidad adecuada de comida, pase a ser una cantidad que exceda los niveles de dicho metabolismo, teniendo como resultando un aumento de peso. El estrés también es un factor clave que se interpone en el camino del buen  funcionamiento de los neurotransmisores, haciendo que éstos  faciliten la disminución de la producción de serotonina. Es fundamental que los niveles de serotonina se mantengan equilibrados, pues esta sustancia es una de los principales combatientes de la depresión, y ésta debe de ser combatida, a ser posible, sin la utilización de antidepresivos.

La glándula tiroides regula el metabolismo del cuerpo, es productora de proteínas, y regula la sensibilidad del cuerpo hacia otras hormonas.

En los casos de hipotiroidismo, es más común de lo que imaginamos ver pacientes que no consigan volver a su peso ideal, y es fundamental enfocar la  atención a dos factores: en primer lugar mantener una alimentación adecuada y balanceada, baja en grasas y en hidratos de carbono (consumir menos energía de la que se gastará); y en segundo  lugar, mantener un buen programa de entrenamiento físico con un enfoque en la reducción de peso. En casos como éstos es fundamental mantener un balance metabólico muy equilibrado.
Las hormonas tiroideas son secretadas por la glándula tiroidea, y éstas controlan la velocidad de las funciones químicas del cuerpo, la velocidad metabólica. Las hormonas tiroideas tienen dos efectos importantes sobre el metabolismo: estimular a casi todos los tejidos del cuerpo, y aumentar la cantidad de oxígeno utilizado por las células. El retraso o la detención del crecimiento sería un hecho real en la ausencia de las hormonas tiroideas. En algunos casos de hipotiroidismo, el consumo de una dieta alta en hidratos de carbono puede ocasionar una condición llamada “Resistencia a la Insulina”, cosa que no ocurre en todos los casos de hipotiroidismo. La resistencia a la insulina hace que las células no respondan correctamente a la absorción de insulina. Por ese motivo, el cuerpo tiene que aumentar la producción de insulina para mantener los niveles óptimos de glucosa en sangre. Al pasar esto, la insulina se queda  en la sangre en concentraciones mayores a las normales, lo que se denomina Hiperinsulinemia.

Cuando los niveles de insulina en sangre son altos la sensación de hambre es mayor, y en algunos casos exageradamente anormales.

Al existir altos niveles de insulina en sangre, la asimilación de azúcar se dificulta, y las células se dedican a acumular grasa en lugar de procesar el azúcar para la producción de energía. Todo este proceso hace que sea bastante más difícil bajar de peso. Más que la dificultad en bajar de peso, la resistencia a la insulina y la hiperinsulinemia normalmente surgen al mismo tiempo, y son antecesores de la diabetes, de problemas de presión arterial, cardiacos, y de altos niveles de colesterol.
Es muy importante tener en cuenta que en estos casos una dieta baja en grasas,  hidratos, y rigurosamente controlada, junto con un buen programa de entrenamiento físico, será uno de los mejores tratamientos; pero es fundamental tener paciencia, pues los resultados sólo empezarán a aparecer una vez que el metabolismo se adapte a la nueva situación. La práctica del ejercicio físico es capaz de cambiar la homeostasis de las células, alterando así nuestros hábitos orgánicos.  






                                                                                                                                   
Cumplimos 2 años de blog, así que durante este mes podréis hacer sugerencias de temas a tratar. Los podéis sugerir aquí mismo, en los comentarios del artículo, o en mi página de Facebook (Prof.Dr.Sergio Simphronio).









