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jueves, 2 de octubre de 2014

DEBEMOS INVERTIR MÁS EN EJERCICIO FÍSICO


Mantener una vida activa equivale a  tener la llave para fomentar una existencia libre de problemas de salud y con buena calidad. Por desconocimiento o no, muchas personas todavía no se han percatado de la importancia de no ser sedentario; gran parte de las enfermedades existen porque las fomentamos nosotros mismos con nuestras acciones. El ejercicio físico y la alimentación equilibrada juegan un papel fundamental en la consecución de una vida sana. Nuestro cuerpo es capaz de facilitar todos los caminos para la obtención de la salud. Por infelicidad, muchas personas aún están en la inopia, pues quieren tener grandes resultados físicos sin esfuerzo, y buscan las más dispares posibilidades para no tener que sudar ni moverse. Mucha es la gente que está pagando grandes sumas de dinero en productos y las más diferentes técnicas, la mayoría con fines estéticos. La X de la cuestión es que en el mundo existen muchas personas que están enfermas y que no lo saben, y muchas otras que lo estarán en un corto espacio de tiempo, pero que posen una apariencia inmejorable debido a que cuidan mucho  su estética. Enfermedades como la hipertensión, el estrés, la diabetes, etc.,  no suelen presentar mudanzas físicas evidentes, además de ser muy silenciosas, pudiendo  llegar a ser muy dañinas en ausencia de cuidados. Además, la mayor parte de las investigaciones sobre las enfermedades se direccionan a la búsqueda de su cura  siempre por vía de los tratamientos  farmacológicos. Se invierte una absurda cantidad de dinero en investigaciones,  muchas de las cuales  intentan obtener fármacos que simulen los efectos beneficiosos del ejercicio físico en el organismo, como es el caso de algunas investigaciones actuales sobre diabetes tipo 2.
En presencia de la diabetes tipo 2, el hígado, la grasa y las células musculares no responden de manera óptima a la insulina, hecho que llamamos “resistencia a la insulina”. Como resultado, el azúcar de la sangre no consigue entrar en las células con el fin de ser almacenado como fuente de energía. Cuando ello ocurre, se acumulan niveles anormalmente altos de azúcar en la sangre, lo que se denomina hiperglucemia. Por lo general, la diabetes tipo 2 se desarrolla lentamente y en silencio. Gran parte de las personas que la padecen tienen sobrepeso, y el aumento de la grasa dificulta al cuerpo el uso de la insulina de la manera correcta. La diabetes tipo 2 también puede presentarse en personas delgadas y es más común en los ancianos.
Con la práctica de la actividad física, la enzima  AMPK estimula el consumo de glucosa por parte del músculo. Esto es importante porque el aumento de dicho consumo por los músculos es uno de los efectos protectores del ejercicio, principalmente para las personas con diabetes de tipo 2, que tienen un elevado nivel de glucosa en la sangre. El ejercicio físico es perfecto para controlar estos niveles, tanto de azúcar, como de colesterol y la presión arterial. Las personas que hacen ejercicio físico de manera  regular pueden reducir a la mitad el riesgo de desarrollar alguna enfermedad. Infelizmente, el porcentaje de personas que se ejercitan es muy pequeño.  
¿No sería más barato educar a la gente sobre la importancia de la práctica regular de la actividad física y facilitar el acceso de las personas a los centros deportivos que destinar miles de millones para crear fármacos que imiten sus beneficios? Una buena medida en España, por ejemplo, sería la reducción del IVA actual del 21% que soportan las instalaciones deportivas, y  establecer bonificaciones fiscales para las personas que practican actividad física en una instalación, y que serviría como un incentivo para reducir el sedentarismo en la población general.

Vivimos en un entorno tremendamente hostil para la salud. La proliferación de los “fast food”, las grasas polisaturadas, el excesivo consumo de azúcar, de sal,  los refrescos, el ingente consumo de carne roja, la harina refinada, la combinación de la harina refinada con el azúcar, el alcohol, el tabaco u otras  drogas, la contaminación ambiental, la contaminación acústica, el estrés, el sedentarismo, la contaminación del agua, etc.  En la existencia de una enfermedad, curarse vía fármacos no es suficiente, pues si la persona sigue teniendo los mismos hábitos perjudiciales que le llevaron a ponerse enferma, es casi que seguro que con el tiempo volverá a tener recaídas o se fomentará la aparición de otras enfermedades. De todos los fármacos conocidos hasta el momento, el ejercicio físico, combinado o no con los fármacos químicos, es la única vía capaz de tratar y de fomentar  cambios reales, mismo en presencia de dicho ambiente hostil en que vivimos.
Sería interesante que los gobiernos invirtieran las mismas cantidades de dinero que se gastan en investigar fármacos químicos en educar las personas sobre la importancia de moverse, en programas de incentivo para la práctica de actividad física y en concienciar sobre la necesidad de tener una alimentación sana. Con la educación podríamos tener resultados bastante más efectivos tanto en la prevención  como en la cura de las patologías. Al encarar las enfermedades desde diferentes puntos de vista ganamos todos y,  sobre todo, nos damos cuenta de que la prevención es uno de los pilares fundamentales para la lucha contra  la mayoría de las enfermedades. Las respuestas metabólicas del ejercicio físico son fundamentales para el mantenimiento de la buena salud. Esa máquina tan maravillosa que es el cuerpo humano necesita moverse y, además, también necesita ser bien gestionada, así que cuanto mayor es el control que tengamos sobre nuestro cuerpo, mejores serán las posibilidades de tener una vida con más calidad y libre de enfermedades.
El ejercicio físico es un fármaco tan potente que es capaz de curar enfermedades y de prevenirlas, además de evitar las recaídas de las mismas. Dentro de la práctica del ejercicio físico, el sistema cardiovascular favorece el transporte de hormonas, nutrientes y oxígeno al organismo para que pueda aguantar el entrenamiento, al mismo tiempo que elimina del cuerpo los deshechos. Las hormonas como la epinefrina, el  glucagón, el cortisol, las tiroideas y la hormona del crecimiento, desarrollan una interesante situación metabólica para mantener el ejercicio físico en el marco de la homeostasis corporal (estabilización del cuerpo en los procesos fisiológicos).
El sudor producido por la actividad física facilita la eliminación de las toxinas y  al mismo tiempo controla la temperatura del cuerpo,  eliminando  el  exceso de calor. Éste es uno de los  motivos por lo que es importante sudar, al contrario de lo que piensan muchas personas a las que no les gusta practicar actividad física porque no quieren sudar.
El ejercicio físico dentro de las enfermedades es capaz de eliminar el estrés, que es uno de los “grandes villanos” dentro del proceso patológico. El sistema inmunitario utiliza muchísima energía: cuando estamos enfermos, nos sentimos muy cansados porque nuestras energías están siendo  utilizadas por el sistema inmunitario. Las hormonas del estrés inutilizan todo aquello que utiliza energía dentro del organismo. Cuando una  persona está bajo estrés, las células dejan de regenerarse. A cada tres días el sistema digestivo renueva sus células, pero en presencia de estrés, éste interfiere en ese crecimiento. Cuando hay estrés, el sistema inmunitario se apaga. De ser así, el organismo estará expuesto a otras enfermedades. El estrés es mucho más serio de lo que mucha gente piensa; ésta enfermedad es muy dañina, tanto presentándose sola, como acompañando a otras patologías. La única manera de erradicar el estrés de nuestras vidas es practicar ejercicio físico regular  y cambiar de estilo de vida adoptando mejores hábitos. 
  
