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lunes, 12 de marzo de 2018

YOGA, MEDITACIÓN Y CIENCIA MÉDICA



El número de personas que practican yoga o meditación crece cada día en todo el mundo, y el motivo que impulsa a la mayor parte de estas personas a practicar estas actividades es el aumento de calidad de vida que dicen obtener.  El yoga, los ejercicios de respiración, y la meditación consciente, pueden proporcionar efectos muy representativos en la salud de las personas que lo practican.

Algunas investigaciones de Harvard University sugieren que la meditación regular puede proteger el corazón frente a las enfermedades. Fueron revisados varios estudios publicados en las últimas dos décadas y se descubrió que la meditación puede mejorar una serie de factores relacionados con la enfermedad cardíaca, por lo que vale la pena incluirlo en un programa general para la atención continua del corazón. Es importante tener claro que la meditación es un interesante vehículo para la mejoría de calidad de vida de las personas, y ésta podría facilitar la estimulación de otros importantes factores que son fundamentales tales como  seguir una dieta adecuada, dormir adecuadamente y hacer ejercicio físico con regularidad.

Otros estudios han evidenciado que las intervenciones mente-cuerpo son beneficiosas en los trastornos mentales y físicos relacionados con el estrés. Algunos estudios están encontrando asociaciones entre los trastornos emocionales y el tono vagal (Control inhibidor que ejerce el nervio vago sobre el ritmo cardíaco y la conducción auriculoventricular, también se encarga de la hiperexcitabilidad del sistema nervioso parasimpático) según lo indicado por la variabilidad de la frecuencia cardíaca.  Un modelo neurofisiológico de la respiración dentro del yoga propone integrar la investigación sobre el yoga con la teoría polivagal, la estimulación vagal, y la hiperventilación. La respiración en el yoga es un método único para equilibrar el sistema nervioso autónomo e influir en los trastornos psicológicos y relacionados con el estrés (Brown y  Gerbarg, 2005). Muchos estudios demuestran los efectos de la respiración en el ejercicio del yoga sobre la función cerebral y los parámetros fisiológicos. Algunas secuencias de técnicas de respiración específicas pueden aliviar la ansiedad, la depresión, el estrés cotidiano, el estrés postraumático y las enfermedades médicas relacionadas con el estrés. Los mecanismos que contribuyen a un estado de alerta sereno incluyen el aumento de la activación parasimpática, la calma de los sistemas de respuesta al estrés, la liberación neuroendocrina de hormonas y los generadores talámicos. El tálamo actúa como un tipo de puerta de entrada para determinar qué información sensorial puede llegar a los centros cerebrales superiores. Tanto los ejercicios de yoga bien aplicados como la meditación son capaces de desactivar el tálamo.
En los últimos años, un creciente número de evidencias ha comprobado que los ejercicios de yoga y la meditación tienen la capacidad de aliviar el dolor creando cambios estructurales y funcionales en el cerebro.

Un estudio publicado por científicos de Wake Forest Baptist (Winston-Salem, North Carolina)  en el Journal of Neuroscience en noviembre de 2015, encontró nuevas evidencias de que la meditación consciente reduce el dolor de una manera muy efectiva mediante la activación de dos regiones cerebrales específicas asociadas con el autocontrol y la desactivación del tálamo.  Se ha evidenciado que la meditación de atención plena reduce el dolor al activar la corteza orbito frontal (OFC) y la corteza cingulada anterior. Estas áreas del cerebro están asociadas con el autocontrol del dolor.

Hay muchas evidencias de que el ejercicio del yoga y la meditación pueden ayudar a bajar los niveles del cortisol y de la presión arterial. Asimismo, está comprobado que puede cambiar la estructura del cerebro, contrarrestar los efectos del estrés, la distracción y los traumas.

Por otro lado, aún se está conociendo acerca de nuestra habilidad mental para adaptarnos y de las ventajas de ejercitar nuestra mente. Esto es lo que se conoce como Neuroplasticidad.  

El estudio realizado por investigadores de la Universidad Carnegie Mellon (CMU) en Pittsburgh (Pensilvania), evidenció que practicar meditación de atención plena, reduce un biomarcador de inflamación (Interleucina-6) al mismo tiempo que mejora el control ejecutivo y la resistencia al estrés.  Los escáneres cerebrales con resonancia magnética que fueron utilizados en este estudio, mostraron que el entrenamiento de meditación de atención plena aumentó la conectividad funcional de la red de modo predeterminado en reposo en los participantes en áreas directamente relacionadas con la atención y el control ejecutivo. Se cree que los cambios cerebrales proporcionan un marcador neurobiológico para mejorar el control ejecutivo y la resistencia al estrés, de modo que el ejercicio de la meditación consciente mejora la capacidad del cerebro para ayudarlo a controlar el estrés y estos cambios mejoran una amplia gama de resultados de salud relacionados con el estrés, como el perfil inflamatorio.  

De otra parte otros estudios evaluaron  los niveles de BDNF (Brain Derived Neurotrophic Factor) en la práctica de yoga y en la meditación con el fin de investigar la posibilidad de que el BDNF pueda desempeñar un papel clave en la promoción de la resistencia al estrés y el bienestar integrado del cuerpo y la mente. El BDNF es un modulador neurorregulador. En su traducción al español, Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro, es una neurotrofina clave que promueve el desarrollo, la supervivencia y la plasticidad de las neuronas en los sistemas nerviosos central y periférico (Huang y Reichardt, 2001; Binder y Scharfman, 2004). Este potente neuromodulador es más activo en las áreas del cerebro que juegan un papel fundamental en el aprendizaje, la memoria y la cognición superior, como el hipocampo y la corteza. Además, BDNF está involucrado en la regulación compleja de muchos aspectos diversos de la fisiología, como la regulación del estado de ánimo, la respuesta al estrés, el metabolismo, la inmunidad, la inflamación (Papathanassoglou et al., 2015).

