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martes, 20 de enero de 2015

EL ENTRENAMIENTO CELULAR


Haciendo un paralelismo entre los tiempos actuales y los tiempos pasados percibimos que, pese a la poca infraestructura y pocos avances que había hace 30,40, o 50 años, los niños de entonces nos poníamos bastante menos enfermos que los de hoy. Recuero que no queríamos estar enfermos para poder salir a jugar al fútbol con los compañeros y, en presencia de algún resfriado, que era la enfermedad más común en aquellas épocas,  los pocos días que nuestras madres nos decían que nos quedáramos dentro de casa nos enfadábamos mucho, pues teníamos la sensación de que nos estábamos perdiendo algo. Cuando nos resfriábamos seguíamos jugando al fútbol con los amigos en la calle, y lo más interesante es que casi no tomábamos fármacos, salvo que fuera alguna anomalía más importante. Para un simple resfriado, nuestras madres preparaban sus pócimas milagrosas aprendidas de sus madres que consistían en cosas naturales como un té de ajo caliente, miel y limón calientes, té de canela y cosas por el estilo. Estos remedios eran aplicados por la noche y al día siguiente ya estábamos recuperados. El estilo de vida que llevábamos era simplemente genial, teníamos una alimentación muy sana, hacíamos mucho ejercicio físico, estábamos siempre en movimiento. El estrés era algo que afortunadamente yo no conocía, y desde luego en aquellos tiempos se daba muy poco espacio a la posibilidad de tener una enfermedad.
El estrés es uno de los mayores impulsores de las enfermedades, puesto que la liberación del ACTH es capaz de inhibir el sistema inmune.
Cada día billones de células mueren, al mismo tiempo que otros billones  se reproducen. Cada tres días el sistema digestivo renueva sus células; cada siete días las células de actina se renuevan, y cada catorce días las de miosina; cada treinta días se renuevan las células del miocardio.  Pero ante la existencia de estrés, todo el proceso de renovación celular se bloquea debido a  que el sistema inmune se inhibe a causa de la liberación de la ACTH (hormona del estrés).
La ACTH apaga el sistema inmunitario. Por ello, en la presencia de estrés, una persona pierde muchas células,  mermando su calidad de vida de una manera muy importante. En otras palabras, se detiene  el crecimiento del cuerpo. Al mismo tiempo, con la inhibición del sistema inmunitario, la energía del cuerpo se debilita de manera sustancial, lo que facilita que los virus  actúen con mayor facilidad.
En nuestro caso, casi nunca nos poníamos enfermos, y cuando ello ocurría nos recuperábamos con tremenda facilidad. Éramos muy activos físicamente, además de que en aquellos tiempos era inaceptable que un niño pasase el día dentro de casa.  No conocíamos los ordenadores, tampoco los videojuegos. Las hamburgueserías casi que no existían y el consumo de azúcar era muy bajo. Durante el día se gastaba muchísima energía, y la obesidad no era una preocupación.   
La clave de nuestra buena salud era el ejercicio físico. El ejercicio físico es capaz de proporcionar una gran cantidad de estímulos que incitan a nuestro cuerpo a reaccionar de manera positiva de cara a cualquier anomalía, y que pueden ser claves en la defensa del organismo frente a una enfermedad más importante.   Y no me canso de decir que la práctica de actividad física nos proporciona una gran liberación de neurotransmisores que se encargan de inhibir el cortisol (hormona del estrés), además de estimular otros neurotransmisores que nos ayudan a tener tranquilidad, alegría y más ganas de hacer ejercicio y de movernos; estos neurotransmisores también pueden ser estimulados  por vía del pensamiento positivo y de la buena energía. La química del cerebro puede ser alterada por el pensamiento, tanto positivo como negativo y, cuando ello ocurre, experimentaremos las mismas sensaciones emocionales que nos son proporcionadas cuando hacemos ejercicio  o cuando estamos enfadados, deprimidos o desanimados. 
En nuestro caso, queríamos estar siempre bien de salud para poder estar con los amigos en la calle,  y ese pensamiento positivo que teníamos,  junto con el amor y la seguridad que nos transmitían nuestras madres y su convicción al confeccionar aquellas formidables pócimas, fomentaban una aceleración de nuestra recuperación.  Las ganas que teníamos de estar bien para poder salir a la calle jugar superaban a cualquier sensación de miedo por estar enfermo. 