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martes, 3 de julio de 2012

LA OBESIDAD EN LOS NIÑOS


La obesidad es un gran problema de salud. La idea de que la grasa en los niños es sinónimo de salud o de que con la edad se les reducirá el peso es totalmente irreal, además de carecer de sentido común. Es importante que desde los primeros meses de vida los niños adquieran buenas costumbres alimenticias. En un 50 % de los casos, la edad de aparición de la obesidad se produce antes de los dos años; los demás casos se observan en épocas de mayor crecimiento, como la pubertad y la adolescencia.
La obesidad está asociada a más de 300 mil muertes al año. Un 80 % de los adolescentes obesos seguirán siéndolo en la edad adulta, menos de un 5 % de los adultos que pierden peso son capaces de mantenerse en su peso ideal durante cinco años después del tratamiento y  un 6 % recupera el peso perdido en los primeros seis a doce meses. La obesidad contribuye entre otras causas a aumentar la mortalidad por enfermedades cardiovasculares, y a la aparición de la diabetes mellitus, de alteraciones esqueléticas, hipertensión arterial, hipercolesterolemia, e inadaptación psicosocial.
La palabra obesidad viene del latín, “obesus” que quiere decir “persona que tiene grasa en abundancia”. Ésta se caracteriza por la acumulación  y almacenamiento excesivo de grasa, principalmente en el tejido adiposo. Se manifiesta por un aumento de peso por encima del 20 % del peso ideal esperado por la edad, altura o sexo. No es una manera exacta para calcular el peso, pero es práctica. Se utiliza  de los dos años de edad hasta los cinco. Se hace multiplicando la edad en años por dos más ocho (niño de tres años: 3 x 2 + 8 = 14kg). Al analizar la obesidad en niños y adolescentes, siempre debemos hacer  las comparaciones  de una manera meticulosa. En la mayor parte de los casos, las personas involucradas, padres y niño están más preocupados con los problemas  sociales que esta enfermedad origina, que por las alteraciones y desórdenes metabólicos que  puede ocasionar.
Una complicada interacción entre factores genéticos, psicológicos, ambientales, y socioeconómicos es el resultado de la obesidad en la infancia y en la adolescencia.  El ambiente en que se desarrollan y el estado de salud juegan un importante papel en el origen de la obesidad. Algunos factores  facilitan  que un niño se convierta en un obeso: padres gordos e inadecuados hábitos de alimentación en familia. Con mayor frecuencia ocurre cuando  la madre es obesa por el motivo de pasar mayor parte del tiempo con el niño.  Actitudes sedentarias como comer golosinas en frente al televisor, en el coche, etc.
El mito de que el lactante obeso es sinónimo de salud es de todo falso. Inicialmente el aumento de peso es paulatino y  progresivo, sus padres se alegran de ver su hijo sano, acto seguido  rechoncho y por último gordo cuando ya sobrepasó el 20 por ciento de su peso ideal.
Cuando la madre alimenta el niño respondiendo a demandas que no son nutricionales, como  ternura, enfado o  miedo, el niño no podrá diferenciar lo que es el hambre de estar molesto. Eso provocará una sobrealimentación.
En el caso de padres que son obesos, estos deben modificar los hábitos nutricionales de la familia, y deben vigilar muy de cerca la alimentación de sus hijos.
Alimentar a los niños adecuadamente desde su nacimiento y durante los primeros años de vida, es la mejor manera de impedir  la obesidad en la niñez. Desde los primeros años de vida: se identifican los sabores, se conocen los alimentos, sus texturas, se adquieren los hábitos de alimentación, se marcan los gustos y las preferencias por los alimentos.
Si sospecha que su hijo padece de sobrepeso, debe consultar al médico lo más rápido posible. En el caso de que sea así, se pueden plantear algunos cambios desde el sentido común: cambiar los hábitos  alimentarios del niño y de la familia,  proporcionarle una dieta adecuada para su etapa de crecimiento y desarrollo, practicar ejercicio y actividad física de una manera rutinaria, la participación activa de los padres y la familia.
El hábito de hacer ejercicio  contribuye al gasto energético y favorece la bajada de peso. Si el niño o adolescente se encuentran en esta situación, la actividad física es condición fundamental para su recuperación. Se recomienda que estas actividades sean desarrolladas con profesionales especializados y de preferencia  junto al entorno familiar, con una frecuencia de 3 a 5 días por semana. Inicialmente con una duración de 15 minutos e incrementando hasta 1 hora. Actividades como la natación, el ciclismo o spinning, clases de gimnasia, etc. O algún deporte que le interese al niño como el básquet, el fútbol, patinar, etc. Cualquiera que sea la actividad, ésta debe ser aplicada por el profesional de una manera controlada. La actividad física diaria en casa también es de suma importancia: utilizar las escaleras a cambio del ascensor, disminuir las actividades sedentarias como ver televisión, el ordenador, el videojuego. No regalar  juguetes que  limiten el ejercicio como las motos eléctricas, coches eléctricos o aquellos juguetes que no proporcionen la movilidad oportuna. Es interesante estimular el movimiento desde las primeras edades.  
La participación de los padres es fundamental. Es muy importante modificar las costumbres alimenticias de toda la familia, evitar la compra de alimentos que el niño no deba consumir, ofrecerle porciones pequeñas y de preferencia utilizar platos pequeños, predicar con el ejemplo y mantener los alimentos fuera del radio de visión de los peques.
Premiar a los niños con pasteles, dulces, chocolatinas, helados, golosinas, es una manera de condicionar indirectamente  a este niño a la obesidad. En la construcción de buenos hábitos, se destacan estar junto al niño hasta que termine de comer, poner límites y compartir los alimentos en familia. A partir de la edad escolar es importante hacer que el crío se responsabilice de las recomendaciones de la dieta prescrita por los profesionales, pero siempre bajo la supervisión de los padres.








