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jueves, 2 de octubre de 2014

DEBEMOS INVERTIR MÁS EN EJERCICIO FÍSICO


Mantener una vida activa equivale a  tener la llave para fomentar una existencia libre de problemas de salud y con buena calidad. Por desconocimiento o no, muchas personas todavía no se han percatado de la importancia de no ser sedentario; gran parte de las enfermedades existen porque las fomentamos nosotros mismos con nuestras acciones. El ejercicio físico y la alimentación equilibrada juegan un papel fundamental en la consecución de una vida sana. Nuestro cuerpo es capaz de facilitar todos los caminos para la obtención de la salud. Por infelicidad, muchas personas aún están en la inopia, pues quieren tener grandes resultados físicos sin esfuerzo, y buscan las más dispares posibilidades para no tener que sudar ni moverse. Mucha es la gente que está pagando grandes sumas de dinero en productos y las más diferentes técnicas, la mayoría con fines estéticos. La X de la cuestión es que en el mundo existen muchas personas que están enfermas y que no lo saben, y muchas otras que lo estarán en un corto espacio de tiempo, pero que posen una apariencia inmejorable debido a que cuidan mucho  su estética. Enfermedades como la hipertensión, el estrés, la diabetes, etc.,  no suelen presentar mudanzas físicas evidentes, además de ser muy silenciosas, pudiendo  llegar a ser muy dañinas en ausencia de cuidados. Además, la mayor parte de las investigaciones sobre las enfermedades se direccionan a la búsqueda de su cura  siempre por vía de los tratamientos  farmacológicos. Se invierte una absurda cantidad de dinero en investigaciones,  muchas de las cuales  intentan obtener fármacos que simulen los efectos beneficiosos del ejercicio físico en el organismo, como es el caso de algunas investigaciones actuales sobre diabetes tipo 2.
En presencia de la diabetes tipo 2, el hígado, la grasa y las células musculares no responden de manera óptima a la insulina, hecho que llamamos “resistencia a la insulina”. Como resultado, el azúcar de la sangre no consigue entrar en las células con el fin de ser almacenado como fuente de energía. Cuando ello ocurre, se acumulan niveles anormalmente altos de azúcar en la sangre, lo que se denomina hiperglucemia. Por lo general, la diabetes tipo 2 se desarrolla lentamente y en silencio. Gran parte de las personas que la padecen tienen sobrepeso, y el aumento de la grasa dificulta al cuerpo el uso de la insulina de la manera correcta. La diabetes tipo 2 también puede presentarse en personas delgadas y es más común en los ancianos.
Con la práctica de la actividad física, la enzima  AMPK estimula el consumo de glucosa por parte del músculo. Esto es importante porque el aumento de dicho consumo por los músculos es uno de los efectos protectores del ejercicio, principalmente para las personas con diabetes de tipo 2, que tienen un elevado nivel de glucosa en la sangre. El ejercicio físico es perfecto para controlar estos niveles, tanto de azúcar, como de colesterol y la presión arterial. Las personas que hacen ejercicio físico de manera  regular pueden reducir a la mitad el riesgo de desarrollar alguna enfermedad. Infelizmente, el porcentaje de personas que se ejercitan es muy pequeño.  
¿No sería más barato educar a la gente sobre la importancia de la práctica regular de la actividad física y facilitar el acceso de las personas a los centros deportivos que destinar miles de millones para crear fármacos que imiten sus beneficios? Una buena medida en España, por ejemplo, sería la reducción del IVA actual del 21% que soportan las instalaciones deportivas, y  establecer bonificaciones fiscales para las personas que practican actividad física en una instalación, y que serviría como un incentivo para reducir el sedentarismo en la población general.