Mismo dentro del proceso de una enfermedad, nuestro cuerpo sigue desarrollando una frenética actividad. Al caminar, por ejemplo, solicitamos 200 músculos diferentes; para conducir un coche, 100 músculos; levantar una taza de café, 70 músculos. Los músculos de la parte posterior de las piernas, que son los más voluminosos, requieren las órdenes de  500 nervios; son los músculos de mayor tracción. Lo que es realmente interesante no es la manera en que controlamos los músculos grandes, sino cómo  controlamos los pequeños. Los músculos más complejos, como es el caso  de los de las manos, necesitan de 4.000 nervios para el control de sus movimientos [1]. Cada mano cuenta con 27 huesos, 39 diferentes músculos y más de 1.600 kilómetros de fibras nerviosas y vasos sanguíneos. La coordinación de ese trabajo supone una gran labor por parte del cerebro: el hecho de controlar nuestras manos ocupa casi la mitad de la parte de nuestro cerebro destinada al control del movimiento. La práctica del ejercicio físico proporciona mucho trabajo al cerebro haciendo que éste esté muy ocupado gestionando una gran cantidad de estímulos. Y ese hecho proporciona la inhibición de la hormona del estrés.
Para desenvolver toda esa actividad, el cuerpo necesita  mucha energía. Por ello,  el sistema inmunitario siempre debe  estar protegido, y la mejor manera de hacerlo es a través de la práctica regular de la actividad física, aunque sea dentro de una enfermedad.
Cuando una persona está bajo mucho estrés,  enferma. Al debilitar el  sistema  inmunitario, las células malas  proliferan y las enfermedades se expanden. Ése es uno de los motivos por los cuales  algunos tratamientos con fármacos no funcionan o tardan mucho más tiempo en hacer efecto. Ese estrés se asocia al miedo, a las emociones, y a las enfermedades que se están tratando. Los tratamientos farmacológicos son de suma importancia en muchos casos, pero es fundamental informar a las personas de que el cuerpo humano está diseñado para moverse, así que es muy importante mantener una vida activa mismo dentro de una enfermedad, pues hacer ejercicio controlado  podrá acelerar el proceso de recuperación de una patología debido a que éste inhibe la liberación del ACTH (hormona del estrés), evitando la aparición de estrés.
Enfocar la vida de una manera sana es la forma más eficaz de ayudar a nuestro organismo a  realizar sus funciones vitales y  mecánicas. Practicar actividad física y mantener una dieta equilibrada y ecuánime al entrenamiento físico y al gasto energético, propiciará una buena salud. Cuando practicamos ejercicio físico nos sentimos más descargados de las tensiones, más animados, más tranquilos, más “limpios” por dentro.




[1] El blog del Dr Sergio Simphronio – EL MOVIMIENTOY EL APRENDIZAJE



miércoles, 6 de agosto de 2014

EJERCICIO FÍSICO Y ALZHEIMER: La actividad física puede favorecer la salud cognitiva.

La salud que tendremos mañana, dependerá de cómo nos cuidamos hoy.
Según la Organización Mundial de la Salud  se estima que 35.6 millones de personas en el mundo padecen alguna demencia. La enfermedad de Alzheimer es la más común. Ha sido comprobado en algunos estudios que con el control de otras enfermedades y de algunos factores de riesgo como la hipertensión, la obesidad, la diabetes, la  depresión, el sedentarismo y también el tabaquismo, se puede reducir la prevalencia de Alzheimer en el mundo. Las personas con esta enfermedad van perdiendo la memoria, y con el tiempo esa situación va empeorando. Es una enfermedad que elimina la autonomía de toma de decisiones, al mismo tiempo que inhabilita a la persona para la ejecución de tareas diarias. Eventualmente, las complicaciones provenidas del Alzheimer pueden ocasionar la muerte. En Estados Unidos es la quinta causa de muerte, de acuerdo con el Centro para la Prevención y Control de Enfermedades de este país. Sobre 5.3 millones de personas en Estados Unidos padecen  Alzheimer.
La demencia es un trastorno definido por un deterioro cognitivo  progresivo ocasionado por daños o desórdenes cerebrales, con tamaña transcendencia que es capaz de alterar negativamente la calidad de vida de la persona que lo padece, así como de inhibir su autonomía para el desarrollo de una vida normal e independiente.  La actividad física y una alimentación equilibrada pueden jugar un papel primordial en la prevención de las enfermedades. Con respecto  a la salud cerebral de personas adultas, algunos estudios han observado una disminución del declive cognitivo  en aquellas personas que practican ejercicio físico y que tienen una dieta equilibrada. En una metódica revisión, comprobamos  una importante  conexión entre actividad física y una reducción del riesgo de desarrollar demencia.
Hemos desarrollado un estudio  sobre la posibilidad de reducir el deterioro cerebral  vía ejercicio físico.  Dicho estudio tuvo una duración de 2 años, e intervinieron 400 personas con edades comprendidas entre 65 y 80 años, siendo 120 hombres y 280 mujeres. Las personas fueron divididas en dos grupos, uno que practicaría ejercicio físico y otro que no. El objetivo era conocer las zonas del cerebro que realmente se estimulan con la práctica de la actividad física, al mismo tiempo que mesurar el desarrollo cognitivo del cerebro dentro del ejercicio físico mediante  las zonas del cerebro que se estimulaban durante la práctica. Se trataba de  evaluar la posibilidad de inhibir el declive cognitivo y cerebral en personas adultas, sobre todo en las personas mayores, por medio del entrenamiento aeróbico coreografiado acompañado de música, con  desplazamientos en todas las direcciones, giros, cambios de ritmo, y al mismo tiempo mejorar su capacidad cardiorrespiratoria. Las clases tenían una frecuencia de 3 veces por semana y una duración de 60 minutos. Esta clase de movimientos coreografiados ocasionan una  inestabilidad positiva y hacen que el cerebro tenga que aprender rápidamente y a la vez dar soluciones efectivas  para mantener el cuerpo en equilibrio y  libre de problemas. También dentro de ese mismo trabajo, se utilizaron  muchos movimientos de coordinación motora de manos y brazos. El cerebro utiliza un 10% de su energía solamente para gestionar los movimientos de las manos, así que resultaba ser una buena idea también el plantear desafíos coreografiados utilizando las manos y los brazos. Todo el trabajo estaba enfocado en clases dirigidas de aerodance y step. El objetivo era estimular   varias inteligencias como la inteligencia espacial o visual, la matemática, la interpersonal, o la musical. Desde luego no eran las mismas clases que se imparten a veinteañeros, pero tampoco eran clases enfocadas a la tercera edad, como se suele decir. El grado de dificultad de las mismas era respetable, sobretodo  tratándose  de personas de esas edades. Al final de cada sesión se procedía a hacer trabajos de estiramientos. 