martes, 10 de abril de 2012

LA OPERACIÓN BIQUINI

Todas las primaveras oímos a cantidad de personas decir que se pondrán las pilas y se apuntarán a los gimnasios para bajar de peso con el objetivo de lucir su cuerpo dentro del bañador o del biquini de cara al verano. Algunos con muchos kilitos por encima del peso ideal y otros no tanto. Una vez en el gimnasio, la mayor parte de estas personas procuran  hacer más de una clase al día, siendo una de ellas de spinning por ejemplo, al  igual que afrontan con coraje los entrenamientos en la sala de pesas. En muchos casos se tiran diariamente  media o una hora de bici estática  aparte de los trabajos anteriormente mencionados.
¿Si ya habían hecho 45 minutos de  spinning porque vuelven a hacer  bici estática?
Lo que está claro es que  estas personas no están muy preocupadas con  el control de su entrenamiento, sino en bajar de peso a cualquier precio y de una manera muy rápida. Lo que debe ser importante, más que la estética, es el  estado de salud  en que se encuentran.
Desafortunadamente muchas de ellas no se mueven durante todo el año como es debido, no se preocupan en practicar ninguna actividad física y lo que es peor, no se interesan en controlar su salud eludiendo los controles médicos. Estos individuos  no tienen idea de cómo se encuentran  por dentro. Muchos de ellos pueden padecer  importantes  problemas de salud y no lo saben. La mayor parte de la gente  piensa  que la poca edad o la juventud son  factores  que imposibilitan  la aparición de enfermedades. ¡Tremendo error! Un joven puede ser un cardíaco, o jóvenes aparentemente sanos pueden ser portadores de significativas  enfermedades o anomalías  y no saberlo. Como norma general, cuando esas personas se apuntan al gimnasio,  quieren resultados muy, pero que muy rápidos, principalmente cuando  empiezan  la actividad física enfocándola a conseguir esos resultados de cara al incipiente  verano. Dentro de este proceso, se amparan en una dieta radical  descontrolada, habitualmente  basada  en  las lechugas  y en  alimentos de bajísimas  calorías que no suplirán las necesidades de este individuo, principalmente por haber  más gasto energético debido a los entrenamientos. La pregunta del millón es: cómo es posible estar varios meses del año dando al cuerpo  comidas  opíparas  en cantidades excesivas,  variedades y calorías, además de hacer que  el metabolismo  esté acostumbrado a trabajar a un  ritmo lento sobre todo por la ausencia de actividad física,  y de la noche a la mañana  interrumpir  todo ese proceso cambiando drásticamente su estilo de vida. No es positivo que  una persona, de golpe y porrazo, decida de una manera abrupta romper con su esquema estructural de vida y cambiar radicalmente las líneas fisiológicas y metabólicas a las que su organismo está acostumbrado.
Otra de las cosas negativas de todo este asunto es que estas personas, al término del verano en general  vuelven a la vida que tenían antes, cambiando otra vez y de una manera radical su estilo de vida. Después de tres o cuatro meses de haber empezado el estricto proceso de entrenamiento y dieta, lo dejan y  vuelven a la inactividad,  ingiriendo  alimentos grasos y calóricos, además del alcohol. En este momento  empieza  la fidedigna representación del tan famoso efecto acordeón. Todos los kilos anteriormente perdidos volverán con una tremenda facilidad: muchas veces se  recuperan muchos más  de los que han sido perdidos.      