Vivimos en un entorno tremendamente hostil para la salud. La proliferación de los “fast food”, las grasas polisaturadas, el excesivo consumo de azúcar, de sal,  los refrescos, el ingente consumo de carne roja, la harina refinada, la combinación de la harina refinada con el azúcar, el alcohol, el tabaco u otras  drogas, la contaminación ambiental, la contaminación acústica, el estrés, el sedentarismo, la contaminación del agua, etc.  En la existencia de una enfermedad, curarse vía fármacos no es suficiente, pues si la persona sigue teniendo los mismos hábitos perjudiciales que le llevaron a ponerse enferma, es casi que seguro que con el tiempo volverá a tener recaídas o se fomentará la aparición de otras enfermedades. De todos los fármacos conocidos hasta el momento, el ejercicio físico, combinado o no con los fármacos químicos, es la única vía capaz de tratar y de fomentar  cambios reales, mismo en presencia de dicho ambiente hostil en que vivimos.
Sería interesante que los gobiernos invirtieran las mismas cantidades de dinero que se gastan en investigar fármacos químicos en educar las personas sobre la importancia de moverse, en programas de incentivo para la práctica de actividad física y en concienciar sobre la necesidad de tener una alimentación sana. Con la educación podríamos tener resultados bastante más efectivos tanto en la prevención  como en la cura de las patologías. Al encarar las enfermedades desde diferentes puntos de vista ganamos todos y,  sobre todo, nos damos cuenta de que la prevención es uno de los pilares fundamentales para la lucha contra  la mayoría de las enfermedades. Las respuestas metabólicas del ejercicio físico son fundamentales para el mantenimiento de la buena salud. Esa máquina tan maravillosa que es el cuerpo humano necesita moverse y, además, también necesita ser bien gestionada, así que cuanto mayor es el control que tengamos sobre nuestro cuerpo, mejores serán las posibilidades de tener una vida con más calidad y libre de enfermedades.
El ejercicio físico es un fármaco tan potente que es capaz de curar enfermedades y de prevenirlas, además de evitar las recaídas de las mismas. Dentro de la práctica del ejercicio físico, el sistema cardiovascular favorece el transporte de hormonas, nutrientes y oxígeno al organismo para que pueda aguantar el entrenamiento, al mismo tiempo que elimina del cuerpo los deshechos. Las hormonas como la epinefrina, el  glucagón, el cortisol, las tiroideas y la hormona del crecimiento, desarrollan una interesante situación metabólica para mantener el ejercicio físico en el marco de la homeostasis corporal (estabilización del cuerpo en los procesos fisiológicos).
El sudor producido por la actividad física facilita la eliminación de las toxinas y  al mismo tiempo controla la temperatura del cuerpo,  eliminando  el  exceso de calor. Éste es uno de los  motivos por lo que es importante sudar, al contrario de lo que piensan muchas personas a las que no les gusta practicar actividad física porque no quieren sudar.
El ejercicio físico dentro de las enfermedades es capaz de eliminar el estrés, que es uno de los “grandes villanos” dentro del proceso patológico. El sistema inmunitario utiliza muchísima energía: cuando estamos enfermos, nos sentimos muy cansados porque nuestras energías están siendo  utilizadas por el sistema inmunitario. Las hormonas del estrés inutilizan todo aquello que utiliza energía dentro del organismo. Cuando una  persona está bajo estrés, las células dejan de regenerarse. A cada tres días el sistema digestivo renueva sus células, pero en presencia de estrés, éste interfiere en ese crecimiento. Cuando hay estrés, el sistema inmunitario se apaga. De ser así, el organismo estará expuesto a otras enfermedades. El estrés es mucho más serio de lo que mucha gente piensa; ésta enfermedad es muy dañina, tanto presentándose sola, como acompañando a otras patologías. La única manera de erradicar el estrés de nuestras vidas es practicar ejercicio físico regular  y cambiar de estilo de vida adoptando mejores hábitos. 
  