En el contexto de la inflamación, las citocinas proinflamatorias (proteínas  que actúan en la inflamación) pueden acceder al sistema nervioso central e interactuar con una red de citocinas en el cerebro para influir prácticamente en todos los aspectos de la función cerebral relevantes para el comportamiento, incluidos el metabolismo neurotransmisor, la función neuroendocrina, la plasticidad sináptica y los neurocircuitos que regulan el estado de ánimo, la actividad motora, la motivación y la ansiedad. Las consecuencias conductuales de estos efectos del sistema inmune en el cerebro incluyen depresión, ansiedad, fatiga, ralentización psicomotora, anorexia, disfunción cognitiva y deterioro del sueño, especialmente la depresión que además pueden tener una relación muy directa con enfermedades como el cáncer.

La práctica del yoga y la meditación pueden ejercer un impacto muy positivo en los niveles de BDNF como un mecanismo para un funcionamiento neurofisiológico saludable. Además, existe una gran cantidad de evidencias de que el yoga y las prácticas meditativas modulan la actividad inflamatoria y el eje Hipotálamo / Pituitaria/ Adrenal (HPA) (Jevning et al., 1978; Brown y Gerbarg, 2005; Kiecolt-Glaser et al., 2010; Bower e Irwin, 2015). 

El yoga y la meditación se presentan como interesantes herramientas para ayudar en el tratamiento y recuperación de muchas enfermedades, entre ellas el cáncer, además de ayudar a paliar algunos efectos de los tratamientos oncológicos, uno de ellos la fatiga. 




miércoles, 31 de agosto de 2016

PERMEABILIDAD INTESTINAL AUMENTADA (LEAKY GUT SYNDROME), ESTRÉS Y EJERCICIO FÍSICO



Resumen

La membrana intestinal constituye una protección muy importante para la salud. De entre varias funciones, actúa en la absorción de los nutrientes, la producción de enzimas digestivas de algunas vitaminas, funciona como barrera protectora y está en la primera línea de defensa contra factores peligrosos, bacterias nocivas o compuestos tóxicos. El consumo excesivo de hidratos de carbono simples como el azúcar, los productos elaborados con harinas refinadas, los refrescos, etc., puede ocasionar graves problemas de salud. Si lo unimos al estrés generalizado que hoy sufre la sociedad mundial, nos daremos cuenta de que las personas, además de tener una alimentación deficiente, comen con una extremada rapidez dificultando así la absorción de los nutrientes , hecho que podrá acelerar cualquier proceso patológico, pues dificultará el trabajo de la barrera protectora del intestino. La combinación del sedentarismo junto a una elevada ingesta de hidratos de carbono simples y productos refinados, puede proporcionar consecuencias muy negativas para nuestra salud.

Introducción

Una dieta inadecuada, con una ingesta excesiva de hidratos de carbono simples, y un estilo de vida sedentario, pueden proporcionar una importante alteración de la Microbiota Intestinal (mezcla de bacterias benéficas y patogénicas), facilitando la inflamación y proporcionando importantes daños al intestino. Nuestro organismo tiene unos 2kg de bacterias y la mayor parte de ellas se encuentran en el intestino. Es la llamada Flora Intestinal, Microbiota o Microbioma.

Es importante recordar que es fundamental tener en el organismo más bacterias benéficas que patogénicas.

Nuestro cerebro tiene 100 billiones de neuronas, y nuestro intestino 100 milliones. Algunos investigadores afirman que tenemos dos cerebros, uno dentro del cráneo y otro en el intestino. Estos dos órganos están creados del mismo tejido, siendo que en el desarrollo del feto, una parte se destina al sistema nervioso central mientras que la otra se desarrolla en el sistema nervioso entérico. Estos dos sistemas están conectados por medio del nervio vago (el nervio craneal que va desde el tronco cerebral hasta el abdomen). Este eje es lo que conecta a los dos cerebros y lo que explica por qué notamos tanta tensión en el estómago cuando estamos nerviosos.

Nuestro intestino posee cierta autonomía en su funcionamiento debido al núcleo neuronal que tiene, al igual que el corazón. Este núcleo se conecta directamente con el sistema límbico del cerebro. Hay algunos casos en los que una ingesta descontrolada de hidratos de carbono simples unida a una mala absorción de los mismos, puede favorecer la aparición de una bacteria intestinal llamada Clostridium Difficile. La ingesta de los nutrientes necesarios para el correcto funcionamiento del organismo es de suma importancia, pero igual de importante es la buena absorción de los mismos. El Clostridium Difficile perjudica enormemente el intestino. De otra parte el hongo llamado Cándida Albicans, que es la responsable de las candidiasis, tan frecuentes en las mujeres en la zona genital. Estas cándidas viven en nuestro intestino, y si su cantidad es excesiva, éstas pueden llegar a penetrar sus paredes. Es fundamental llamar la atención sobre la utilización del aspartamo como endulzante, pues la Cándida adora el aspartamo. La unión de la Cándida Albicans con el aspartamo forma una enzima llamada Aspartato Proteasi, que tiene la fuerza necesaria para atravesar la pared intestinal penetrando en la sangre y elevándose hasta el cerebro. Ésta puede llegar a hacer un agujero en la barrera hematoencefálica, entrando en el cerebro (trasmutación bacteriana), e impidiendo la producción de Serotonina y de Dopamina, pudiendo ocasionar la depresión.