Se ha comprobado que los entrenamientos físicos de resistencia aeróbica coreografiados que contienen cierto grado de dificultad con respecto a la coordinación motora y que son aplicados de manera habitual, se relacionan con una disminución del riesgo de padecer demencia.  Cuanto mejor es la coordinación motora, mejores serán las respuestas neurofisiológicas de cara a los estímulos musculares. La coordinación motora proporciona una mejor acción muscular y a la vez perfecciona la interpretación nerviosa del movimiento. Estando el cerebro en equilibrio con el cuerpo, cualquier clase de estímulo que recibamos será rápidamente asimilada. Las sinapsis cerebrales funcionarán de una manera bastante más acelerada y las respuestas musculares se harán de una forma inmediata. Nuestro cerebro es musical, y la música estimula el movimiento, hecho que propicia el desarrollo de la inteligencia, siendo una combinación perfecta para el aprendizaje, no importando la edad. La música es capaz de llegar a cualquier función cognitiva  y afectiva en la estructura del cerebro. La música está directamente relacionada con nuestro cerebro primitivo, y es capaz de provocar distintas reacciones emotivas en las más diferentes situaciones.  Al combinar música y movimiento, nuestro cerebro recibe una ingente cantidad de estímulos y tiene que ponerse en marcha dentro de una actividad frenética,  y eso es tremendamente positivo cuando el objetivo es inhibir la demencia. Hemos comprobado que el entrenamiento de resistencia  aeróbico coreografiado enfocado a adultos mayores sedentarios, fue capaz de incrementar  el tamaño del hipocampo (en un 2,47% en el izquierdo y en un 2,15% en el derecho). Al término del primero año, nos hemos percatado de que la memoria de los participantes del primero grupo se había incrementado; sin embargo, en el segundo grupo, que no había practicado ejercicio físico en ningún momento, se observó un deterioro de un 1,20% y 1,25% en el hipocampo en los dos lados.
Al desarrollar alguna actividad coreografiada, tanto en hombres como en  mujeres,  el Lóbulo Frontal es accionado, y  con sus neuronas se encarga de controlar los músculos del cuerpo, de la reproducción del habla, de la elaboración del pensamiento y de la emoción. El Lóbulo Parietal influye en la  ubicación espacio-temporal, que se relaciona con los sonidos y la memoria, además de participar en los desplazamientos de la persona en cuestión, fomentando la integración espacio / individuo. También calcula las distancias entre el individuo y los  demás mientras  están en movimiento. El Lóbulo Occipital interpreta las imágenes y figuras coreográficas. El Lóbulo Temporal se encarga de complejas tareas como el reconocimiento de procesos auditivos y visuales; se ocupa de la audición y del lenguaje, entre otras funciones. Al escuchar las músicas que son utilizadas en las sesiones de entrenamiento, el lóbulo temporal se encarga de descifrar todas las informaciones que son recibidas.  Cuando nos comunicamos oralmente con otra persona pasa lo mismo: todo el proceso de memorización auditiva y  la gestión de las informaciones que recibimos  pasa por ese interesante órgano, que recibe, procesa e identifica la información que entra a través del oído; además, también ayuda en la gestión del equilibrio y regula las emociones. El Cerebelo, de entre varias funciones, también ayuda a controlar el equilibrio del cuerpo, no importando la situación en que éste se encuentre.  Al bailar o con la utilización de movimientos coreografiados dentro de un entrenamiento,   el metabolismo se  acelera y, en consecuencia,  habrá un incremento en la cantidad de riego sanguíneo. Cuanto mayor es la cantidad de riego sanguíneo, mayor será la claridad para ver las cosas y para la toma de decisiones. Otra de las cosas interesantes que ocurren con la subida del riego sanguíneo, es el aumento de la neuroplasticidad; en otras palabras, una mayor conexión entre neuronas. Estimular el riego sanguíneo en esas poblaciones es algo muy interesante.

La actividad física puede favorecer la salud cognitiva mediante  algunos beneficios observados en el sistema cardiovascular que se extienden al sistema cerebro-vascular: el incremento de la neurogénesis, principalmente a nivel del hipocampo,  la mejora de la citoarquitectura cerebral y de las propiedades electrofisiológicas, el aumento de los factores de crecimiento cerebrales,  una disminución de la formación de las placas amiloides en la enfermedad de Alzheimer.


                 Además de estimular las inteligencias, en este estudio se buscaba
                                     
ACTH – hormona del estrés
AMPK – hormona que estimula la quema de glucosa. Ésta se pone en marcha cuando hacemos ejercicio y una de sus actividades es favorecer el  aumento  del consumo de glucosa  y de oxígeno en los músculos.
S/E/O/D/N – hormonas del bienestar y de la felicidad
LRRTM1 – gen relacionado con el uso de las manos. Cambia la simetría del cerebro de manera congénita o impuesta.

Se han obtenido resultados   muy interesantes, pues las zonas cerebrales que han sido estimuladas son  las mismas que se estimulan  en las actividades de desarrollo  cognitivo libres de actividad física.
La actividad  física para el desarrollo cognitivo, además de ser un favorable entrenamiento cardiovascular,  es capaz de incrementar  la reserva cerebral mediante la inducción de neurogénesis y sinaptogénesis, de aumentar la reactividad sináptica del hipocampo,  de mejorar la vasculatura cerebral,  de reducir el depósito de hierro en el cerebro, de reordenar las redes neurocognitivas,  de debilitar  las reacciones adversas de las hormonas del estrés en el cerebro, de alterar  la densidad de las lesiones de la sustancia blanca que reflejan microangiopatía, y de mejorar el rendimiento cognitivo.  Algunos otros estudios han comprobado que las actividades cognitivamente estimulantes desde las primeras edades, se asocian a una disminución del riesgo de sufrir enfermedades cerebrales en el futuro, sobre todo en las mujeres, y eso podría empezar desde la gestación.  Durante el embarazo, el ejercicio físico controlado y supervisado ayuda a mejorar  la circulación fetal, mucho más que estar en reposo en la cama, lo que beneficiaría enormemente al feto. Es tremendamente positivo para la madre, al mismo tiempo que se fomentan los primeros estímulos al bebé antes mismo de nacer.
No obstante, si  direccionamos nuestras miradas al desarrollo de la inteligencia,  hay varios estudios que han comprobado que los niños que hacen ejercicio tienen un mejor rendimiento académico. El aumento del flujo sanguíneo que llega al cerebro hace que mejore su oxigenación; de otra parte, los factores de crecimiento se incrementan de una manera muy significativa, lo que favorece en los niños la creación de nuevas neuronas y potencia la flexibilidad sináptica del cerebro, lo que es fundamental en estas edades. Asimismo, el ejercicio físico también aumenta las cantidades de dos neurotransmisores (noradrenalina y endorfina) que disminuyen el estrés, mejoran el ánimo y son importantes para conseguir un mejor aprendizaje.  Un buen entrenamiento físico es capaz de estimular el cerebro, y a la vez de proporcionar una estupenda  mejoría física, tanto en las primeras edades como en las edades adultas, al mismo tiempo que será capaz de fomentar una vejez libre de enfermedades, sobre todo de las cerebrales. Desde luego todavía hay mucho que aprender y mucho camino por recorrer dentro de las enfermedades, principalmente las del cerebro, sin embargo los resultados hasta ahora están siendo muy prometedores.

En 21 días las células madre se convierten en neuronas. Por este motivo es fundamental que tengamos en cuenta que siempre podemos aprender cosas nuevas y que la edad no debe ser un impedimento para ello. La actividad física es una gran herramienta para el desarrollo de la inteligencia en todas las edades, y concretamente para prevenir el deterioro cognitivo.  La mejor manera de mantenernos biológicamente jóvenes es  aprender siempre algo nuevo.