De otra parte, yo jugaba al fútbol mismo estando resfriado, y lo único que ocurría era que al comienzo del partido me sentía un poco congestionado,  pero después de la primera carrera detrás del balón ya casi no me acordaba de que estaba enfermo. La ingente entrada de oxígeno que se producía en mi organismo, fomentaba un gran auxilio en la lucha de mis defensas en contra de los virus que estaban en mi cuerpo, al mismo tiempo que al practicar ejercicio físico, los niveles de cortisol bajaban y se fomentaba la estimulación de una gran cantidad de hormonas y neurotransmisores que proporcionan bienestar e inhiben el estrés. Se fomentaba la liberación de enormes cantidades de Dopamina.
La Dopamina es un neurotransmisor  que tiene como funciones principales proporcionar energía mental, mejorar la atención, controlar los impulsos, la motivación, la determinación,  el movimiento, la memoria, las recompensas agradables, el comportamiento y la cognición, la atención, el sueño, el humor, el aprendizaje, etc. Y, entre varias otras cosas, es un neurotransmisor predominante en las áreas del sistema de recompensa mesolímbico: respuestas de euforia y de la estimulación en el cerebro.
Dentro de una enfermedad, desafortunadamente la primera medida que viene a la cabeza de las personas es la ingesta de fármacos, muchas veces sin la prescripción de un facultativo. En los países considerados de “primer mundo”, esta adicción supera límites inimaginables. Hoy en día, al mínimo estornudo de un niño, los padres, como precaución a un posible resfriado, les proporcionan fármacos a sus hijos. Pero el abuso de fármacos puede traer consecuencias negativas. El uso excesivo de una sustancia puede llevar a la adicción.
Es importante recordar que la adicción, no importa cuál, proporciona muchas perturbaciones cognitivas.  Los sistemas cerebrales, los neurotransmisores, los sistemas de recompensa mesolímbico (principales vías del sistema nervioso central), son cruciales en el desarrollo de las manifestaciones  adictivas.
Los neurotransmisores son las sustancias químicas naturales que se responsabilizan de la actividad cerebral: de las emociones, de la motivación, de los instintos, etc. Son sustancias fundamentales en el orden del estado de  ánimo, pudiendo  provocar euforia o inapetencia. Los estados de excitación extrema, provenientes de conductas de estimulación como practicar  ejercicio físico de manera desmesurada o la utilización de drogas,  afectan a los neurotransmisores de manera que el cerebro pasa a producirlos en exceso. Estos cambios pueden ser nefastos y contribuyen de manera significativa  a un desequilibrio bioquímico.
El entrenamiento de las células:
En el desarrollo de una enfermedad, la detección del virus o patógeno que la compone es complicada, ya que éstos pueden evolucionar rápidamente produciendo adaptaciones con el fin de penetrar en el sistema inmunitario pudiendo así infectar con éxito a sus huéspedes. Para superar este problema, son  desarrollados en el organismo múltiples mecanismos que reconocen y neutralizan dichos patógenos.
Podemos entrenar nuestras células vía ejercicio físico. Según el estímulo que proporcionemos a nuestro cuerpo, nuestras células responderán de una manera o de otra, y la forma en la que nuestras células se comportan nos facilita una mejor o peor calidad de vida.
Tras la práctica del ejercicio físico se producirá un daño muscular microscópico. Este daño implica la ruptura del sarcómeros (unidad anatómica y funcional del músculo estriado), y de las membranas, lo que facilitará una inflamación,  que es la consecuencia de una respuesta inmunitaria del organismo frente al daño ocasionado. Las células inmunitarias, como por ejemplo los leucocitos, actúan y hacen que aumente el flujo sanguíneo hacia el área dañada, y éste hace que lleguen más nutrientes y más oxígeno a las zonas dañadas para poder eliminar los radicales libres, como por ejemplo el lactato.
Al practicar actividad física dentro de una enfermedad, el equilibrio químico de la célula (la homeostasis celular) se rompe. La homeostasis es la estabilidad orgánica. Con el desequilibrio de la homeostasis, se produce un cambio en el medio químico de la célula alterando así su función fisiológica en el control de los órganos. Los órganos reaccionan en contra del estrés con el fin de controlar la homeostasis y por consiguiente sus funciones orgánicas.
Éstos son los cambios homeostáticos  durante la actividad física: elevación de la temperatura corporal, aumento de la acidez en la sangre, caída del oxigeno contenido en los líquidos corporales, incremento del dióxido de carbono, entre otros. Al recibir estos desórdenes, las células cambian sus funciones para adaptarse al ejercicio físico. Estos ajustes ocurren en el corazón, en los pulmones, en el páncreas, en los  músculos, y los huesos. Todo este desequilibrio temporal ocurre constantemente en nuestro organismo, sobre todo  con la práctica de la actividad física, y dentro de un proceso de enfermedad es beneficioso porque hace reaccionar a las células de manera muy positiva.