La relación obesidad/depresión es muy directa, pues las personas obesas y sedentarias normalmente tienen un metabolismo muy lento y en muchos casos le acompaña una mala absorción de los nutrientes. Eso facilita el trabajo de la Cándida Albicans en su peregrinación hacia el cerebro y como resultado tenemos la disminución de dopamina y de serotonina. De ahí una de las causas de la relación obesidad/depresión. Por ese motivo es de suma importancia controlar la Cándida Albicans en nuestro organismo, y una de las maneras más efectivas de hacerlo es mediante el control de la ingesta de productos refinados, pues una mala absorción de hidratos puede propiciar muchos problemas.

Es muy importante resaltar que nuestra defensa inmunológica proviene del intestino, por ello debemos ayudar a nuestro organismo a hacer bien su trabajo con la práctica de buenos hábitos. El mal funcionamiento del intestino (DISBIOSIS – bacterias, levaduras, virus, parásitos), generará un aumento de radicales libres que podrán ocasionar muchas enfermedades, una de ellas el cáncer. La mayor parte de las enfermedades autoinmunes comienzan en el intestino. Hay un proverbio chino que dice que “la salud y la enfermedad inician y terminan en el intestino”.

Al tratar el intestino, las enfermedades autoinmunes mejoran.

Una ingesta excesiva de hidratos de carbono simples y su mala absorción, puede ocasionar una lesión en el intestino involucrando directamente a la proteína Zonulina, que modula la permeabilidad de las paredes digestivas. Cuando esto ocurre, el intestino se queda hiperpermeable y deja pasar las proteínas que no debería. También ocurre con las cuestiones relacionados al gluten. Al ingerir una proteína, ésta es desintegrada en el aparato digestivo y absorbida en forma de aminoácido. Al existir una permeabilidad intestinal aumentada, esa proteína entrará en la sangre sin ser adecuadamente digerida, el sistema inmune la detectará como un cuerpo extraño y creará anticuerpos para luchar contra esa proteína.

Es el fenómeno que se produce también en la denominada Tiroiditis de Hashimoto. El organismo crea un anticuerpo en contra de la proteína intrusa, pero ese anticuerpo también podrá atacar a la proteína que está en la pared de la tiroide, la Triroglobulina (TPO), por tener la misma cadena de aminoácido que la proteína intrusa. Es una enfermedad autoinmune que puede ser ocasionada por una hiperpermeabilidad de la pared intestinal. Estos casos son llamados de Mimetismo Molecular: anticuerpos creados naturalmente para combatir a una proteína intrusa y extraña al cuerpo, pero que tiene la misma cadena de aminoácidos de una otra ya existente. Una ataca a la otra.

La buena salud física y funcional del intestino es fundamental para el organismo. De ello depende que los nutrientes sean absorbidos correctamente y que las moléculas tóxicas o antigénicas causantes de patologías no sean captadas. La integridad funcional por lo que respecta a la permeabilidad de la barrera intestinal es fundamental para la salud.

Alteraciones de la permeabilidad intestinal.

La permeabilidad intestinal aumentada o el síndrome del intestino permeable (leaky gut syndrome) es una patología que está comúnmente relacionada con la intolerancia alimentaria. También se asocia a: síndrome celíaco, eczema atópico, giardiasis crónica, enfermedad de Crohn y candidiasis intestinal. Se relaciona también con enfermedades autoinmunes. Una hiperpermeabilidad constituye un factor importante en la patogenia de la spondilitis anquilosante y la artritis reumatoide.

El intestino delgado tiene como función la digestión y absorción de nutrientes, y a la vez ser la barrera de los compuestos tóxicos y macromoléculas. La alteración de estas funciones puede tener efectos muy nocivos para la salud.

La permeabilidad intestinal puede verse afectada por varios factores: infecciones intestinales, deficiencia de IgA secretora, alimentos alergénicos, productos tóxicos, alcoholismo y medicamentos principalmente antiinflamatorios no esteroideos (AINEs). En los pacientes con artritis, cuya patogenia puede venir originada por una alteración de la permeabilidad intestinal, ésta podrá verse aún más acentuada por la acción de los AINEs que suelen prescribirse en dicha enfermedad.

Hiperpermeabilidad intestinal y patologías.

Aquí están resumidas las principales patologías relacionadas directamente con un aumento de la permeabilidad intestinal.

De origen digestivo: por lesión directa de componentes de la dieta sobre las vellosidades y estructura de la pared intestinal o deficiencias de dicha mucosa. Alergias alimentarias (IgE), intolerancias alimentarias (IgG), deficiencia de secreción de IgA, IBS (Irritable Bowel Syndrome), enfermedad de Crohn, enfermedad celíaca.

Yatrogenia: antiinflamatorios no esteroideos, abuso de alcohol, antibioterapia prolongada, estrés hiperosmolar, quimioterapia, radioterapia.

Infecciones gastrointestinales: disbiosis intestinal (bacterias, levaduras, virus, parásitos), giardiasis crónica, candidiasis crónica, tropical sprue.
Las infecciones agudas son de causa transitoria, así que restablecen la normalidad una vez se solucione el problema.

Por mecanismos indirectos debidos a patologías extraintestinales: pancreatitis aguda, cirrosis hepática, ictericia obstructiva.

Procesos no digestivos: estrés, artritis reumatoide y patologías de las articulaciones, patologías dermatológicas crónicas (eczema atópico), síndrome de Reiter, fibrosis quística, spondilitis anquilosante, esquizofrenia.

Consecuencias de la permeabilidad intestinal aumentada.