Antes de la práctica de la actividad física es fundamental que las personas pasen un control médico, independientemente de la edad o del sexo. Esta preocupación debe ser intensificada  cuando se trate de sujetos que buscan entrenamiento por sólo unos pocos  meses del año. Infelizmente hay una tremenda cantidad de personas que se empeñan en mantener ese curioso comportamiento.
El objetivo de estos individuos  no  es más que tener algo de estética corporal en las épocas del año donde se utilizan poca ropa o ropas leves debido a la llegada del verano. Muchas de estas personas no se preocupan en hacer nada respecto a su salud durante el invierno o en los meses más fríos. En muchos casos se pasan con las comidas, con las bebidas, y con los dulces siendo algunas de ellas  incluso fumadores. La mayor parte de estas personas son sedentarias y reacias al ejercicio. Poner un chándal para salir a caminar les representa un tremendo esfuerzo y en muchos  otros casos, salir a pasear con su perro les supone una penitencia. Su metabolismo está adaptado a la vida inactiva.
Cuanto mayor la cantidad de cambios proporcionados al organismo, mayor será la probabilidad de que se produzcan desequilibrios en el mismo. Por ese motivo siempre se recomienda entrenar durante todo el año y mantener una dieta equilibrada.
El cuerpo siempre busca la manera más eficiente de mantener la buena salud. Nuestro comportamiento del día a día reflejará  de una manera decisiva cómo funcionará  nuestro organismo. Los cambios radicales que uno proporciona a su cuerpo, a su estilo de vida, o a su salud, no son interesantes para nuestra calidad de vida. Estos cambios  deben ser hechos con cautela, inteligencia, sentido común y conocimiento. Más que plantear la dieta del biquini o del bañador, uno debería fijarse en  mejorar su calidad de vida en general  aplicando  las buenas costumbres, pero dando el tiempo apropiado al organismo para que tenga una eficiente  adaptación  a los cambios ofrecidos.
No me canso de decir que las cosas deben ser hechas con cabeza, inteligencia y paciencia. Cuando no dominamos algún  tema  debemos buscar ayuda. Es un verdadero peligro hacer las cosas de oídas. Nunca debemos utilizar la  información  de los demás referentes a la salud. Lo que  sirve  para otras personas puede que no sea lo ideal para nosotros, principalmente si  dicha  información no tiene un  fundamento científico.  En los temas que involucran  dieta, entrenamiento  y  reducción de peso, lo ideal es siempre hablar con especialistas. Las personas no son conscientes de los peligros  que entraña empezar  programas desequilibrados para bajar de peso. La sensatez es una  de las cosas más importantes en lo que se refiere a la salud. Es esencial  mantener un buen equilibrio en el estilo de vida; seguir  una dieta equilibrada y practicar actividad física es una de  las mejores  medicinas de  prevención que uno puede tener. Este es uno de los pilares básicos  de la buena salud. Con velocidad, nervios y desesperación no se consigue nada bueno.