Mismo dentro del proceso de una enfermedad, nuestro cuerpo sigue desarrollando una frenética actividad. Al caminar, por ejemplo, solicitamos 200 músculos diferentes; para conducir un coche, 100 músculos; levantar una taza de café, 70 músculos. Los músculos de la parte posterior de las piernas, que son los más voluminosos, requieren las órdenes de  500 nervios; son los músculos de mayor tracción. Lo que es realmente interesante no es la manera en que controlamos los músculos grandes, sino cómo  controlamos los pequeños. Los músculos más complejos, como es el caso  de los de las manos, necesitan de 4.000 nervios para el control de sus movimientos [1]. Cada mano cuenta con 27 huesos, 39 diferentes músculos y más de 1.600 kilómetros de fibras nerviosas y vasos sanguíneos. La coordinación de ese trabajo supone una gran labor por parte del cerebro: el hecho de controlar nuestras manos ocupa casi la mitad de la parte de nuestro cerebro destinada al control del movimiento. La práctica del ejercicio físico proporciona mucho trabajo al cerebro haciendo que éste esté muy ocupado gestionando una gran cantidad de estímulos. Y ese hecho proporciona la inhibición de la hormona del estrés.
Para desenvolver toda esa actividad, el cuerpo necesita  mucha energía. Por ello,  el sistema inmunitario siempre debe  estar protegido, y la mejor manera de hacerlo es a través de la práctica regular de la actividad física, aunque sea dentro de una enfermedad.
Cuando una persona está bajo mucho estrés,  enferma. Al debilitar el  sistema  inmunitario, las células malas  proliferan y las enfermedades se expanden. Ése es uno de los motivos por los cuales  algunos tratamientos con fármacos no funcionan o tardan mucho más tiempo en hacer efecto. Ese estrés se asocia al miedo, a las emociones, y a las enfermedades que se están tratando. Los tratamientos farmacológicos son de suma importancia en muchos casos, pero es fundamental informar a las personas de que el cuerpo humano está diseñado para moverse, así que es muy importante mantener una vida activa mismo dentro de una enfermedad, pues hacer ejercicio controlado  podrá acelerar el proceso de recuperación de una patología debido a que éste inhibe la liberación del ACTH (hormona del estrés), evitando la aparición de estrés.
Enfocar la vida de una manera sana es la forma más eficaz de ayudar a nuestro organismo a  realizar sus funciones vitales y  mecánicas. Practicar actividad física y mantener una dieta equilibrada y ecuánime al entrenamiento físico y al gasto energético, propiciará una buena salud. Cuando practicamos ejercicio físico nos sentimos más descargados de las tensiones, más animados, más tranquilos, más “limpios” por dentro.




[1] El blog del Dr Sergio Simphronio – EL MOVIMIENTOY EL APRENDIZAJE



jueves, 13 de febrero de 2014

LA EFECTIVIDAD DEL EJERCICIO FÍSICO EN EL TRATAMIENTO DE LAS ENFERMEDADES

Una de las grandes preocupaciones que tenemos los médicos es la utilización indebida de fármacos por parte de las personas que se automedican. Es un hecho que ocurre habitualmente y que parte de la sociedad ve como algo normal. Se da el caso de que un médico receta un  determinado fármaco para una situación concreta, y cuando se repite dicha situación, ya sea con la persona en cuestión o bien con algún familiar, infelizmente la automedicación es la primera opción que se contempla antes que la de consultar de nuevo al profesional sanitario. La cultura de los fármacos está muy arraigada en una gran cantidad de lugares, sobretodo en los países denominados de primer mundo. Esto es un tremendo contrasentido, puesto que los fármacos no son alimentos y deben ser tomados con mucho cuidado y conocimiento.
Más de una vez he escuchado expresiones como:”he tomado una aspirina para no sentir dolor en la clase de gimnasia”, o “cuando llegue a casa tomaré un antiinflamatorio para que mis músculos no me duelan.” La carencia de sentido común afecta a mucha gente. Las situaciones donde los fármacos deben ser utilizados de manera preventiva han de ser muy puntuales, además de que son los médicos los que tenemos que prescribir la necesidad de los mismos. De no ser así, la utilización de los fármacos de forma preventiva e/o indebida sólo propiciará problemas, muchos más de los que provocaría la propia enfermedad prevenida. Es importante recordar o informar que ninguna parte de nuestro cuerpo  trabaja de manera aislada, todo está relacionado. En presencia de alguna enfermedad, al tomar un fármaco, éste no actúa solamente en la zona donde se le requiere, sino que también interviene en  otras partes que están sanas y que no tienen nada que ver con la afectada en la anomalía fisiológica: es lo que llamamos efecto secundario.