Entre las muchas consecuencias de la permeabilidad intestinal aumentada o leaky gut syndrome, éstas son las más frecuentes.

Masiva entrada de antígenos, masiva entrada de patógenos, masiva entrada de toxinas, entrada de alimentos mal digeridos (péptidos, proteínas, disacáridos, polisacáridos, lípidos), masiva entrada de antígenos (alimentos mal digeridos), enfermedades inflamatorias, enfermedades autoinmunes, alergia alimentaria (IgE), intolerancia alimentaria (IgG).

Masiva entrada de patógenos.

Infecciones sistémicas bacterianas o por hongos, infecciones oportunistas en síndromes de inmunodeficiencia, masiva entrada de toxinas, sobrecarga de la función de detoxificación hepática (fase I y II), fatiga debido al alto consumo de ATP de este proceso.

Nuestro intestino tiene una importante relevancia para nuestra salud, pues además, es el mayor depósito de radicales libres de nuestro cuerpo. Tenemos más bacterias en el intestino que células en el cuerpo. Muchos estudios han confirmado que algunos Neurotransmisores son producidos en el intestino. Algunos autores afirman que la Serotonina es producida en un 90% en nuestro intestino, la Dopamina (placer) es producida en un 50%, la Acetilcolina (memoria) también es producida en parte en el intestino. Muchas sustancias que van hacer parte de la producción de los neurotransmisores que luchan en contra de la depresión, dependen de otras sustancias que el intestino tiene que absorber. No basta sólo la ingestión del nutriente, éste debe ser bien absorbido. De ahí la necesidad de la disminución de una ingesta excesiva de hidratos de carbono simples, de productos refinados, y también la importancia de practicar ejercicio físico como acelerador metabólico.

La Melatonina (sustancia natural producida en la Glándula Pineal), actúa directamente sobre el sueño. Es la sustancia natural que determina el ciclo de sueño-vigilia.

Está absolutamente comprobado que la Melatonina mejora nuestro sistema inmunológico incrementando nuestras defensas naturales y resguardándonos de las enfermedades en general, principalmente de aquellas típicas del envejecimiento: cáncer, patologías cardiovasculares y autoinmunes. Además, es el mejor limpiador de radicales libres en el cerebro. La Melatonina es producida a través de la Serotonina en presencia de total oscuridad. Es transformada en Melatonina en la Glándula Pineal. Un mal funcionamiento del intestino podrá influir directamente en la producción de Serotonina y en consecuencia de Melatonina pudiendo afectar negativamente la calidad del sueño y en la eliminación de los radicales libres incrementando la posibilidad de aparición de importantes enfermedades.

Intestino y Ejercicio Físico

El ejercicio físico tiene una importante relevancia en el mantenimiento del, sistema inmunológico. Una interesante publicación en British Medical Jornal demostró que un grupo de deportistas de Rugby tenían una mayor variedad y cantidad de bacterias intestinales, especialmente una especie de bacteria perteneciente al género Akkermansia, que está asociada a menores tasas de obesidad. Es una importante relación entre el ejercicio físico, la microbiota, la inmunidad del huésped y el metabolismo.

Una otra investigación comprobó que períodos de ejercicios repetitivos con intensidad relativamente moderada puede tener efectos protectores sobre el tracto gastrointestinal. Existen fuertes indicios de que el ejercicio físico reduce el riesgo de cáncer de colon hasta en un 50%. Hay evidencias menos convincentes para la colelitiasis y el estreñimiento. La actividad física puede reducir el riesgo de diverticulosis, hemorragia gastrointestinal, y la enfermedad inflamatoria intestinal, aunque esto todavía no puede ser demostrado con firmeza. Hasta ahora, los mecanismos subyacentes son poco conocidos a pesar de la disminución del flujo sanguíneo gastrointestinal, alteraciones neuroinmunoendocrinas, aumento de la motilidad gastrointestinal, y los rebotes mecánicos durante el ejercicio. Las investigaciones futuras sobre los procesos digestivos de ejercicio asociado deberán dar más información sobre la relación entre el ejercicio físico y la función del tracto gastrointestinal.

Es importante tener en cuenta que la relación ejercicio físico/estrés es muy relevante para el buen funcionamiento del intestino y como resultado, la mejoría de la salud. La práctica regular del ejercicio físico es capaz de controlar los niveles de ACTH y de Cortisol disminuyendo drásticamente los efectos nocivos del estrés en todo el organismo.  

Intestino y Estrés

En la existencia de estrés, el organismo prepara sus sistemas de defensa. Dicha situación hace que aumente el flujo sanguíneo transportando así más oxígeno, que se incremente el tono muscular y que estemos más alertas ante cualquier estímulo.

El corazón se dispara, los músculos se tensan, el estómago se contrae, la presión arterial sube pudiendo llegar a niveles muy altos, los niveles de adrenalina aumentan considerablemente. En el intestino ocurre: la disminución en la absorción de nutrientes, la disminución en la oxigenación del intestino, unas cinco veces menos flujo sanguíneo en el sistema digestivo, lo que provoca una disminución del metabolismo, una ingente disminución de la producción enzimática en el intestino.

Con el objetivo de afrontar el inminente peligro sea peleando o huyendo, nuestro cuerpo experimenta estos cambios metabólicos dirigidos a aumentar la fuerza y la energía, pero si dicha amenaza no existe, nuestro organismo sufre de una manera descomunal, pues todas las herramientas de defensa que han sido preparadas para el amenazador peligro no serán usadas. Al no ser utilizada, esta energía debe ser extravasada de alguna manera. La práctica de ejercicio físico es una de las mejores maneras de afrontar situaciones como éstas. En la ausencia del ejercicio físico, dicha energía se acumula en forma de tensión, y las consecuencias son: presión alta, taquicardias, dolor de cabeza, contracturas, dolor de espalda, falta de concentración, desarreglos intestinales, etc… muchas hormonas son bloqueadas, incluyendo las del bienestar, (dopamina, serotonina, acetilcolina, oxitocina, etc…), y eso puede ocasionar ansiedad y depresión.