miércoles, 18 de junio de 2014

LAS UNIDADES DE TRATAMIENTO DE ENFERMEDADES POR MEDIO DEL EJERCICIO FÍSICO

La introducción de las unidades de actividad física en los hospitales y clínicas es un hecho que crece a cada día en muchos países.  Son innúmeras las evidencias científicas que comprueban la efectividad del ejercicio físico como apoyo a un tratamiento, para un  tratamiento, en la recuperación o para la prevención de las enfermedades, pero es importante puntualizar que para que estas unidades  realmente funcionen con una gran efectividad, no basta con sólo introducir algunos movimientos en forma de ejercicio para que los pacientes se muevan, ni tampoco  con enseñarles tablas de ejercicios y supervisarles. Es ésta una cuestión  bastante más profunda de lo que muchos puedan imaginar. Siempre digo que las enfermedades no tienen  nada que ver con la salud, pero el gran reto es hacer  que las dos se fusionen haciendo que la primera desaparezca. Llevo más de 10 años creando e  introduciendo unidades de tratamiento de enfermedades por medio de la actividad física, principalmente en hospitales de Estados Unidos, Inglaterra, y últimamente en Noruega. En un principio haciéndolo de manera privada como asesor (PhD), y después a través de SIMPH MEDICAL FITNESS INSTITUTE con las UEFE® (Unidad de Entrenamiento Físico para Enfermedades), siempre obteniendo resultados muy satisfactorios en la aplicación de los más distintos protocolos para el desarrollo de las terapias con actividad física. Es fundamental resaltar que el concepto de unidades de tratamiento vía ejercicio que tenemos y que introducimos en los países en los que operamos es muy completo. Va mucho más allá que una pequeña sala  dentro de un hospital. El concepto de las unidades que creamos es el de verdaderos gimnasios enfocados a personas con patologías, algunas incluso con piscina semiolímpica. Muchos de los que estáis leyendo este artículo estaréis pensando que eso no puede ser posible, pero os aseguro que no sólo es posible  sino además  muy lógico y necesario, pues la primicia principal de esta clase de tratamiento es alejar al paciente al máximo del clima de un hospital. Los ejercicios nunca deben ser aplicados por profesionales que lleven los típicos pijamas hospitalarios o batas que utiliza el personal sanitario, pues esto es totalmente  contraproducente. La ropa deportiva es la más adecuada, y además  hemos comprobado con estudios que los niveles de serotonina de las personas que han participado en el programa subían al desarrollar el entrenamiento con un profesional que utilizaba ropa deportiva; en contrapartida, los pacientes asocian el pijama sanitario a los fármacos, a sus enfermedades y,  lo peor, al dolor.
A este respecto hemos desarrollado un interesante estudio con algunos de los participantes del programa de actividad física para el tratamiento de enfermedades.  Constituía un grupo de  60 participantes,  siendo 20 varones de edades comprendidas entre 45 y 55 años, y 40 mujeres de edades comprendidas entre 30 y 60 años.
Se ha procedido a recoger la saliva de los 60 pacientes antes de empezar el programa con profesionales (entrenadores) que llevaban pijamas blancos y lilas. Al concluir la sesión, hemos repetido la operación. Las dos tomas de saliva de los participantes eran analizadas cada día durante una semana. En la semana siguiente, hemos procedido de la misma manera,  con el mismo tipo de entrenamiento, de procedimientos, y con los mismos profesionales (entrenadores), pero utilizando ropas deportivas.
Profesionales utilizando pijamas.
Al analizar los niveles de cortisol en saliva, hemos comprobado que todos los participantes del estudio, antes de empezar la sesión, tenían niveles de estrés muy aceptables. Sin embargo, estas mismas personas al terminar la sesión, poseían  niveles de estrés totalmente diferentes con respecto al inicio de la actividad. En un 65% de estas personas hemos comprobado que los niveles de estrés se habían disparado a una clasificación no aceptable, un 30% de ellos tuvieron una elevación moderada, y el 5% restante no presentó una alteración significativa.
Profesionales utilizando ropas deportivas.
Al analizar el cortisol en saliva de las mismas personas en la segunda semana, hemos podido comprobar que en un 25% de los participantes, los niveles de estrés se habían alterado de una manera inapreciable; no obstante,  en un 75% de ellos, estos niveles  habían bajado de manera significativa.
No contentos,  hemos querido ahondar en el  porqué de tal hecho. Hemos seguido con el estudio durante dos semanas más, pero suprimimos los test de saliva, y procedimos a estudiar el cerebro de 10 de los participantes vía resonancia magnética, justo aquéllos que tuvieron los cambios de ACTH (hormona del estrés) más pronunciados en la segunda parte de estudio, aquéllos en los que más bajaron los niveles de cortisol al tener a un profesional aplicando los programas de actividad física con ropa deportiva. La segunda parte del estudio  ha sido realizada con la utilización de los pijamas hospitalarios  por parte de los profesionales. Todas las personas presentaron mapas muy parecidos en su cerebro. En todas ellas se podían apreciar las “zonas  cerebrales del dolor”.
Se apreciaban las zonas del tálamo (encima del cerebro primitivo), el lóbulo parietal (información sensorial), sistema líbico (procesos emocionales), corteza cerebral (parte de la razón). Este descubrimiento nos ha hecho pensar que los pijamas hospitalarios en la práctica deportiva alteran los niveles de ACTH en los pacientes, debido a que les provocan una asociación directa con el dolor. Desde luego, si a un proceso de recuperación de alguna enfermedad o durante el tratamiento de la misma hay presencia de estrés, la enfermedad se hace más fuerte, pues éste inhibe el sistema inmunológico.  Al llegar datos  negativos al cerebro,  ya sea en forma de estrés, o de malos recuerdos o experiencias, éste analiza y toma las decisiones más pertinentes para la protección del cuerpo. El cerebro construye el dolor en base al análisis de los datos que recibe, pero también de las experiencias y del aprendizaje.
Desde nuestro punto de vista, el profesional más indicado para desarrollar este servicio es el profesor de educación física especializado en tratamiento de enfermedades vía ejercicio físico. Desde nuestra experiencia, el trabajo en equipo es lo más importante para que se logre una recuperación activa de pacientes que hagan parte de esta clase de programas. Y por supuesto los médicos siempre deben  dar el visto bueno para que los pacientes puedan hacer parte de los programas de recuperación activa vía ejercicio físico. Las reuniones entre profesionales de las más distintas áreas son frecuentes, se estudia cada caso de manera aislada, y todos tienen mucho que aportar; hay que recordar que lo importante es el paciente y su salud.  Es fundamental hacer que el paciente se sienta sano, aunque no sea así, que quiera sentirse fuerte, además de proporcionarle una de las herramientas principales para su recuperación, que es la autoestima. Estas unidades son fundamentales, pues proporcionan herramientas indispensables para una recuperación activa en los pacientes.
 Antes de crear una unidad, ya sea en un hospital, en un gimnasio, o en un hotel,  entrenamos a todo el personal implicado:   médicos, fisioterapeutas, enfermeros, profesores de educación física, nutricionistas, etc. Todos deben trabajar al unísono, compartiendo informaciones y conocimientos sobre cada caso.
Es muy importante puntualizar que los cambios neurofisiológicos que sufren las personas enfermas dentro de la práctica de la actividad física son innúmeros. Dicho esto, hay que tener muy en cuenta el estado anímico y el lado psicológico del paciente, ya que según este estado y la gravedad de la enfermedad,  se puede  alargar mucho la recuperación de la persona afectada por la patología.     
De otra parte, no podemos olvidar que las defensas de estas personas  muchas veces están  bajo mínimos, a lo que hay que añadir el componente de estrés que generan todas las enfermedades; éste se manifiesta en forma de miedo o de preocupación, y ahí tendremos un gran problema para obtener el éxito deseado en el tratamiento. Éste es uno de los principales motivos por los que el personal sanitario debe  estar muy bien entrenado para tratar con los pacientes que harán parte de dicho programa. Nunca debemos tratarles como enfermos, aunque  lo sean; no cuesta nada sonreír a un paciente; no cuesta mirarle a los ojos al hablarles; no cuesta escucharles aunque sea por un minuto, aunque nos apremie la inexistencia de tiempo; no cuesta transmitirles un poco de paz y tranquilidad, mismo estando dentro de un hospital.
La actividad física es una herramienta fundamental para lograr la recuperación de una enfermedad,  mismo en la prevención, pero debe  ser muy bien aplicada, sobretodo en casos como éstos. De no ser así, podrá perder su efectividad y los resultados pueden ser muy negativos, y en algunos casos incluso perjudiciales. El ejercicio físico equilibrado y bien aplicado, además de elevar los niveles de serotonina, endorfinas, oxitocina, etc., reduce el ACTH (hormona del estrés), y es capaz de eliminar a los radicales libres.
De otra parte, los radicales libres también están directamente relacionados con muchas enfermedades como la Fibromialgia, el Cáncer, la Arteriosclerosis, etc., estando también relacionados con otros procesos biológicos como la vejez. Estos fenómenos  de oxidación por radicales libres están en el origen de muchas enfermedades (1). Dicho esto, es muy importante recordar que la actividad física también puede producir radicales libres.
El problema ocurre cuando la producción de radicales libres supera la capacidad del organismo de “antioxidar”, generando  con ello un desequilibrio que tiene como resultado el estrés oxidativo y, en consecuencia, el daño celular. Eso puede ocurrir con la gran ingesta de fármacos derivada del tratamiento médico necesario en el proceso, pero también por una vida alimenticia mal enfocada donde el consumo de los alimentos ácidos superaba  al  de los alcalinos, y también por la práctica desequilibrada del ejercicio físico, máxime en casos de personas que padecen o que han padecido  alguna enfermedad, y teniendo en cuenta que algunas de ellas nunca han practicado ejercicio físico en su vida. Sus defensas estarán bajas y tendrán una energía limitada para la práctica del ejercicio físico. Un protocolo mal aplicado podría tener efectos muy negativos.
Por este motivo la sincronización y adaptación de la aplicación de la actividad física tanto a la patología como a la individualidad de la persona es de lo más importante en estos casos pero,  para poder hacerlo,  es necesario tener un gran conocimiento tanto de la enfermedad como de la práctica del ejercicio físico, al mismo tiempo que es fundamental conocer a la persona la que se aplica el tratamiento. La nutrición deportiva aplicada al tratamiento de enfermedades también es de suma importancia. En el caso de SIMPH MEDICAL FITNESS INSTITUTE, aplicamos la NDE®  (Nutrición Deportiva para Enfermedades).
Para desarrollar esta clase de tratamiento, es imprescindible controlar la aplicación de la actividad física dentro de la enfermedad, así como saber  establecer las recomendaciones sobre la cantidad  y la intensidad de actividad física pertinente e ideal para el tratamiento.
  