En el caso de que uno tome una pastilla sin la necesidad de la ingesta de dicho fármaco, éste actuará de manera muy perjudicial en el organismo. Es importante recordar que los fármacos son drogas que tienen como objetivo ayudar a solventar situaciones que nuestro sistema inmunitario no consigue solucionar de una manera natural, en la mayor parte de los casos debido  a factores externos; pero antes de recurrir a los fármacos, existen otras alternativas que no son químicas y que,  en ausencia de un desequilibrio  fisiológico  más importante, pueden ser una opción bastante más interesante e inteligente.

Practicar ejercicio físico.

Desafortunadamente  hay mucha desinformación acerca de los beneficios de la práctica de la actividad física dentro de las enfermedades. Al contrario de lo que la mayor parte de las personas piensan, practicar actividad física es muy positivo dentro de un proceso de tratamiento y de recuperación de una enfermedad. Si nos enfocamos al tratamiento del cáncer,  por ejemplo. Cada día cientos de billones de células mueren y otros cientos de billones se producen y se reproducen. En medio de un tratamiento de quimioterapia, el pelo cae y es natural que ocurran problemas en la digestión debido a que el sistema digestivo normalmente renueva sus células cada 3 días y a que ese proceso es interrumpido en los casos de tratamiento de quimioterapia a causa de su agresividad. Dicha interrupción  seguirá ocurriendo hasta que la persona en cuestión se recupere. De otra parte, ante una enfermedad importante, las personas se preocupan y, en muchos casos, se estresan, desarrollan ansiedad, se entristecen, se deprimen, y todos estos síntomas que pueden o no haber sido consecuencia de la enfermedad sufrida, son muy perjudiciales, pues además de también  ser considerados enfermedad, facilitan un retraso en el proceso de recuperación en el tratamiento de la enfermedad principal que supuestamente habrá generado los desarreglos. Es importante recordar que el estrés inhibe el sistema inmunológico y hace que todo el proceso de renovación celular se bloquee. Por este motivo, el tratamiento químico de una enfermedad por medio de fármacos no se completa totalmente si concurren además  estrés, ansiedad o depresión.