Si hablamos de la serotonina, en presencia de estrés, la melatonina que es producida a partir de la serotonina será directamente afectada dificultando así el sueño. La relación estrés / intestino es muy grande. 
 
Cuando existe un grado de estrés muy elevado, o en situaciones dónde nos ponemos muy nerviosos o en peligro, una de las reacciones extremas del organismo es hacer que vomitemos o que defequemos. Es una manera que el cuerpo tiene de dejar el organismo libre de cargas justamente para que podamos huir o afrontar el peligro peleando, una reacción natural en los mamíferos que ocurre dentro de un estrés agudo, y que tiene el objetivo de ponernos a salvo en situaciones de real peligro. El problema ocurre cuando un individuo sufre de estrés crónico, y puede sentir las mismas sensaciones de un estrés agudo, pero en ausencia de un peligro real. En estas situaciones el organismo interpreta que el cuerpo está en peligro y desarrolla los mismos protocolos de defensa.

Un gran problema para la salud es cuando las personas se sientan a comer estando estresadas, cosa que infelizmente es muy común que ocurra en los días de hoy. Comer con mucha velocidad, las comidas de trabajo donde sólo se discute, comer sin disfrutar de la comida, despertarse tarde y no tener tiempo de desayunar despacio, etc.

Comer de manera ansiosa es una estupenda manera de provocar una mala digestión. Recuerda que en las situaciones de estrés, el cuerpo se prepara para huir o para atacar, pero en ningún momento para absorber los alimentos. El acto de comer es un placer necesario que debemos disfrutar con tranquilidad. Nuestro intestino y nuestra salud lo agradecerán.

Conclusión

El intestino tiene una constante comunicación de ida y vuelta con nuestro cerebro a través del nervio vago. El 90% de las fibras que contiene el nervio vago transportan información desde el intestino hasta el cerebro. No sería anormal que dentro de algunos años podamos anticipar y prevenir la aparición de enfermedades como la Esquizofrenia, la enfermedad de Parkinson o la Demencia vía estudio de la fisiopatología intestinal, o mismo la manipulación de la flora intestinal por medio de alimentos de tipo probióticos. El ejercicio físico debería ser tomado más en serio, no sólo como una manera de mantener los músculos en buena forma física, más principalmente por los beneficios que es capaz de proporcionar a nuestra salud. En lo referente al ejercicio físico, debemos investigar más para tener la posibilidad de conocer mejor la influencia del ejercicio dentro de toda la complejidad que resulta ser el trabajo intestinal. El ejercicio físico es desde luego una estupenda herramienta que facilita la aceleración metabólica, hecho que es tremendamente positivo para la microbiota intestinal.




Bibliografia


Dr. H P F Peters,
Potential benefits and hazards of physical activity and exercise on the gastrointestinal tract.   
Gut, 48 (2001), pp 435-439

Siobhan F Clarke, Eileen F Murphy, Orla O'Sullivan, Alice J Lucey, Margaret Humphreys, Aileen Hogan, Paula Hayes, Maeve O'Reilly, Ian B Jeffery, Ruth Wood-Martin, David M Kerins, Eamonn Quigley, R Paul Ross, Paul W O'Toole, Michael G Molloy, Eanna Falvey, Fergus Shanahan, Paul D Cotter
Exercise and associated dietary extremes impact on gut microbial diversity
Gut:10.1136/(2013), pp 306-541

Dr. Juan Sabater Tobella; Dra. Gloria Sabater Sales
Permeabilidad intestinal alterada e Inmunoestimulación
Medicina Biológica Europa (2011)

Dr.Sergio Simphronio
El blog del Dr.Sergio Simphronio – “La actividad física y el estrés: las señales que no vemos”(2014)

