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miércoles, 14 de agosto de 2013

EL SENTIDO COMÚN

En la actualidad vivimos en una sociedad de consumo agresivo que nos facilita una ingente cantidad de información nueva cada día. El  abundante número de canales de TV y de programas, en su mayoría, más bien ayudan a la hibernación de nuestras neuronas que a estimularlas. En contrapartida, en lo referente a la salud parece que preferimos obviar la información: hay muchos casos de personas que prefieren operarse del estómago a hacer dieta acompañada de ejercicio físico; otras no escuchan los consejos de su médico a lo largo de toda una vida y siguen comiendo de manera inadecuada, ingiriendo grandes cantidades de grasa y, en el día menos pensado, inevitablemente tienen que pasar por el quirófano para una desobstrucción de arterias; otras personas consumen habitualmente grandes cantidades de alcohol sin importarles las consecuencias el día de mañana; y lo mismo pasa con los consumidores de otras drogas que están prohibidas.
Utilicemos el sentido común.
He conocido  personas que tienen verdaderas farmacias dentro de su casa, y que  se automedican a la mínima sospecha de algún desarreglo fisiológico sin ni siquiera dar tiempo a que el propio organismo reaccione a dicho desarreglo, pero: ¿de verdad sabrán lo que están haciendo?
Desafortunadamente he visto cómo muchas personas pasan habitualmente sus ratos de ocio con sus hijos en las terrazas de los bares, cuando estos niños en muchos casos todavía están tomando el biberón. No sería más inteligente que se fueran a caminar con sus hijos al parque, fomentando la salud para toda la familia, en vez de estimular la cultura de los bares a los niños desde tan pequeños. Eso sin contar que he visto a muchos padres fumando en esas mismas terrazas, junto a sus hijos.
Esa acción no merece calificativos.
Hay mucha gente que utiliza el coche para ir a comprar el pan, estando la panadería a dos manzanas de su casa.  Es ésta una costumbre bastante extendida desafortunadamente, y muchas personas lo hacen con frecuencia,   fomentando la pérdida de salud al mismo tiempo que contribuyen a que nuestro planeta esté cada vez más contaminado. Otras personas acuden  al gimnasio diariamente, pero una vez  allí lo único que hacen es subirse a una  plataforma vibratoria durante 10 minutos, charlar e irse a casa.
Más de una vez  he visto, en importantes revistas de varias partes del mundo, artículos donde se  escriben  verdaderas barbaridades en lo referente a la actividad física, que también es salud, con una total irresponsabilidad.  Y una tremenda cantidad de personas aceptan esas informaciones, mismo aunque algunas de ellas rocen incluso el absurdo; quizás lo hagan para adherirse a las corrientes de la moda, pero la verdad es que el sentido común domina por su ausencia. De otra parte, ser responsable es algo fundamental, sobre todo cuando hablamos de la salud.
“Creer es más fácil que pensar, he ahí la razón de que existan más creyentes” Albert Einstein.
Por infelicidad, es lo que más pasa en los días de hoy. Muchas personas no se preocupan de analizar el  porqué de las cosas pues, para ellas, es mucho más fácil recibir la información  y asimilarla, no importando si dicha  información es fidedigna o no.  Una  buena parte de la sociedad mundial se está volviendo tan absurdamente inactiva y comodona que,  además de moverse el mínimo indispensable, están dejando de pensar (literalmente). Esto es algo muy preocupante, puesto que cuanto más utilicemos nuestro cerebro racional con  operaciones intelectuales, más desarrollaremos nuestra inteligencia, y mejor control tendremos  de nuestras emociones, además de conseguir eliminar el estrés.     
 Si disminuimos la  actividad física, reduciremos los niveles de mitocondrias en nuestros músculos y haremos que nos cueste cada vez más movernos, o hacer  ejercicio. (1)
Por este motivo siempre defenderé lo que ya está sobradamente comprobado científicamente, pero que mucha gente se resiste a aceptar: cuanto más nos movamos, proporcionaremos una mayor cantidad de estímulos a nuestro cerebro, más se fomentarán las acciones sinápticas y, en consecuencia, incrementaremos nuestra inteligencia. Al mismo tiempo que todo esto ocurre mejoraremos nuestra salud, pues practicar ejercicio físico es como “ducharse por dentro”.     
1. El blog del Dr. Sergio Simphronio ¿PEREZA O COMODIDAD?





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martes, 22 de mayo de 2012

¿PEREZA O COMODIDAD?