En el caso del cáncer, como de cualquier otra enfermedad, la actividad física es de suma importancia no sólo para mantener o fomentar un buen estado físico, sino que es fundamental, puesto que proporciona una importante entrada de oxígeno al organismo facilitando un ambiente alcalino. Las células sanas necesitan un  entorno alcalino para vivir, al tiempo que las células malas precisan un ambiente ácido. Las células cancerígenas necesitan  acidez para vivir, y estando en un ambiente alcalino con la presencia de oxígeno mueren. Para conseguir una situación alcalina en el organismo es fundamental practicar ejercicio físico,  de preferencia aeróbico, y mantener una alimentación sana con predominancia de alimentos antioxidantes, y no ingerir los alimentos que puedan fomentar una situación de acidez en el organismo. Esta máxima no debe de ser aplicada sólo en los casos de cáncer.
Tanto en casos de tratamiento de las más distintas enfermedades como en los de recuperación de las mismas, es interesante intentar mantener una disciplina de actividad física, mismo que la resistencia física esté bajo mínimos, pues fomentar la entrada de oxígeno al organismo es de extremada  importancia para la recuperación de la salud, máxime si el tratamiento está basado en los fármacos.
Existen aspectos que son muy relevantes, principalmente cuando fomentamos cambios metabólicos importantes como por ejemplo los que ocurren cuando  practicamos  ejercicio físico. El ejercicio físico es un antioxidante natural al igual que el sueño (dormir).  Tal es la importancia de ambos, que son capaces de reponer el ADN celular, mejorar el sistema inmunológico y producir una notable  mejoría en nuestra salud. Los antioxidantes  son como “recogedores de basura” que se encargan de eliminar los radicales libres de nuestro organismo. Al mismo tiempo, también existen los antioxidantes exógenos,  que podemos encontrar en algunos alimentos que ingerimos. En las verduras y frutas se denominan “Fitoquímicos”.(1) También es importante recordar que una vez que el organismo metaboliza un determinado fármaco, al igual que los alimentos, el cuerpo utiliza lo que necesita, y aquello que no precisa lo descarta, que muchas veces son grandes cantidades de sustancias químicas, y  esas sustancias pasan a ser algo dañino para nuestra salud (efecto secundario). Éste es otro de los motivos por los cuales se debe practicar ejercicio físico durante  el tratamiento de enfermedades, aunque exista la necesidad de medicación. Por los motivos anteriormente citados, la actividad física servirá como antioxidante acelerando el metabolismo y ayudando a eliminar el fármaco excedente, además de fomentar un ambiente alcalino en el  organismo, de estimular la liberación de oxitocina, serotonina, de dopamina, inhibirá la liberación de la ACTH( hormona del estrés), y eliminará cualquier posibilidad de  que la persona se deprima debido a la enfermedad. El ejercicio físico actúa directamente en las células evitando “que se pongan enfermas”. En estos casos, si se añade una buena ingesta de agua y una dieta adaptada a la enfermedad que se padece proporcionada por los profesionales sanitarios, la recuperación será mucho  más rápida. Muchos hospitales en el mundo ya están implantando la actividad física como terapia. Uno de los pioneros fue el Instituto Curie de Paris, que en el tratamiento del cáncer de mama aplica programas de clases de step a sus pacientes post tratamiento de cáncer con el objetivo de evitar recaídas en la enfermedad, y los resultados están siendo geniales.  
De igual manera, es fundamental que seamos conscientes de que algunos alimentos también son muy dañinos para nuestra salud; pero al igual que ocurre con el alcohol, el tabaco y las demás drogas, y aun siendo conscientes de ello, muchas personas  sucumben a la adicción a dichos alimentos. Es el caso de la “comida rápida”, las frituras, los dulces, los refrescos, el azúcar, la sal, el café, etc. Todos estos alimentos y algunos otros, además de fomentar la aparición  de muchas enfermedades, propician un ambiente muy ácido en el organismo.
 
Las células cancerígenas son anaeróbicas y no pueden sobrevivir en presencia de altos niveles de oxígeno, pero sí sobreviven en ausencia de éste y ante la presencia de glucosa. (2)

Quiero centrarme en el azúcar.

El azúcar no tiene ningún valor nutricional y se la considera claramente nociva para la salud. Es un veneno para el metabolismo, además de ser altamente adictivo. En el siglo XIX, el consumo de azúcar en Estados Unidos  era en torno de 4,5 kg. por año y por persona. En esa misma época casi no se consumía  harina y no existían las comodidades que hoy existen, así que de una manera general, las personas se movían mucho más que en los días de hoy. En  2009 en este mismo país, las personas consumían una media de 64kg. de azúcar por año y persona. Además en los días de hoy existe un importante consumo de refrescos, y se incrementó el consumo de harina y de sus productos derivados de una manera desmesurada, al mismo tiempo que la vida moderna ha proporcionado estrés y mayor sedentarismo. Hoy en día existe un consumo desmesurado de azúcar, grasas,  harinas refinadas y sal, y ese descontrol, unido a la falta de ejercicio físico está ocasionando una enorme proporción de enfermedades (diabetes, obesidad, enfermedades cardiovasculares, estrés, etc.), que además en su gran mayoría, son tratadas con fármacos químicos. Los pacientes siguen siendo sedentarios y, aunque sea en  cantidades más reducidas, siguen consumiendo los alimentos que contribuyeron en parte a la aparición de la enfermedad.

Estos pacientes, si realmente quieren curarse, deben cambiar radicalmente su estilo de vida.

La actividad física es fundamental para la prevención de enfermedades y espectacularmente eficiente en el tratamiento de las mismas debido a que facilita reacciones metabólicas que los fármacos no consiguen desencadenar en  el organismo, además de que no tiene efectos secundarios ya que estamos hechos para movernos; sin embargo, los fármacos químicos sí que provocan efectos secundarios en el organismo.

Hay muchos casos en los que los fármacos son necesarios, pero hay muchos otros en los que no.