En la práctica de ejercicio físico, siempre debemos ver el cuerpo desde dentro hacia fuera, y no desde fuera hacia dentro. Cuando hablamos de prescribir ejercicio físico para tratar o para ayudar a tratar  las más distintas enfermedades, sea un resfriado, la diabetes, la obesidad, el cáncer, etc., en realidad estamos hablando de entrenar las células para que éstas cambien su modus operandi, haciendo que el organismo reaccione de forma positiva para propiciar una mejoría en la salud de la persona afectada.
Pero para que estos beneficios se produzcan, es necesario dar tiempo a las células para su adaptación. Como un ejemplo, la obesidad: no sirve de nada que una persona pierda una gran cantidad de peso de manera rápida y en un corto espacio de tiempo si sus células no se han adaptado a la nueva situación.  Para que los cambios pasen a hacer parte de nuestras vidas, las células necesitan tiempo para su readaptación. Es necesario que la nueva situación se repita una y otra vez, y que nuestro cerebro recalcule y mecanice los nuevos estímulos transformándolos de acción de conducta a rutina. Este cambio puede tardar entre 18 a 260 días, según la persona, además de que es necesario que las nuevas tareas se automaticen durante una media de 60 a 70 reincidentes días (ejercicio, alimentación equilibrada, consumo de agua diario equilibrado, horas de descanso, etc.).
Tanto en el caso de la obesidad, como en el de la diabetes,  es fundamental dar una especial atención a la enzima AMPK,  que es un regulador metabólico y auxilia a los músculos en el consumo de azúcar y de oxígeno. Al hacer ejercicio físico se  estimula la acción de la enzima  AMPK. Una de las actividades de dicha enzima es auxiliar  el  aumento  del consumo de  azúcar  y de oxígeno en los músculos. Si estas enzimas dejan de existir en el organismo de una persona por falta de movimiento, ésta tendrá un menor nivel de mitocondrias, que son la central de energía de las células, y eso dificultará la absorción de glucosa en el momento en el que desarrolle algún tipo de actividad como hacer ejercicio. Al hacer ejercicio físico, los niveles de mitocondrias en los músculos aumentan de manera significativa.
¡El ejercicio es la mejor medicina!
En la existencia de un mínimo de energía, hacer ejercicio físico dentro del proceso de una enfermedad es importante, pues éste es capaz de activar el organismo de manera notable, y de esa forma, las defensas también son activadas, cosa que acelerará la recuperación.
Otro de los motivos importantes para la práctica de actividad física durante una enfermedad, es que el ejercicio físico acelera la necesidad de rehidratación. Normalmente las personas, desafortunadamente no tienen la costumbre de beber las cantidades recomendadas de agua  durante el día, y menos cuando están enfermas. Para que se fomente un “entrenamiento celular” de una manera  satisfactoria, es fundamental que exista un inmejorable aporte hídrico.
El agua compone la mayoría de las células de nuestro cuerpo, es la parte más grande de nuestro sistema sanguíneo y linfático,  desarrolla una función primordial transportando alimento y oxígeno a las células y  desechando intrusos y desperdicios. Limpia nuestros riñones de substancias tóxicas;  balancea nuestros electrolitos  ayudándonos  a controlar la presión sanguínea; nos provee de los minerales que  necesitamos  tales como magnesio, cobalto y cobre.(1) 
Hay muchos casos en los que una mala hidratación y la falta de actividad física pueden hacer que los radicales libres tarden mucho en eliminarse del organismo, sobre todo si esta situación  se acompaña de otros hábitos perjudiciales (dietas inadecuadas, adicción a las drogas, tabaco, alcohol, la utilización excesiva de fármacos, el sedentarismo) y si además se padece alguna enfermedad. Frente a esta situación, las células intentan defenderse de varias maneras antes de ponerse enfermas. Una de esas maneras es la acidosis metabólica. Las células retienen agua con el fin de solventar la situación ácida dentro de su entorno, y eso ocasiona una subida importante en el peso corporal al mismo tiempo que en el volumen de la persona (retención de líquidos).  Ante esta situación, la actividad física gana una especial relevancia puesto que, al mismo tiempo que produce una importante alteración en la situación de acidosis vivida por las células, alteración promovida por la gran entrada de oxígeno en el organismo, es capaz de controlar la retención de líquidos producida por las células como respuesta a dicha situación ácida. Hemos de recordar que son los pulmones y los riñones los que regulan el estado ácido/básico del cuerpo.(2)
La mejor manera de entrenar las células es moverse, y a la vez de estimular el cerebro.