Cada día vemos casos de personas que se hunden en el sedentarismo y en muchos de estos casos se pierden en el sobrepeso o en la obesidad, fruto de la falta de actividad física y de la mala alimentación. En la mayor parte de estos  casos,  el motivo  es  la falta de interés  o de ganas de empezar un programa de entrenamiento acompañado de una dieta. El ser humano es un  animal de costumbres, así que siempre buscamos lo más cómodo e intentamos no complicarnos la vida. Desde las acciones más simples hasta las más complicadas, siempre buscamos la manera menos enredada de hacer las cosas.  Ser práctico no es lo mismo que ser perezoso.
Todos los días encontramos una tremenda cantidad de casos de personas que  se proponen  perder peso, justo después de las fiestas  o de haberse pegado unas vacaciones de órdago donde la inactividad y los excesos imperaban  las 24horas del día. Una vez de vuelta a la realidad, estas mismas personas se dan cuenta de las consecuencias de dicha inactividad, y mirándose al espejo notan  que se han  producido  algunos cambios en su figura. No les gusta lo que ven, y toman la actitud de recuperar la línea que tenían antes de que se produjera tan estrepitoso cambio. Sin pensar, dejan de comer no preocupándose por  las consecuencias de este hecho. En anteriores artículos he hablado justamente sobre los problemas que conllevan acciones de este tipo.
¿Por qué no se  plantean en  buscar ayuda y empezar un buen programa de actividad física y de alimentación?
Muchas de esas personas dicen que no tienen paciencia de seguir un programa de entrenamiento, otras comentan que no aguantan hacer ejercicios, otras que no soportan practicar actividad física  y que tampoco les gusta sudar. En  otros casos  atribuyen su inactividad a la falta de tiempo, pero lo cierto es que en cualquier de estas situaciones, la pereza se hace presente. Cuando uno quiere, uno saca tiempo y ganas de donde haga falta.
Muchas veces nos acomodamos en las situaciones que desarrollamos por osmosis y actuamos fuera de la lógica y del sentido común, todo ello con el objetivo de gastar lo mínimo de energía posible y de hacer la vida más descansada.
¿Pereza o comodidad?
Que sea una cosa o la otra, el cuerpo está concebido para moverse, pero en muchos casos los seres humanos  nos  olvidamos  de la existencia de esta realidad  y  hacemos exactamente  lo contrario. En muchas circunstancias  comunes, no  somos conscientes de los peligros que entrañan varias de las  acciones que  ejecutamos a lo largo del día. Como un ejemplo, sujetar el teléfono con los hombros: hablar por  teléfono practicando  una mala postura con el cuello,  subir el trapecio equilibrando el aparato en el hombro  puede ocasionarnos  graves problemas, y por increíble que pueda parecer es una situación frecuente que todas las personas ven como normal. Si preguntamos a cualquier  persona que tenga esta costumbre, nos contestaría: “a veces tenemos que apuntar algo que nos comentan por teléfono y no nos queda otra que utilizar esa postura.”
¡Menuda excusa y tremendo error!
Está comprobado que una acción como esta es peligrosa, además de que puede llegar a ser letal. En una publicación científica del diario médico británico “Neurology”,  cuenta que un psiquiatra francés  estuvo durante  una hora hablando  con el teléfono entre la cabeza y el hombro izquierdo.  Al colgar la llamada,  sufrió una ceguera temporal  acompañado de dificultad en el habla, y acto seguido se le produjo un derramen cerebral.
Eso  puede ocurrir, pues el individuo al utilizar esa posición para hablar por teléfono, sin darse cuenta va presionando cada vez más la cabeza hacia abajo  y a la vez subiendo el hombro de una manera involuntaria. Esa presión hace que un  minúsculo hueso,  a la vez puntiagudo situado debajo de la oreja izquierda y detrás de la mandíbula, vaya rompiendo  los vasos sanguíneos que conducen la sangre hasta el cerebro. Este huesito puntiagudo se llama “Apófisis Estiloide” y debe estar en una situación cómoda dentro de la circunferencia de su ubicación. Hablar por teléfono de esa manera es una práctica muy común en las oficinas, pues con el objetivo de minimizar el tiempo, las personas intentan hacer  tres cosas a la vez sin  preocuparse por su salud.     
¿Dónde termina la comodidad y dónde empieza la pereza?
Una interesante investigación llevada a cabo por la Universidad de McMaster (Canadá), concluyó que la pereza es ocasionada  por la pérdida de dos genes. En este estudio co-dirigido por el científico Gregory Steinberg (Profesor Asociado del Departamento de Medicina de la Universidad de McMaster), trabajaron con ratones que no tenían dos de los genes que controlaban la actividad de la proteína AMPK. Ésta se pone en marcha cuando hacemos ejercicios y una de sus actividades es auxiliar  el  aumento  del consumo de  azúcar  y de oxígeno en los músculos. Explica  el científico  que a los ratones les gusta correr, pero mientras los ratones normales corrían ingentes cantidades de kilómetros,  los que habían  perdido estos genes hacían carreras cortísimas. Su apariencia era sana al igual que los demás. Al carecer de dicho genes, estos animales tendrán un  menor nivel de mitocondrias (la central  energética de las células) y eso hace que sus músculos tengan mayor dificultad en absorber la glucosa mientras se ejercitan. Cuando practicamos actividad física y hacemos ejercicios con regularidad, los niveles de mitocondrias en los músculos suben significativamente y si la situación es inversa  pasa lo mismo, pero al revés, y la concentración de este componente se reduce. La enzima AMPK es la que controla esta producción. Si disminuimos la  actividad física, reduciremos los niveles de mitocondrias en nuestros músculos y haremos que nos cueste cada vez más hacer ejercicios.  
Por ese motivo cuando nos vamos de vacaciones y nos quedamos en la inactividad de ejercicios físicos, algunas veces nos cuesta volver a nuestro ritmo normal de vida dentro de la actividad física, pero eso nos pasa a todos los que practicamos ejercicio  y más aún a los que no lo practican.  A las personas a las que me refería al principio de este artículo,  un cambio de actitud no les vendría nada mal para su salud.
A veces nos acomodamos en las situaciones que desarrollamos de manera inconsciente  y  actuamos fuera de la lógica y del sentido común, todo ello con el objetivo de gastar el mínimo de energía posible.
¿Pereza o comodidad?