(1)El blog del Dr. Sergio Simphronio  LA ACTIVIDAD FÍSICA Y EL ESTRÉS OXIDATIVO





jueves, 8 de mayo de 2014

LAS EMOCIONES DENTRO DE LAS ENFERMEDADES

Se empieza a hablar cada vez más y con mayor frecuencia sobre los tratamientos de enfermedades por medio de la actividad física. Es muy importante llamar la atención sobre varios aspectos,  uno de ellos, y el más importante, que el mundo de las enfermedades es algo muy  interesante pero muy complejo a la vez, y hay que estar verdaderamente preparado para asumir una  responsabilidad de este calado. De otra parte, al plantear tratamientos vía ejercicio físico a  poblaciones especiales para las más distintas enfermedades, es de sentido común conocer las  enfermedades a fondo antes de la aplicación de la actividad física, al mismo tiempo que es fundamental tener un gran conocimiento sobre los ejercicios físicos y sus diferentes formas de aplicación, además de estar al  tanto de todos los efectos que estos últimos pueden proporcionar a las personas que padecen alguna anomalía. Dicho esto, me empieza a preocupar la proliferación de publicidades que últimamente veo sobre muchas y variadas  actividades que sirven para tratar una inmensa cantidad de enfermedades, y que además todas las personas que las aplican se dicen “capacitadas” para hacerlo. Desde luego algunas personas del mundo de la actividad física y de la salud sí que están capacitadas, y además con una gran preparación, pero lo que me asusta es que hay una inmensa cantidad de personas que carecen de esta clase de formación, y que aún así siguen trabajando con esas poblaciones. El mundo de las enfermedades no tiene nada que ver con el de la salud. El gran tema es fomentar que estos dos mundos se fusionen haciendo que el de las enfermedades desaparezca.

Llevo más de 20 años investigando el tratamiento de enfermedades vía ejercicio físico de los cuales,  en algunas enfermedades, tengo grupos de investigación que llevan conmigo 12 años; y sin embargo cada día que pasa descubrimos algo nuevo y me doy cuenta de que mi conocimiento es imperceptible.  
Dentro de los tratamientos de enfermedades por medio de la actividad física existen varias líneas muy efectivas de trabajo. Siempre es importante recordar que el cuerpo humano tiene una ingente cantidad de sistemas de autodefensa frente a las más distintas adversidades que puedan ocurrir en el día a día. La mejor manera de entrenar estos sistemas de defensa es con la práctica de ejercicio físico regular y una alimentación equilibrada. El ejercicio físico es capaz de proporcionar una gran cantidad de estímulos que incitan a nuestro cuerpo a reaccionar de manera positiva de cara a cualquier anomalía, y que pueden ser claves en la defensa del organismo frente a una enfermedad más importante.

He escrito varios artículos hablando sobre el estrés, y lo seguiré haciendo, pues esta enfermedad que está tan bien aceptada por la sociedad, es una gran impulsora de la pérdida de calidad de vida de muchas  personas,  tanto por sí misma como si está vinculada a la presencia de alguna otra enfermedad. Está presente en más de un 90% de las enfermedades. Al ponerse enfermas las personas  se enfadan, sienten miedo, se deprimen, algunas a mayor escala que otras, pero todos estos síntomas pueden dificultar la recuperación de las enfermedades  pudiendo alargarlas de una manera considerable. Es fundamental recordar que el estrés inhibe el sistema inmunológico de las personas, facilitando así la pérdida de efectividad del organismo para protegerse frente a las adversidades. Sin embargo, en la presencia o no de cualquier enfermedad, el estrés también puede ocasionar la ansiedad y la depresión. Ante una enfermedad, de manera general, las emociones se hacen difusas, y según la manera que tenga la persona en cuestión de afrontar  dicho proceso, las emociones son capaces de regular nuestro estado mental, además de nuestro estado corporal. El cuerpo humano no sólo evidencia las emociones que sentimos, sino la manera en  la que las sentimos. El cerebro procesa algunas emociones en función del estado fisiológico del corazón. Al recibir un impulso negativo de  miedo o susto por alguna situación inesperada que se nos cruce en el camino durante la sístole (contracción miocárdica en la que el corazón expulsa la sangre de su interior), se percibe la emoción de una manera más intensa que si fuera la misma situación en diástole (cuando el corazón se relaja después de la contracción).

El cuerpo está totalmente sincronizado con las emociones, tanto es así que en algunos casos el dolor físico puede proceder de una emoción producida por un fuerte proceso de ansiedad. Las emociones humanas pueden liberar sensaciones físicas muy fuertes. El cuerpo,  además de  manifestar las sensaciones que sentimos, también es capaz de influir en la manera que sentimos estas emociones. Es importante volver a recordar que toda enfermedad tiene un componente emocional muy importante, y lo que va a determinar la inhibición de este componente es el estado anímico de la persona en cuestión. El gran impulsor para la mejoría del estado anímico de una persona es la práctica regular de ejercicio físico junto con una alimentación equilibrada, máxime si el individuo se encuentra dentro de una enfermedad. Practicar actividad física controlada y supervisada durante una enfermedad es algo muy interesante que además fomentará un avance en el proceso de recuperación del paciente.
Al hablar de la emoción, me he referido a sólo uno de los aspectos que intervienen en una enfermedad. Por ese motivo, es inteligente recordar que cada persona es un mundo totalmente diferente, y que en un tratamiento también basado en ejercicio físico, es de suma importancia individualizarlo, al mismo tiempo que debemos valorar cuál será el protocolo más indicado a seguir, puesto que el protocolo “A” quizás sea correcto, pero puede estar siendo aplicado a la persona equivocada. El cuerpo humano funciona de manera global, es decir, todo está conectado con todo. En presencia de una enfermedad, el cerebro recalcula todos sus procedimientos cambiando así el metabolismo de la persona con el fin de recuperar su integridad física lo antes posible. Para el tratamiento de enfermedades vía actividad física, debemos seguir la misma máxima.