(1) LA IMPORTANCIA DEL AGUA EN NUESTRAS VIDAS - El blog del Dr. Sergio Simphronio
(2) EL EJERCICIO FÍSICO ES LA MEJOR MEDICINA El blog del Dr. Sergio Simphronio







miércoles, 3 de septiembre de 2014

EL EJERCICIO FÍSICO ES LA MEJOR MEDICINA


 “Vale más prevenir que curar”. Galeno

En los días de hoy es muy fácil fomentar un ambiente ácido en el organismo: el consumo desmesurado de azúcar, de refrescos, de sal, de carne, de harinas refinadas, etc.; acompañando todo eso, la falta de una limpieza de “nuestros filtros” y, para rematar, el sedentarismo. Con una dieta inadecuada,  unida al consumo de alcohol y al tabaquismo (aunque sea de manera  social), se fomentará un ambiente increíblemente ácido en el organismo con una gran aceleración de su deterioro. Las células se volverán ácidas y, si además somos sedentarios, dejaremos las puertas abiertas a la posibilidad de tener alguna enfermedad  importante.  Nuestro sistema nervioso central (SNC) da las órdenes a las células y éstas las ejecutan. Todo lo que ocurre con  nuestra salud depende de nuestras células, pero es fundamental tener claro que para que las células estén sanas deben vivir  en un ambiente totalmente alcalino, libre de acidez. Es importante saber que el colesterol es la grasa degradada por las células, así como el ácido úrico es el radical libre de las proteínas. Estos radicales libres son desechados por las propias células, pero ellas no pueden vivir en contacto con sus propios residuos. Si dejas de cepillarte  los dientes durante 10 años, puede que te quedes sin dientes,  pues estos se pudrirán en tu boca; lo mismo pasa con las células de nuestro cuerpo si no las cuidamos. En la enfermedad del cáncer, como en muchas otras, es lo que suele pasar en la mayor parte de los casos. Así, cuanto mayor es la acidosis en nuestro organismo, mayor será la posibilidad de tener células enfermas y, en consecuencia, enfermedades. Si viviéramos en  contacto constante con nuestros excrementos, nos ducháramos en la bañera con ellos, durmiéramos con nuestros desechos, seguramente nos moriríamos en un corto espacio de tiempo. Pues no será diferente con nuestras células. En nuestras acciones del día, fomentamos una gran cantidad de desechos que se quedan en nuestro organismo hasta ser eliminados. En muchos casos estos radicales libres tardarán mucho en eliminarse debido a las malas praxis: dietas inadecuadas, adicción a las drogas, tabaco, alcohol, la utilización excesiva de fármacos, el sedentarismo, las enfermedades, etc. Frente a esa situación, las células intentan defenderse de varias maneras antes de ponerse enfermas. Una de esas maneras es la acidosis metabólica. Las células retienen agua con el fin de solventar la situación ácida dentro de su entorno, y eso ocasiona una subida importante en el peso corporal al mismo tiempo que en el volumen de la persona en cuestión (retención de líquidos).  En presencia de situaciones como estas, la actividad física gana una especial relevancia puesto que, al mismo tiempo que produce una importante alteración en la situación de acidosis vivida por las células, alteración promovida por la ingente entrada de oxígeno en el organismo, es capaz de controlar la retención de líquidos producida por las células como respuesta a dicha situación ácida. Hemos de recordar que son los pulmones y los riñones los que regulan el estado ácido/básico del cuerpo.