En el caso de las enfermedades cardiacas, las causas más importantes de su surgimiento son la inflamación,  el estrés oxidativo y la disfunción autoinmune de las arterias, y éstos componen los desequilibrios fisiológicos más relevantes en la presencia de dicha enfermedad. El colesterol, al contrario de lo que  mucha gente piensa, no es un indicador importante para casos como éstos, pero sigue siendo un desequilibrio  que merece toda atención. Un 60% de los pacientes con problemas importantes de corazón tienen niveles de colesterol normales. Desde luego, tanto en los casos de colesterol como en los de problemas cardiacos, la actividad física y la alimentación equilibrada son esenciales, tanto en la prevención como en el tratamiento.

¡La fórmula perfecta de vida es cuidarse con inteligencia!



(1) El Blog del Dr. Sergio Simphronio. La actividad física y el estrés oxidativo
(2) El Blog del Dr. Sergio Simphronio. Tratamiento de enfermedades por medio del ejercicio físico
(3) Nashville Hypertension Institute






martes, 31 de diciembre de 2013

LA ACTIVIDAD FÍSICA Y EL ESTRÉS OXIDATIVO

Hace muchos años atrás gran parte de las informaciones relacionadas con la actividad física eran muy difusas, pero con el tiempo se han realizado muchas investigaciones con el objetivo de sacar a la luz una gran cantidad de conocimientos que nos están facultando la posibilidad de mejorar nuestra calidad de vida. Dichos conocimientos nos están permitiendo ser cada vez más específicos en la búsqueda de soluciones para la consecución de los mejores resultados en las acciones deportivas. Desde luego no me estoy refiriendo solamente a las mejores técnicas para entrenar sino, y también,  al incremento de los conocimientos direccionados a los cambios bioquímicos que ocurren en nuestro organismo, resultado de procesos metabólicos complejos conseguidos con la unión del entrenamiento físico, la alimentación y el descanso.
Existen matices que son muy relevantes, principalmente cuando fomentamos cambios metabólicos importantes como por ejemplo los que ocurren cuando  practicamos  ejercicio físico. El ejercicio físico es un antioxidante natural al igual que el sueño (dormir).  Tal es la importancia de ambos, que son capaces de reponer el ADN celular, mejorar el sistema inmunológico y producir una notable  mejoría en nuestra salud. Los antioxidantes  son como “recogedores de basura” que se encargan de eliminar los radicales libres de nuestro organismo. Al mismo tiempo, también existen los antioxidantes exógenos,  que podemos encontrar en algunos alimentos que ingerimos. En las verduras y frutas se denominan “Fitoquímicos”.
Estamos acostumbrados a oír hablar del estrés oxidativo en los temas referentes a la alimentación o la vejez, pero es importante saber que según la manera en la que una persona entrene físicamente, ésta también podrá fomentar en su organismo el estrés oxidativo.
El ejercicio físico origina naturalmente y de manera importante los radicales libres de oxígeno que colaboran  en la acción del daño a distintas moléculas en el organismo.  En los alimentos existen numerosos compuestos orgánicos y químicos. Debido al metabolismo, nuestro organismo realiza procesos de oxidación donde el combustible, que es la glucosa (azúcares), es oxidado con moléculas de oxígeno que resulta en la liberación de energía y desechos denominados radicales libres. Estos radicales libres pueden producir  destrucción tanto a nivel intracelular en el ADN,  como a nivel sistemático, arterial, cerebral, etc. 
Para solventar esa situación el organismo tiene varios protocolos  de procedimiento para estimular su defensa, entre ellos, los sistemas antioxidantes no enzimáticos (la vitamina E y la vitamina C). El problema ocurre cuando la producción de radicales libres supera la capacidad del organismo en antioxidar, generando  con ello un desequilibrio que tiene como resultado el estrés oxidativo y, en consecuencia, el daño celular. Esto ocurre con la práctica deportiva. Los últimos estudios han comprobado que la ocurrencia del estrés oxidativo en el ejercicio físico es más común en los entrenamientos de alta intensidad de esfuerzo que en los entrenamientos de larga duración. Eso también puede ocurrir con mayor facilidad a los individuos poco entrenados o que estén en baja forma física, pero no quiere decir que no les ocurra a las personas que tengan  un buen nivel de entrenamiento físico. Además del nivel de esfuerzo en el entrenamiento, puede existir una relación muy directa con la dieta, el aporte hídrico y el descanso del individuo.
Los radicales libres también están directamente relacionados con muchas enfermedades como la Fibromialgia, el Cáncer, la Arteriosclerosis, etc., estando también directamente relacionados con otros procesos biológicos como la vejez.  Estos fenómenos  de oxidación por radicales libres están en el origen de muchas enfermedades.
Las personas que son conscientes de que su entrenamiento es de alta intensidad,  además de tener una buena dieta que sea equilibrada y rica en antioxidantes, deben tener en cuenta que ésta sea capaz de  reponer el gasto energético causado por el ejercicio físico. De no ser así, es fundamental tener una suplementación  que consiga mantener su organismo en un estado óptimo, sobre todo que pueda fomentar la recuperación de los niveles normales de los antioxidantes.     
Los antioxidantes también son fundamentales, pues son los que propician las respuestas de defensa al existir una elevada concentración de radicales libres en el organismo.  Inhiben o retardan la oxidación de las moléculas, neutralizando estos radicales libres, evitando así las lesiones de tejidos. En el caso de existir sobreentrenamiento, que es una situación de oxidación continuada y es un contexto que produce una ingente cantidad de radicales libres, tiene como resultado la fatiga crónica. 
La expresión antioxidante se refiere a las sustancias que consiguen evitar los daños producidos por los radicales libres a las membranas celulares. Estos cambios se relacionan con enfermedades degenerativas y el envejecimiento. La actividad física intensa aumenta la tasa de oxidación celular aumentando, en consecuencia, la producción de los radicales libres, y este hecho puede ser prevenido con el incremento de la ingesta de antioxidantes como la vitamina C y E, sea vía suplememntación o por medio de un incremento en la ingesta de verduras y frutas.