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jueves, 24 de abril de 2014

ENFERMEDADES / EJERCICIO FÍSICO / RESULTADOS


Todos sabemos que la práctica del ejercicio físico  nos ayuda a fomentar una vida equilibrada, sobre todo si la asociamos a una alimentación saludable y a buenas horas de descanso. En los últimos 20 años se ha investigado mucho y se ha conseguido información para mejorar muchas técnicas de entrenamiento físico, al mismo tiempo que han surgido una gran cantidad de nuevas técnicas de entrenamiento que han  contribuido a aumentar el abanico de posibilidades para que se pueda lograr una mejoría de la   condición física de las personas de forma más segura y efectiva. Estando atentos a todas estas posibilidades, es importante tener en cuenta los resultados individuales de la aplicación de dichas técnicas en las más distintas poblaciones. Si enfocamos el  tema a las poblaciones especiales que padecen alguna clase de enfermedad, y donde se está procediendo a la aplicación de terapias físicas, lo primero que se debe tener en cuenta es la individualidad de cada persona. Cada persona es un mundo completamente diferente, y de cara a un tratamiento basado en ejercicios físicos, las respuestas pueden ser muy distintas de un individuo a otro. Esta regla también es importante para las personas sanas que practican actividad física.
La actividad física proporciona una inmensa cantidad de estímulos al cerebro que,  a su vez, será capaz de reprogramar las funciones cognitivas, e incluso de cambiar el ADN de las células. Al empezar con la práctica del ejercicio físico, el cerebro reprograma todas las respuestas celulares y las funciones de todo nuestro cuerpo; pero para que nuestro metabolismo pueda asimilar dichos cambios y hacer que éstos hagan parte de nuestro estilo de vida, es fundamental tener en cuenta el factor  tiempo.
Dentro de un entrenamiento físico, a veces se espera un determinado resultado o algunas respuestas a dichos ejercicios que en ocasiones no llegan con la facilidad esperada. Si el planteamiento de los ejercicios y su aplicación son correctos, es importante dar atención a un aspecto que muchas veces pasa desapercibido: el tiempo de adaptación del individuo a los estímulos proporcionados y las respuestas celulares a los mismos.
Al aprender algo nuevo algunas células nerviosas se ponen en marcha y consumen mucha energía.  
En el momento en el que el aprendizaje se fija en el cerebro, la persona en cuestión pasa a repetir lo que ha sido aprendido sin apenas esfuerzo, pero la repetición de los movimientos y las costumbres son controladas por los ganglios basales, y a sus neuronas “no les gusta” aprender cosas nuevas.

Cuando se aprende algo nuevo se liberan grandes cantidades de Dopamina.

La Dopamina es un neurotransmisor  que tiene como funciones principales proporcionar energía mental, mejorar la atención, controlar los impulsos, la motivación, la determinación,  el movimiento, la memoria, recompensas agradables, el comportamiento y la cognición, la atención, el sueño, el humor, el aprendizaje, la inhibición de la prolactina (hormona que aumenta la secreción de la leche de la glándula mamaria).

El cerebro procesa cada acción que realizamos, por este motivo existen movimientos o acciones que desenvolvemos sin darnos  cuenta muchas veces, debido a la mecanización de dichas acciones. En todo que hacemos durante el día, nuestro cerebro ya tiene calculado, asumido y controlado la mayor parte de las cosas: apagar las luces, cerrar la puerta del coche, cerrar la nevera, la costumbre de ir a entrenar al gimnasio, la costumbre de ser sedentario, etc. En el momento que cambiamos nuestros hábitos o algunas de nuestras actividades, el cerebro necesita evaluar, procesar, registrar y proceder en dicho cambio, todo ello con el objetivo de ofrecernos el mejor servicio. Para que estos cambios pasen a hacer parte de nuestras vidas,  es necesario que la nueva  acción se repita una y otra vez, y que nuestro cerebro recalcule y mecanice los nuevos estímulos transformándolos de acción de conducta a rutina. Este cambio puede tardar entre 18 a 260 días, según la persona, además de que es necesario que las nuevas tareas se automaticen durante una media de 60 a 70 reincidentes días. Pero también es importante recordar que lo mismo pasa con las malas costumbres, pues es como decir que todo se entrena y el cerebro también  necesita  tiempo para asimilar los malos hábitos. También es fundamental dar una especial atención a la enzima AMPK,  que es un regulador metabólico y auxilia a los músculos en el consumo de azúcar y de oxígeno.

                                  -  AMPK  = - MOVIMIENTO = + PEREZA
                                 +  AMPK  = + MOVIMIENTO = - PEREZA

A la hora de tomar decisiones  en la presencia de comportamientos selectivos,  la corteza prefrontal autoriza o se abstiene, y ante una situación de rutina, ésta es inhibida.   Hay muchas personas que empiezan un programa de actividad física, pero no tienen la debida paciencia para dejar que ocurra la readaptación metabólica y lograr así  los resultados. Al final de un corto espacio de tiempo, se ven igual que cuando habían empezado. No notan ninguna mejoría física, pero tampoco se preocupan en observar los avances en su salud que este corto tiempo de entrenamiento les ha proporcionado; su enfoque es meramente estético. Muchos se desaniman, tiran la toalla y vuelven a su vida sedentaria. Es fundamental tener paciencia, constancia, seriedad y respetar el tiempo de reacción de su cuerpo al ejercicio físico.
Éste es uno de los motivos por los cuales muchas personas que participan en programas antiobesidad no consiguen los resultados esperados.
Es de suma importancia dar tiempo a que el cerebro se adapte a la nueva situación y  reprograme sus tareas en función del cambio presentado , puesto que mismo en los casos de intervenciones quirúrgicas de reducción de estómago o en los programas antiobesidad, el cerebro del individuo seguirá enfocado en desarrollar el control  metabólico de una persona obesa durante un cierto tiempo, mismo que en un corto espacio de tiempo ésta haya  perdido muchos kilos y que haya pasado a mantener una vida saludable.
Un cerebro que  durante toda la vida ha estado acostumbrado a trabajar solventando  situaciones importantes debido al sobrepeso o a la obesidad (taquicardias, hipertensión, diabetes, problemas cardíacos, etc.), no cambiará sus respuestas tan rápidamente. Éste necesitará tiempo para tener la seguridad de que la nueva situación pasará  a ser una rutina en la nueva vida sana de la persona que experimentó el cambio. Otro de los factores que son muy relevantes en estos casos es la utilización de los fármacos que normalmente las personas con esa clase de enfermedad suelen tomar (fármacos para la hipertensión, para la retención de líquidos, para perder peso, etc.). Al iniciar un programa de actividad física, con el tiempo estos fármacos podrán dejar de ser necesarios, pero es esencial que pase el tiempo pertinente para que el cerebro del individuo procese la nueva información y que esté definitivamente seguro de que ya no existe ninguna anomalía, al mismo tiempo que el ejercicio físico haya conseguido eliminar los radicales libres ocasionados por los fármacos.
Tanto en los casos de intervención quirúrgica de reducción de estómago, como en los programas de reducción de peso basados en dietas, o en los programas que son basados en dieta y ejercicio físico, es primordial educar a las personas para que éstas consigan tener y mantener una buena salud no sucumbiendo al desánimo y al abandono de sí mismas otra vez. Mantener la costumbre de practicar actividad física juntamente con una buena dieta es fundamental. Es importante tener  paciencia y a la vez ser constante para conseguir resultados.  

En los casos de intervenciones quirúrgicas de reducción de estómago, la actividad física debería estar presente antes y después de la intervención. Se debería educar al paciente de manera  que éste empiece un programa previo a la intervención, es decir, que cumpla algunos requisitos para ser intervenido: que esté haciendo una dieta, que esté desarrollando un programa de actividad física, y que antes de la intervención haya bajado algo de peso. Ésta sería una manera interesante de estimular el metabolismo de ese individuo para un cambio de actitud en su vida, cosa que le facilitaría bastante una vez intervenido, pues su cerebro ya estaría preparado para la nueva situación. De ser así, estoy convencido de que el éxito en la bajada de peso de las personas obesas que acuden a las intervenciones aumentaría significativamente. 