La supervivencia de las células:

Nuestras células deben vivir en un ambiente limpio, libre de desechos; de no ser así, su ADN cambiará para garantizar su propia supervivencia, pues de lo contrario, no conseguirían sobrevivir en un medio ácido. Las células sanas son alcalinas, tienen potasio en su interior y sodio en su exterior, mientras que  las células malas tienen mucho sodio en su interior. Esto es lo que facilita su supervivencia en un medio compuesto por acidosis, ya que en nuestro organismo tenemos un 9,4% de sodio en un 70% de medio líquido. Muchos pacientes de cáncer, estando o no en tratamiento, siguen con una excesiva ingesta de sal, de azúcar, de grasas, y en muchos casos, más de los que se imagina, siguen fumando.  Es fundamental que los pacientes de cáncer que se encuentran en tratamiento de quimioterapia, radioterapia, o mismo los que han sido intervenidos quirúrgicamente,  sigan una  dieta especial y adecuada, durante y después del tratamiento. En estos casos, la mejor dieta es la vegetariana.
Si echamos ácido en algún objeto, éste se corroerá. Con la acidosis ocurre lo mismo, pero dentro del organismo. La acidosis puede ocasionar la muerte de tejidos celulares: lo que llamamos fibrosis. Los ácidos  pueden ocasionar fibrosis hepática, pulmonar, renal, y todo ello puede pasar si no cuidamos de nuestros filtros. Un cáncer es la reunión de células enfermas que se localizan en alguna parte del cuerpo pudiendo dividirse. Las células enferman debido a la acidez, y si no hay acidez, no hay cáncer. En un coche, de tiempo en tiempo, cambiamos el filtro y revisamos su mantenimiento para que no tengamos problemas. Deberíamos hacer lo mismo con nuestro cuerpo; pero no podemos cambiar nuestros filtros, así que lo único que nos queda es cuidar de ellos.  Una persona en reposo mueve 7200 litros de sangre por día. Nuestros filtros son: el pulmón, el hígado, el riñón. Por cada uno de estos filtros pasarán al día 7200 litros de sangre estando en reposo.

¿Tienes remota idea de cuántos miles de litros de sangre ya han pasado por tus filtros?