Es fundamental que seamos conscientes de que la práctica del ejercicio físico es una de las mejores acciones que uno puede realizar para la prevención de enfermedades, del envejecimiento y para fomentar una vida sana, pero es fundamental que esa acción sea desarrollada con conocimiento e inteligencia. Desde luego, no podemos descuidar los importantes cuidados que debemos tener en la práctica del ejercicio físico. La actividad física es una interesante vía para proporcionar salud, y cuanto más conozcamos sus recovecos, mejores serán los resultados que lograremos. 





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miércoles, 17 de julio de 2013

TRATAMIENTO DE ENFERMEDADES POR MEDIO DEL EJERCICIO FÍSICO: El CÁNCER

Afortunadamente, la aplicación de la actividad física en la prevención, tratamiento, o mantenimiento de una vida sana post enfermedad está ganando cada día más fuerza dentro de la comunidad científica debido a los resultados positivos de las innúmeras investigaciones que empiezan a salir a la luz. En cuanto a  la enfermedad del cáncer en concreto, estamos conociendo la existencia de algunas otras vías que pueden ayudar a hacer más efectivo el tratamiento. La alimentación sana y equilibrada es uno de los factores fundamentales que están dentro de los cuidados que debemos tener. El deporte y la actividad física son estupendos aliados en el tratamiento de las enfermedades debido a los cambios metabólicos que son capaces de proporcionar. La actividad física tiene la capacidad de ocasionar importantes  mudanzas en  nuestro organismo, llegando incluso a modificar nuestro ADN. Cuando el ejercicio físico se aplica en el tratamiento de algunas enfermedades, es capaz de alterar el comportamiento del organismo de la persona afectada de una manera muy positiva.
No me canso de decirlo: estamos hechos para movernos.
En algunos hospitales se está implantando la actividad física como terapia y los resultados están siendo sorprendentes. En el Instituto Curie de París, uno de los que tiene los más avanzados estudios sobre el tratamiento de cáncer de senos, ya hace algún tiempo que se está aplicando un programa de clases de “step” a sus pacientes post tratamiento de cáncer, con el fin de evitar una recaída en la enfermedad, y los resultados están siendo alentadores.