jueves, 10 de abril de 2014

LA ACTIVIDAD FÍSICA Y EL ESTRÉS: LAS SEÑALES QUE NO VEMOS

El estrés puede desencadenar muchas enfermedades, tanto en las edades tempranas, como principalmente en las edades adultas.  Muchas veces podemos haber estado padeciendo estrés desde mucho antes de darnos cuenta de ello, y ese hecho puede haber pasado con un gran número de personas, pudiendo estar acompañándolas  toda la vida sin que se den cuenta. Solemos hablar del estrés como algo totalmente normal y cotidiano; padecer  esta enfermedad está socialmente aceptado al igual que fumar, pero tanto uno como  otro pueden provocar problemas muy importantes para la salud, además de ser grandes socios y de complementarse  a la perfección. En los días de hoy, existen muchos fármacos químicos para los efectos que el estrés ocasiona en la salud, pero el único fármaco realmente capaz de curar esta enfermedad, además de sus efectos, es la actividad física y el deporte, acompañados de una alimentación sana, balanceada, horas de sueño pertinentes para que el individuo se sienta descansado, y una vida libre de malas costumbres. Es fundamental tener en cuenta que cuanto antes se empiece la práctica del ejercicio físico y de una alimentación equilibrada, mejor. Y eso también, y sobre todo, se aplica a los niños. Es de sentido común pensar que si hacemos ejercicio físico desde las primeras edades fomentaremos una vida más equilibrada, con una gran posibilidad de que ésta esté libre de problemas de salud, tanto en la infancia, como en adolescencia o en las edades adultas. Estando en tratamiento de alguna enfermedad, el estrés supone un hándicap importante en la recuperación de la misma, pues su presencia dentro del proceso de recuperación dificultará dicho procedimiento debido a que inhibe el sistema inmune y ocasiona la bajada de las defensas de la persona que lo sufre, aumentando de una forma desmesurada la posibilidad de tener otras enfermedades o recaídas. En casos como los de la recuperación de una enfermedad, la práctica de ejercicio físico controlado y direccionado a las necesidades de la persona en cuestión podrá ayudar en su recuperación.
Una gran cantidad de las enfermedades que conocemos son ocasionadas por un mal estilo de vida y, en su gran mayoría, se desarrollan a lo largo tiempo. Son silenciosas y cuando se manifiestan, muchas veces se presentan de una forma muy agresiva. Es el caso del estrés, la hipertensión, algunos problemas cardiacos y muchas otras. Es importante que desaprendamos ciertas costumbres que nunca nos hemos preguntado por qué las asumimos. Si nos paramos a pensar, eso se remonta a las primeras edades, cuando a los niños desde muy pequeños, en la mayor parte de los casos, se les proporciona un gran estrés sin que se perciba. Muchos comportamientos de los adultos frente a los niños son cuestionables. Me refiero a niños de todas las edades, pero principalmente en las primeras edades. Los niños observan todo y estudian a los mayores constantemente. Es de suma importancia  que también aprendamos a observarles, pero no sólo las señales fundamentales que ellos manifiestan de una manera clara (hambre, sueño, etc.), sino aquellas  referencias más sutiles que ellos nos facilitan en cada momento. Muchas veces los adultos estamos insistiendo a un niño para que repita palabras, o que aprenda cosas, y eso es normal, pero es importante que estemos atentos a que ése realmente sea el momento más oportuno para hacerlo.  Algunas personas  hablan con los niños  con un tono de voz muy  alto, y se olvidan de que estos pequeños tienen una tremenda sensibilidad sensorial, y que en la ausencia de alguna anomalía auditiva, son capaces de escuchar en tonos muy, muy bajos.
Los niños también se agobian, se enfadan, son altamente sensibles a todo, y sobre todo, también se estresan, aunque mucha gente piense que esto no pasa. Lo más curioso es que cuando un bebé que apenas sabe hablar se enfada por algún motivo, los adultos se ríen por parecerles algo gracioso y no lo toman en serio, y la mayor parte de las veces siguen insistiendo en la misma acción móvil del enfado del bebe. Ésta es una manera muy  típica de fomentar estrés al pequeño. Lo más inteligente, en situaciones parecidas,  es dar atención al motivo del enfado y respetarle no repitiendo la acción. También es interesante estar atentos a las situaciones donde las informaciones se colapsan; es decir, televisión encendida con volumen alto, varias personas hablando a la vez, teléfono sonando, personas desplazándose en el ambiente, más de una persona llamando al nombre  del bebe requiriendo su  atención…Son típicas situaciones que son capaces de facilitar estrés al bebe, y que podrían ser evitadas.    
A medida que el niño va creciendo, seguirá facilitándonos muchas señales.
Desde las primeras edades es fundamental enseñar el equilibrio a los niños en todos los sentidos. Enseñarles, por ejemplo,  la costumbre de despertarse con tiempo suficiente a que no tengan que levantarse de la cama corriendo, que no necesiten  desayunar con velocidad y que no tengan que salir corriendo de casa para no llegar tarde a clase. Educarles para los deberes de casa, y los tiempos utilizados para estudiar.
Es menos estresante para nuestra salud dormir una hora menos, y tener una hora a más de tiempo para poder desayunar y preparar el día con más tranquilidad.
Desde luego los que dejan todo para la última hora nunca tendrán  tranquilidad ni equilibrio, puesto que siempre estarán corriendo detrás del tiempo que ya pasó.  De seguir así, cuando sean adultos, esa actitud ya será una constante en su vida, y lo más normal es que estas personas se hayan acostumbrado a vivir de esa manera, siempre corriendo, y que padezcan estrés sin saberlo, y desde hace mucho tiempo. Pero en los tiempos que corren esto sería una situación normal.
¿Será que nos hemos acostumbrados a estar estresados desde pequeños y nunca hemos dado cuenta de ello?
Desaprender procedimientos impuestos que carecen de un objetivo lógico es algo fundamental, pues si recordamos las situaciones anteriormente citadas, muchas personas pueden tener el estrés ya reflejado en su ADN, pues lo padecen desde las primeras edades sin saberlo. De ahí muchas veces el motivo por el que algunas personas se ponen enfermas con extremada  facilidad, máxime si añadimos la falta de actividad física, una mala dieta y los vicios. Cuando existen problemas hay que buscar soluciones, pero es imprescindible conocer la procedencia de la anomalía y los motivos por lo cuales ésta se ha manifestado; y en la solución de la misma, es primordial tener en cuenta todos los factores involucrados.   




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jueves, 13 de marzo de 2014

DEJAR DE FUMAR POR MEDIO DE LA ACTIVIDAD FÍSICA

Desde el siglo pasado, uno de los grandes problemas que afectan  a la salud de las personas es la adicción. Cualquier forma de adicción es muy perjudicial para la salud, pues fomenta cambios bioquímicos importantes en el cerebro haciendo que ocurran mudanzas importantes en el funcionamiento de nuestro organismo. Ya sea  una  adicción al ejercicio físico como una adicción al alcohol,  al tabaco,  al azúcar, etc.,  todas son negativas y traen malas consecuencias. En cuanto al tabaco,  es uno de los grandes problemas sanitarios de la vida contemporánea, sobre todo por ser una droga considerada legal en todo el mundo y porque su consumo es  desmesurado. No obstante, son muchas las  personas que sí quieren dejar de fumar, pero no son capaces de hacerlo debido a que la química del tabaco en su organismo les supera; otras simplemente no se plantean dejarlo a causa del placer que dicen que sienten cuando fuman. Es interesante recordar que cuando una persona fuma está ingiriendo una gran cantidad de sustancias químicas. El efecto de dichas sustancias es el que provoca la dificultad para dejar de fumar acentuando cada vez más la adicción, al mismo tiempo que son capaces de provocar grandes y graves anomalías en la salud de los que las consumen. Si realmente existiera una información clara de las autoridades con respecto a los efectos y consecuencias de todas las drogas, incluyendo el tabaco,  seguramente la cantidad de fumadores se reduciría de manera significativa en todo el mundo, al tiempo  que a muchas otras personas no se les ocurriría plantearse el iniciarse en semejante práctica. Gran parte de los  fumadores del mundo, en el momento de empezar a fumar, no son conscientes de lo que realmente están consumiendo, principalmente porque muchos de ellos comienzan a fumar cuando son muy jóvenes.

Éstos son sólo algunos de los ingredientes del tabaco:

La nicotina: tiene un efecto estimulante sobre los ganglios del sistema nervioso vegetativo en el caso de dosis  moderada, a la vez que si la dosis es elevada  tiene un efecto contrario; bloquea la trasmisión nerviosa a través de los ganglios, de ahí el efecto relajante que muchas personas dicen sentir. Cuando actúa  sobre el sistema nervioso central, la acción de la nicotina es la culpable de estimular  la dependencia psíquica del tabaco.
El monóxido de carbono. Es un gas que procede de la quema incompleta de la fibra del tabaco.
Gases irritantes. Afectan principalmente al aparato respiratorio,  aumentando la producción de mucosidad.
Sustancias cancerígenas. En el humo del cigarrillo existen diversas sustancias cancerígenas como el Benzopireno, que se forma durante la combustión  del tabaco o del papel de los cigarrillos.
Otros productos químicos. El humo del tabaco contiene cerca de 4000 productos químicos [1], entre ellos  unos 70 agentes carcinógenos, sustancias que pueden producir cáncer y otros venenos.  Estos productos se almacenan en los pulmones, acto seguido pasan a los vasos sanguíneos y de ahí a otras partes del cuerpo.