jueves, 2 de octubre de 2014

DEBEMOS INVERTIR MÁS EN EJERCICIO FÍSICO


Mantener una vida activa equivale a  tener la llave para fomentar una existencia libre de problemas de salud y con buena calidad. Por desconocimiento o no, muchas personas todavía no se han percatado de la importancia de no ser sedentario; gran parte de las enfermedades existen porque las fomentamos nosotros mismos con nuestras acciones. El ejercicio físico y la alimentación equilibrada juegan un papel fundamental en la consecución de una vida sana. Nuestro cuerpo es capaz de facilitar todos los caminos para la obtención de la salud. Por infelicidad, muchas personas aún están en la inopia, pues quieren tener grandes resultados físicos sin esfuerzo, y buscan las más dispares posibilidades para no tener que sudar ni moverse. Mucha es la gente que está pagando grandes sumas de dinero en productos y las más diferentes técnicas, la mayoría con fines estéticos. La X de la cuestión es que en el mundo existen muchas personas que están enfermas y que no lo saben, y muchas otras que lo estarán en un corto espacio de tiempo, pero que posen una apariencia inmejorable debido a que cuidan mucho  su estética. Enfermedades como la hipertensión, el estrés, la diabetes, etc.,  no suelen presentar mudanzas físicas evidentes, además de ser muy silenciosas, pudiendo  llegar a ser muy dañinas en ausencia de cuidados. Además, la mayor parte de las investigaciones sobre las enfermedades se direccionan a la búsqueda de su cura  siempre por vía de los tratamientos  farmacológicos. Se invierte una absurda cantidad de dinero en investigaciones,  muchas de las cuales  intentan obtener fármacos que simulen los efectos beneficiosos del ejercicio físico en el organismo, como es el caso de algunas investigaciones actuales sobre diabetes tipo 2.
En presencia de la diabetes tipo 2, el hígado, la grasa y las células musculares no responden de manera óptima a la insulina, hecho que llamamos “resistencia a la insulina”. Como resultado, el azúcar de la sangre no consigue entrar en las células con el fin de ser almacenado como fuente de energía. Cuando ello ocurre, se acumulan niveles anormalmente altos de azúcar en la sangre, lo que se denomina hiperglucemia. Por lo general, la diabetes tipo 2 se desarrolla lentamente y en silencio. Gran parte de las personas que la padecen tienen sobrepeso, y el aumento de la grasa dificulta al cuerpo el uso de la insulina de la manera correcta. La diabetes tipo 2 también puede presentarse en personas delgadas y es más común en los ancianos.
Con la práctica de la actividad física, la enzima  AMPK estimula el consumo de glucosa por parte del músculo. Esto es importante porque el aumento de dicho consumo por los músculos es uno de los efectos protectores del ejercicio, principalmente para las personas con diabetes de tipo 2, que tienen un elevado nivel de glucosa en la sangre. El ejercicio físico es perfecto para controlar estos niveles, tanto de azúcar, como de colesterol y la presión arterial. Las personas que hacen ejercicio físico de manera  regular pueden reducir a la mitad el riesgo de desarrollar alguna enfermedad. Infelizmente, el porcentaje de personas que se ejercitan es muy pequeño.  
¿No sería más barato educar a la gente sobre la importancia de la práctica regular de la actividad física y facilitar el acceso de las personas a los centros deportivos que destinar miles de millones para crear fármacos que imiten sus beneficios? Una buena medida en España, por ejemplo, sería la reducción del IVA actual del 21% que soportan las instalaciones deportivas, y  establecer bonificaciones fiscales para las personas que practican actividad física en una instalación, y que serviría como un incentivo para reducir el sedentarismo en la población general.

Vivimos en un entorno tremendamente hostil para la salud. La proliferación de los “fast food”, las grasas polisaturadas, el excesivo consumo de azúcar, de sal,  los refrescos, el ingente consumo de carne roja, la harina refinada, la combinación de la harina refinada con el azúcar, el alcohol, el tabaco u otras  drogas, la contaminación ambiental, la contaminación acústica, el estrés, el sedentarismo, la contaminación del agua, etc.  En la existencia de una enfermedad, curarse vía fármacos no es suficiente, pues si la persona sigue teniendo los mismos hábitos perjudiciales que le llevaron a ponerse enferma, es casi que seguro que con el tiempo volverá a tener recaídas o se fomentará la aparición de otras enfermedades. De todos los fármacos conocidos hasta el momento, el ejercicio físico, combinado o no con los fármacos químicos, es la única vía capaz de tratar y de fomentar  cambios reales, mismo en presencia de dicho ambiente hostil en que vivimos.
Sería interesante que los gobiernos invirtieran las mismas cantidades de dinero que se gastan en investigar fármacos químicos en educar las personas sobre la importancia de moverse, en programas de incentivo para la práctica de actividad física y en concienciar sobre la necesidad de tener una alimentación sana. Con la educación podríamos tener resultados bastante más efectivos tanto en la prevención  como en la cura de las patologías. Al encarar las enfermedades desde diferentes puntos de vista ganamos todos y,  sobre todo, nos damos cuenta de que la prevención es uno de los pilares fundamentales para la lucha contra  la mayoría de las enfermedades. Las respuestas metabólicas del ejercicio físico son fundamentales para el mantenimiento de la buena salud. Esa máquina tan maravillosa que es el cuerpo humano necesita moverse y, además, también necesita ser bien gestionada, así que cuanto mayor es el control que tengamos sobre nuestro cuerpo, mejores serán las posibilidades de tener una vida con más calidad y libre de enfermedades.
El ejercicio físico es un fármaco tan potente que es capaz de curar enfermedades y de prevenirlas, además de evitar las recaídas de las mismas. Dentro de la práctica del ejercicio físico, el sistema cardiovascular favorece el transporte de hormonas, nutrientes y oxígeno al organismo para que pueda aguantar el entrenamiento, al mismo tiempo que elimina del cuerpo los deshechos. Las hormonas como la epinefrina, el  glucagón, el cortisol, las tiroideas y la hormona del crecimiento, desarrollan una interesante situación metabólica para mantener el ejercicio físico en el marco de la homeostasis corporal (estabilización del cuerpo en los procesos fisiológicos).
El sudor producido por la actividad física facilita la eliminación de las toxinas y  al mismo tiempo controla la temperatura del cuerpo,  eliminando  el  exceso de calor. Éste es uno de los  motivos por lo que es importante sudar, al contrario de lo que piensan muchas personas a las que no les gusta practicar actividad física porque no quieren sudar.
El ejercicio físico dentro de las enfermedades es capaz de eliminar el estrés, que es uno de los “grandes villanos” dentro del proceso patológico. El sistema inmunitario utiliza muchísima energía: cuando estamos enfermos, nos sentimos muy cansados porque nuestras energías están siendo  utilizadas por el sistema inmunitario. Las hormonas del estrés inutilizan todo aquello que utiliza energía dentro del organismo. Cuando una  persona está bajo estrés, las células dejan de regenerarse. A cada tres días el sistema digestivo renueva sus células, pero en presencia de estrés, éste interfiere en ese crecimiento. Cuando hay estrés, el sistema inmunitario se apaga. De ser así, el organismo estará expuesto a otras enfermedades. El estrés es mucho más serio de lo que mucha gente piensa; ésta enfermedad es muy dañina, tanto presentándose sola, como acompañando a otras patologías. La única manera de erradicar el estrés de nuestras vidas es practicar ejercicio físico regular  y cambiar de estilo de vida adoptando mejores hábitos. 
  