Hemos de recordar que nuestros órganos funcionan 24 horas al día desde que nacemos hasta que morimos, y es de suma importancia cuidar de ellos. De una manera general, las personas deben cuidarse mejor, pero es importante  tener claro que el término “cuidarse” no debe referirse sólo a las malas costumbres y al sedentarismo, sino también a la forma de cómo nos cuidamos por dentro. La acidosis es un gran problema, y si la tenemos en cuenta y la evitamos podremos evitar muchas enfermedades, incluyendo el cáncer.
 Añadir a nuestra dieta las ensaladas, las frutas, el té (sobre todo el verde) y las infusiones de tomillo, es una opción muy interesante, pues éstos son depuradores y auxilian a nuestros filtros en la tarea de limpieza y eliminación de los radicales libres. Y si añadimos el ejercicio físico dentro de este contexto, daremos una gran calidad a nuestra salud, mas éste debe ser realizado siempre de manera equilibrada. En lo que versa respeto a la alimentación, hay que respectar los gustos y preferencias de cada persona; así que, independiente de la dieta que uno tenga, por lo menos una vez o dos por semana, sería interesante una dieta depurativa libre de carnes, y con mucha ensalada, té, frutas, etc. Los antioxidantes  son como “recogedores de basura” que se encargan de eliminar los radicales libres de nuestro organismo. Al mismo tiempo, también existen los antioxidantes exógenos,  que podemos encontrar en algunos alimentos que ingerimos. En las verduras y frutas se denominan “Fitoquímicos”.
Es fundamental educar a las personas sobre la mejor manera de cuidar de su salud. Se enseña a los niños que hay que comer para crecer, y que hay que hacer ejercicio físico para estar fuertes. En ningún momento se plantea decirles que  hay que comer sano y en cantidades correctas para  tener una buena salud y practicar ejercicio físico para tener una buena calidad de vida. Es importante educar a los niños y reeducar a los adultos, al mismo tiempo que es fundamental educar a los músculos. Los músculos “educados” también nos proporcionan una mejor estimulación de la AMPK (hormona que motiva la quema de glucosa). Al hacer ejercicio físico, los niveles de mitocondrias en los músculos suben de manera significativa; al contrario, ante la falta de actividad física, la concentración de ese gen se reduce, dejándonos cada vez más perezosos y en baja forma. La enzima AMPK es la que controla dicha producción. Ésta se activa con el incremento de la unión de la AMP- ATP, que es la energía que las células necesitan para vivir. Éste es uno de los motivos por lo que se debe recomendar la práctica de ejercicio físico a todas las personas. Más que para mantener la forma y la línea, el ejercicio físico es fundamental, pues permite que las células desarrollen su trabajo con mayor facilidad evitando que se pongan enfermas.  Al educar nuestros músculos, mejoraremos nuestra coordinación motora, y ese hecho es muy relevante, pues facilitará un importante incremento de las sinapsis cerebrales y, en consecuencia, un aumento de la inteligencia, no importando la edad, cosa que también será positivo para las células. La educación muscular se consigue con la práctica regular de actividad física. Dicha práctica tiene una gran relevancia en la consecución de la salud, pues hace que seamos capaces de aprovechar mejor el oxígeno, elimina mejor las sustancias nocivas (elimina el colesterol, por ejemplo), mejora el intercambio gaseoso, ahora energía y produce menos sustancias de desecho, etc.; pero también debemos tener mucho cuidado con la manera en la que se lleva a cabo la practica del ejercicio físico, pues dicha práctica, cuando es realizada en exceso y de manera desmesurada o desequilibrada, puede generar muchos problemas,  y entre ellos uno de los más importantes es el estrés oxidativo.
El ejercicio físico origina naturalmente y de manera importante los radicales libres de oxígeno que colaboran  en la acción del daño a distintas moléculas en el organismo.  En los alimentos existen numerosos compuestos orgánicos y químicos. Debido al metabolismo, nuestro organismo realiza procesos de oxidación donde el combustible, que es la glucosa (azúcares), es oxidado con moléculas de oxígeno que resulta en la liberación de energía y desechos denominados radicales libres (1). Estos radicales libres pueden producir  destrucción tanto a nivel intracelular en el ADN,  como a nivel sistemático, arterial, cerebral, etc. Para solventar esa situación el organismo tiene varios  procedimientos para estimular su defensa, entre ellos, los sistemas antioxidantes no enzimáticos (la vitamina E y la vitamina C). El problema ocurre cuando la producción de radicales libres supera la capacidad del organismo en antioxidar, generando  con ello un desequilibrio que tiene como resultado el estrés oxidativo y, en consecuencia, el daño celular.
La combinación de una dieta alcalina equilibrada junto con la práctica de actividad física regular, adecuada y moderada, es capaz de reducir el ácido carbónico en los pulmones, el ácido graso en el hígado y el ácido úrico en los riñones, proporcionando así una limpieza de nuestros filtros, protegiendo el organismo y previniendo las enfermedades, al mismo tiempo que facilita un ambiente alcalino a las células. Las enfermedades, en su mayor parte, provienen de un largo proceso de degradación en el estilo de vida, y como consecuencia en el organismo, empeorando así la calidad de vida de las personas que las padecen. Desafortunadamente, seguimos viendo a las enfermedades desde un enfoque muy reducido, y  la mayor parte de las veces, desde sólo un punto de vista, el de curar. No obstante, existen varios caminos que nos dan ventaja en ese combate entre la salud y la enfermedad. Algunos de ellos, y de los más efectivos, con la educación y la prevención. La unión de una vida activa junto con una alimentación equilibrada, nos proporciona todos los elementos para que tengamos una buena salud. En presencia de alguna enfermedad, esa receta puede fusionarse con los tratamientos prescritos por los facultativos, haciendo que la recuperación de la misma se haga de una manera bastante más rápida.  