Las recaídas han disminuido a la mitad. Los efectos que la actividad física puede aportar al organismo son incontables: en concreto, actividades como las clases de “step” pueden favorecer el aumento de  resistencia a la fatiga, la mejora de la capacidad aeróbica y de la autoestima, disminución de la ansiedad,  mejor humor y estado anímico, aumento de la fuerza muscular, etc. Normalmente la quimioterapia deja a los pacientes sin fuerzas y sin ganas, motivo por el cual la práctica del deporte o de actividad física es fundamental, pues son capaces de reactivar el cuerpo, ayudando a combatir las células malignas debido a que, cuando entrenamos, llenamos nuestro cuerpo de oxígeno, y las células cancerígenas  tienen poca resistencia él. Las células cancerígenas viven en ausencia de oxígeno y en presencia de acidez.
De otra parte, es importante saber que el sedentarismo y una alimentación desequilibrada fomentan un ambiente ácido dentro del organismo, y la acidez expulsa el oxígeno de las células. Los tejidos cancerígenos  son ácidos, y los sanos son alcalinos y necesitan de oxigeno para vivir.
¡Todos tenemos células cancerígenas, la cuestión es si las vamos desarrollar o no!
Las células cancerígenas son anaeróbicas y no pueden sobrevivir en presencia de altos niveles de oxígeno, pero sí sobreviven en ausencia de éste y ante la presencia de glucosa.
La alimentación es un tema fundamental en el tratamiento de esta enfermedad,  y ha sido objeto de interesantes investigaciones. Se ha comprobado que la ingesta de leche no es beneficiosa en el tratamiento del cáncer debido a que este alimento produce flemas, que es el alimento preferido de las células cancerígenas. La leche es un  alimento fundamental para los bebés. Tanto la leche materna como la de vaca contienen productos químicos que son muy importantes para el desarrollo de los infantes. Uno de ellos es la insulina factor de crecimiento IGF-1, que hace que las células se dividan y se reproduzcan, y que es biológicamente activa en los humanos principalmente en la adolescencia. La composición  IGF-1es idéntica tanto en la leche humana como en la de la vaca, mas en el caso de las vacas los niveles son mucho más elevados. Altos niveles de IGF-1 en los humanos se consideran factores de riesgo para el cáncer de mama y de próstata.
Es fundamental que mantengamos nuestro organismo libre de cualquier posibilidad de amenaza que pueda  dañar su integridad afectando a nuestra salud. No obstante, muchos compañeros oncólogos ya están recomendando la actividad física, incluso mientras los pacientes reciben la quimioterapia.
Es importante educar a las personas, puesto que mucha gente todavía piensa  que la actividad física o la práctica deportiva son actividades de tiempo libre o de ocio, y no les dan la importancia debida. La práctica de actividad física es sinónimo de  medicina preventiva, y no solo es posible prevenir enfermedades por medio del ejercicio físico, ya que en algunos casos es posible incluso  curarlas. El ejercicio físico y la alimentación sana y equilibrada son las bases principales para que se fomente una calidad de vida óptima. En el caso del cáncer, la alimentación alcalina es la más recomendable: frutas, verduras, semillas, miel, cereales integrales, el agua, etc...El agua es además fundamental,  pues favorece el aporte de oxígeno; en cambio, la deshidratación continuada es sumamente dañina  para el  cuerpo, siendo uno de los motivos principales de las enfermedades degenerativas. En contrapartida, la alimentación acidificante, es decir, basada en alimentos que producen ácido en el organismo, es la menos recomendable en estos casos: azúcar refinado, carnes, leche, sal refinada, cafeína, gaseosas, refrescos, alcohol, tabaco, etc...
Una cosa es lo que uno  quiere hacer, y otra muy distinta es lo que necesita. Muchas personas son reacias a hacer cualquier tipo de deporte o actividad física, pero deben recordar que el ejercicio físico es elemento importante dentro de las necesidades que tiene nuestro cuerpo, casi comparable con la de comer, y que además puede sacarnos de unos cuantos apuros sanitarios.    


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