Mismo dentro del proceso de una enfermedad, nuestro cuerpo sigue desarrollando una frenética actividad. Al caminar, por ejemplo, solicitamos 200 músculos diferentes; para conducir un coche, 100 músculos; levantar una taza de café, 70 músculos. Los músculos de la parte posterior de las piernas, que son los más voluminosos, requieren las órdenes de  500 nervios; son los músculos de mayor tracción. Lo que es realmente interesante no es la manera en que controlamos los músculos grandes, sino cómo  controlamos los pequeños. Los músculos más complejos, como es el caso  de los de las manos, necesitan de 4.000 nervios para el control de sus movimientos [1]. Cada mano cuenta con 27 huesos, 39 diferentes músculos y más de 1.600 kilómetros de fibras nerviosas y vasos sanguíneos. La coordinación de ese trabajo supone una gran labor por parte del cerebro: el hecho de controlar nuestras manos ocupa casi la mitad de la parte de nuestro cerebro destinada al control del movimiento. La práctica del ejercicio físico proporciona mucho trabajo al cerebro haciendo que éste esté muy ocupado gestionando una gran cantidad de estímulos. Y ese hecho proporciona la inhibición de la hormona del estrés.
Para desenvolver toda esa actividad, el cuerpo necesita  mucha energía. Por ello,  el sistema inmunitario siempre debe  estar protegido, y la mejor manera de hacerlo es a través de la práctica regular de la actividad física, aunque sea dentro de una enfermedad.
Cuando una persona está bajo mucho estrés,  enferma. Al debilitar el  sistema  inmunitario, las células malas  proliferan y las enfermedades se expanden. Ése es uno de los motivos por los cuales  algunos tratamientos con fármacos no funcionan o tardan mucho más tiempo en hacer efecto. Ese estrés se asocia al miedo, a las emociones, y a las enfermedades que se están tratando. Los tratamientos farmacológicos son de suma importancia en muchos casos, pero es fundamental informar a las personas de que el cuerpo humano está diseñado para moverse, así que es muy importante mantener una vida activa mismo dentro de una enfermedad, pues hacer ejercicio controlado  podrá acelerar el proceso de recuperación de una patología debido a que éste inhibe la liberación del ACTH (hormona del estrés), evitando la aparición de estrés.
Enfocar la vida de una manera sana es la forma más eficaz de ayudar a nuestro organismo a  realizar sus funciones vitales y  mecánicas. Practicar actividad física y mantener una dieta equilibrada y ecuánime al entrenamiento físico y al gasto energético, propiciará una buena salud. Cuando practicamos ejercicio físico nos sentimos más descargados de las tensiones, más animados, más tranquilos, más “limpios” por dentro.




[1] El blog del Dr Sergio Simphronio – EL MOVIMIENTOY EL APRENDIZAJE



miércoles, 15 de enero de 2014

LA FUERZA DEL PENSAMIENTO Y LA IMPORTANCIA DE PENSAR DE MANERA POSITIVA PARA NUESTRA SALUD

Cada día que pasa vamos conociendo más cosas sobre nuestro cerebro, su funcionamiento, y las reacciones bioquímicas que produce según la manera en la que nos comportamos o las decisiones que tomamos con respecto a las acciones que practicamos durante nuestro día. La complejidad de las operaciones que el cerebro realiza nos hace estar seguros de que no existe en el mundo máquina tan perfecta que pudiera superarle. Es cierto que la manera de alimentarnos proporcionará una mayor o menor intensidad en las funciones de tan maravilloso órgano. Si añadimos el ejercicio físico dentro de este contexto, estos cambios bioquímicos se acentúan de una importante manera. Desde luego, el cerebro es el centro de control de nuestro cuerpo. De entre sus miles de funciones, una de las que más llama la atención de la mayor parte de los investigadores de todo el mundo es el pensamiento. Muy poco se sabe sobre el pensamiento, pero claro está que es una de las hazañas más majestuosas de los seres vivos. Nuestra capacidad de pensamiento  es lo que nos diferencia de los demás mamíferos.   
En otras épocas, Aristóteles nos enseñó que el cerebro tenía como función enfriar el cuerpo del animal. Ya Hipócrates nos instruyó sobre la localización de las emociones en el cerebro, y dijo que es el órgano de los movimientos y de los juicios, de ahí la expresión “pacto o juramento hipocrático”.
En la actualidad todavía es muy difícil conocer los recovecos del pensamiento, puesto que resulta complicado investigar las fuerzas mentales. La secreción del hígado o de los riñones produce una materia palpable. Los productos que los riñones separan de la sangre pueden cambiar de perfil según  los estímulos  cerebrales, y eso es posible verlo; pero no se puede mesurar el pensamiento,  tampoco su fuerza. El pensamiento mueve una ingente cantidad de corrientes eléctricas en el cuerpo  afectando así a los nervios y, como respuesta, ocasiona las sensaciones y los sentimientos. El pensamiento tiene un poder que no se puede explicar, por este motivo es fundamental que intentemos direccionar nuestro pensamiento de manera positiva y productiva.    

El pensamiento es pura energía.