Algunos de estos productos son:

Alquitrán (utilizado para asfaltar), Arsénico (veneno mortal muy potente), Cadmio y Níquel(metales utilizados en las baterías), Cloruro de Vinilo (fabricación de PVCCleosota(componente de alquitrán), Formaldehído(conservante orgánico usado en laboratorios forenses y de anatomía patológica, sirve para conservar cadáveres), Polonio 210(elemento químico radiactivo), Uretano (utilizado para embalajes), Amoniaco (utilizado en los limpiacristales), Acetona (disolvente tóxico), Acroneleína (potente irritante bronquial y causa de enfisemas), Cianuro de Hidrógeno (veneno mortal utilizado como mata ratas), Metanol (utilizado como combustible), Tolueno (disolvente tóxico).

La industria del tabaco lleva años jugueteando con cerca de 600 adictivos diferentes con el objetivo de lograr dos cosas: aumentar la adicción a la nicotina y hacer el sabor del tabaco más  interesante; no obstante los fumadores no conocen la existencia de muchos de estos ingredientes.
Entre las sustancias propias de la planta del tabaco y las que son generadas en el proceso de combustión en los pulmones de los fumadores,  al final llegan a entrar en el organismo cerca de 400 compuestos muy dañinos para la salud.
En la hoja del tabaco se acumulan algunas  sustancias a través de los fertilizantes, tales  como el arsénico, el cloruro de vinilo, el elemento radiactivo polonio 210, o el benceno. [2]
El gerente de la Iniciativa Libre de Tabaco de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Armando Peruga, afirma que  “un fumador de un paquete y medio diario inhala cada año polonio  equivalente a la radiación producida por 360 radiografías de tórax”.

Asimismo, es importante recordar que la adicción, no importa de qué tipo,  proporciona muchas perturbaciones cognitivas.  Los sistemas cerebrales, los neurotransmisores, los sistemas de recompensa mesolímbico (principales vías del sistema nervioso central), son cruciales en el desarrollo de las manifestaciones  adictivas.
Los neurotransmisores son las sustancias químicas naturales que se responsabilizan de la actividad cerebral: de las emociones, de la motivación, de los instintos, etc. Son sustancias fundamentales en el orden del estado de  ánimo, pudiendo  provocar euforia o inapetencia. Los estados de excitación extrema, provenientes de conductas de estimulación como practicar  ejercicio físico de manera desmesurada o la utilización de drogas,  afectan a los neurotransmisores de manera que el cerebro pasa a producirlos en exceso. Estos cambios pueden ser nefastos y contribuyen de manera significativa  a un desequilibrio bioquímico.
En el proceso de la adicción, el cerebro puede dividirse en dos vías neurológicas: el cerebro racional y el cerebro primitivo, lo que en otras palabras se denomina el cerebro dual [3]. En los procesos de adicción, el cerebro dual hace más fácil la comprensión de la actividad neuroquímica en el transcurso  de la adicción. El cerebro racional corresponde a la corteza cerebral que desarrolla las funciones intelectuales. Se encarga del análisis racional. Esta área es afectada por el sistema delusional de la adicción, que es un conjunto de pensamientos adictivos que, junto con el cerebro primitivo, confabulan  para mantener el proceso adictivo (negación de la adicción). El cerebro primitivo controla las zonas mediadoras de las emociones, el estado anímico, la generación del instinto de supervivencia, la regulación corporal, etc. Es el área de las funciones vitales y está directamente implicada en el desenvolvimiento de la adicción, y es donde encontramos los desequilibrios bioquímicos responsables de la coacción, la memoria eufórica y los deseos inconscientes. Allí están las vías de dopaminas, de endorfinas, y el sistema de recompensa cerebral. El sistema de recompensa se encarga de intervenir en las contestaciones de las condicionantes  a los estímulos, produciendo retribuciones  bioquímicas para las repuestas adecuadas. La estimulación excesiva de ese sistema, afecta a las personas inclinadas a la adicción y les propicia  cambios bioquímicos permanentes de  manera que  se altera su actividad  y la respuesta a los estímulos ambientales.

Conociendo algunos de los ingredientes que componen el tabaco, al mismo tiempo que entendemos un poco más sobre qué ocurre con el cerebro en  presencia de un proceso de adicción, es natural entender la dificultad que encuentran las personas que quieren dejar de fumar y que no lo consiguen, pero eso no puede ser una excusa para no lograr hacerlo. Por medio de la actividad física he conseguido resultados muy significativos en la desintoxicación de personas fumadoras. Es un proceso largo, que está compuesto por varios factores sobre los que se debe trabajar al mismo tiempo: determinación de querer dejar de fumar; entrenamiento físico adecuado (juega un papel fundamental, pues en este caso, uno de sus beneficios es la entrada de oxígeno al organismo); alimentación alcalina balanceada; un incremento en la ingesta de agua; buenas horas de sueño; la adopción de un estilo de vida más equilibrado, libre de alcohol y de cualquier otro tipo de drogas; fomentar pensamientos positivos principalmente con respecto a la consecución del objetivo fijado; rodearse de personas sanas que no hagan volver a caer en las trampas del vicio; y , sobre todo, mucha paciencia. Con el paso del tiempo, el organismo se adaptará a la nueva situación metabólica, y una vez esté amoldado a la nueva situación, libre de los efectos químicos del tabaco en el organismo, el cerebro se familiarizará con la nueva situación haciendo posible cambiar el ADN de las células  y facilitando que la adicción al tabaco ya no haga parte del estilo de vida de la persona en cuestión. Hoy conocemos una infinidad de terapias para lograr dejar este vicio tan pernicioso, y una de las más efectivas es la terapia física, justamente por facilitar los cambios metabólicos anteriormente mencionados, además de provocar una importante subida de ánimo en las personas que se proponen utilizarla para lograr dejar el tabaco, debido a la gran cantidad de  sustancias químicas que son liberadas en el organismo mientras se practica actividad física, y que son capaces de inhibir el dolor, de bloquear la estimulación de la hormona del estrés(hormona que es estimulada con el tabaco), de mejorar nuestro bienestar disminuyendo la presión arterial, de hacer que  bebamos más agua, de mejorar el funcionamiento de los pulmones haciendo incompatible la práctica del ejercicio físico y el tabaco, de ayudar a eliminar la tremenda cantidad de elementos químicos dañinos para la salud que proporciona  el tabaco. De otra parte, muchas de las personas que se plantean dejar de fumar suelen ganar peso en los tres primeros meses de abstinencia. Generalmente se deprimen al  verse con más peso, y vuelven a fumar con el objetivo de recuperar su figura. Los expertos en tabaquismo dicen que esto es muy común, pues por un lado la nicotina calma el apetito y por otro reemplaza la costumbre de picar. Es importante tener claro que este efecto puede ocurrir, pero sólo al principio de haber dejado el tabaco, tanto en hombres como en mujeres; sin embargo, cuando uno utiliza la práctica de la actividad física como terapia para dejar el tabaco, no se producirá un aumento de peso, puesto que debido a los efectos anteriormente citados, además de la desintoxicación, el ejercicio físico también servirá para reducir la ansiedad y para compensar los niveles metabólicos proporcionando equilibrio al organismo.

Muchas personas han conseguido dejar de fumar.



Fuentes:
[1] The University of Arizona; United States Department of Health and Human Services; Iniciativa Libre de Tabaco de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
[2] Artículo publicado el 31 de enero de 2012 El blog del Dr.Sergio Simphronio Fumar delante de los niños.

[3] Artículo publicado el 16 de abril de 2013 El blog del Dr.Sergio Simphronio La adicción a la actividad física.



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