En el área deportiva, muchos son los entrenadores que son conscientes del poder de nuestro cerebro, pero desafortunadamente, hay muchos otros  que no lo son. En el primer caso, éstos utilizan el poder del pensamiento como herramienta para mejorar marcas, o añadir intensidad en los entrenamientos.  Enseñan a sus atletas a concentrarse y a creer que es posible conseguir una mejoría de tiempo, subir de carga en los entrenamientos de fuerza, etc., al mismo tiempo que  les estimulan con palabras positivas como: “Tú puedes”, “eres grande”, “eres el mejor”, y arengas  por el estilo. Sin embargo, hay una gran cantidad de entrenadores que más bien hace al revés. Estimulan a sus atletas negativamente, diciéndoles cosas como “eres un inútil”, “eres malísimo”,” una nena lo hace mejor”, etc., gritándoles, y muchas veces incluso  faltándoles al respeto. En los dos casos, el resultado final tanto puede ser bueno o malo, todo dependerá de cómo el atleta en cuestión enfoque las informaciones recibidas, y hasta qué punto creerá en su entrenador y sobre todo en sí mismo. Querer es poder, y desde luego un poder inmenso.
En lo que versa respecto a las enfermedades, el poder del pensamiento es algo impresionante, mas infelizmente son pocas las personas que son conscientes de ello. He sido testigo de muchas historias interesantes. El pensamiento es capaz de fomentar la liberación de una gran cantidad de sustancias químicas en el organismo. Una persona que piensa de una manera negativa frente a la vida y frente a las enfermedades, tendrá una gran posibilidad de inhibir la liberación de serotonina, oxitocina, de las endorfinas, etc., que son las sustancias que nos hacen sentir bien. Y esto es debido a que las personas  pesimistas normalmente se estresan con una tremenda facilidad, principalmente cuando se trata de lidiar con las enfermedades. Esa situación facilitará la liberación de ACTH (hormona del estrés), que a su vez inhibirá la acción de las sustancias anteriormente citadas.
“Al padecer una situación de estrés, independiente de la manera en que se nos presente, la hormona del estrés, cuando es liberada,  se encarga de bloquear gran parte de las demás hormonas responsables del bienestar como la oxitocina, la serotonina, la endorfina y  la dopamina, y cuando el cuerpo está libre de estrés, pasa lo contrario”.(1) La ACTH es capaz de producir un ambiente ácido en el organismo, hecho que será muy dañino sobre todo a las personas que padezcan alguna patología importante, principalmente si hablamos de cáncer, pues es sabido que las células cancerígenas viven en ambientes ácidos.
No obstante, hay muchas personas que prefieren gastar su tiempo pensando en cosas improductivas. Muchas de ellas se pasan el día hablando de enfermedades, a otras les gusta hablar de sexo todo el tiempo, otras de las desgracias del mundo y del día a día, a otras les gusta hablar mal de los demás, etc.  Esto les proporciona una tremenda pérdida de energía. Sea cual sea la situación, normalmente lo que se habla es lo que se piensa.
Canalicemos nuestro pensamiento en cosas productivas.
A través del pensamiento una persona puede fomentar las mismas sensaciones de las acciones que podrían estar ocurriendo en realidad. Sea un pensamiento positivo o negativo, las respuestas neurofisiológicas, psicológicas,  fisiológicas vuelven a materializarse. Cuando por ejemplo una persona se encierra en seguir recordando algo malo que le ha pasado en su vida, las alarmas fisiológicas seguirán funcionando de la misma manera que en el momento de aquel acontecimiento negativo. El cerebro activa algunas zonas como el sistema límbico. La hipófisis o glándula pituitaria recibe la información del hipotálamo para que se libere la ACTH (hormona del estrés), que estimula la liberación del cortisol, que es la hormona que prepara el organismo para la reacción al miedo (prepara el cuerpo para la huída o para afrontar la situación).

El cortisol  inhibe el sistema inmunológico.

El hipotálamo transmite la amenaza a la amígdala, ésta administra las reacciones psicológicas, fisiológicas, neurofisiológicas, y la corteza cerebral conecta la memoria. Y todo esto pasa sólo por recordar algún acontecimiento negativo que haya tenido lugar en nuestra vida. El poder del pensamiento es algo realmente fascinante que tanto puede darnos fuerzas para seguir adelante, como  hundirnos. Es capaz de cambiar nuestro estado anímico. Por este motivo no es recomendable vivir del pasado, puesto que no sacaremos absolutamente nada con ello, haya sido bueno o malo. Si nuestras experiencias pasadas fueron malas, pasará lo que he relatado anteriormente; y si han sido buenas, nos adentraremos en los recuerdos corriendo el riesgo de deprimimos  por añorar los buenos momentos, cosa que tampoco es saludable. Lo más inteligente para lograr  mantener una buena salud en todos los aspectos, es vivir el presente y hacerlo  lo mejor que se pueda, no importando la situación. Es fundamental estar  libres de preocupaciones, aunque éstas existan,  puesto que preocuparse no sirve de nada; no arreglará el problema, más bien lo contrario. Cambiemos las preocupaciones por acciones.

El pasado ya se ha ido, y el futuro todavía no ha llegado, así que sólo podemos hacer algo por nosotros mismos en el presente.     

Enfoquemos nuestras energías al optimismo.  Al direccionar el pensamiento a cosas buenas visualizando conquistas, ya sea dentro del deporte, en el día a día, y sobre todo dentro de las enfermedades, promoveremos grandes cambios bioquímicos en nuestro cerebro, y ese hecho hará que seamos más felices y, desde luego, nuestra salud experimentará  cambios positivos increíbles .

   
1. El Blog del Dr. Sergio Simphronio (EL ESTRÉS SIN  MOTIVO)



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