 



(1)  El blog del Dr.Sergio Simphronio – LA ACTIVIDAD FÍSICA Y EL ESTRÉS OXIDATIVO






miércoles, 29 de enero de 2014

EL EMBARAZO CON ESTRÉS AFECTA AL BEBÉ

En realidad no existe un fármaco químico que cure el estrés, sino para los efectos que ocasiona en el organismo. Dicho esto es interesante recordar que  la mejor forma de tratar el estrés es eliminando esa enfermedad de nuestras vidas, y la manera más efectiva de conseguirlo es cambiando el enfoque de nuestra existencia con respecto a la velocidad con la que vivimos nuestro día a día, y si el entorno laboral no lo permite debido a que uno tiene un trabajo con ambiente estresante, el tratamiento que nunca falla, y que tiene una efectividad sobradamente demostrada, es la actividad física y la alimentación equilibrada.
Infelizmente el estrés es una enfermedad que la mayor parte de las personas en el mundo han asumido como algo normal que hace parte del día a día, siendo que para muchas de ellas  ya pasó a hacer parte de su idiosincrasia, y esto es muy fácil que ocurra pues nuestro organismo se adapta a los comportamientos repetitivos. Según el ambiente en el que vivimos, nuestro estado orgánico se adecúa a las situaciones que le proporcionamos debido al entrenamiento que damos a nuestras células; es decir, si optamos por vivir en un estado de estrés continuo, nervios, agobios  y enfados, nuestras células se adaptarán a esa clase de situación. Nuestro sistema nervioso nos facilita la química según el estímulo que recibe. Aunque no nos demos cuenta, puede que el estrés  esté en nuestras vidas desde antes mismo de haber nacido. Si una embarazada es una mujer estresada, y sigue manteniendo este estado durante todo su embarazo sin cambiar de actitud, toda esa información será pasada al feto que se alimenta por vía de los nutrientes y del oxígeno que la madre le proporciona.
De otra parte, en algunos casos por desinformación, en otros por negligencia u irresponsabilidad, algunas  futuras madres, durante el embarazo, siguen manteniendo el mismo estilo de vida que tenían antes de quedarse embarazadas, y continúan manteniendo rutinas como por ejemplo salir por la noche a bailar en los sitios donde la música suena a excesiva altura.  Además del estrés de todo un día de actividad, acentúan esa situación manteniéndose activas durante una ingente cantidad de horas por la noche, perdiendo mucho tiempo para el descanso y quitando momentos de tranquilidad para el feto; otras futuras mamás se empeñan en seguir sacando carácter innecesariamente por cosas irrelevantes, y discuten con tremenda facilidad fomentando  situaciones de gran estrés para sí mismas y para el feto, además de que muchas de ellas, en situaciones parecidas, utilizan un tono de voz muy elevado, al igual que su interlocutor, hecho que  puede incrementar el estrés en el feto.     
Los patrones de respuesta fetal a los sonidos externos desmesurados (estimulación acústica) incluyen taquicardia y movimiento de las extremidades y de los párpados, pero en fetos prácticamente a término de gestación y con estímulos de más 105 dB; con estímulos de menos de 100 dB  solamente taquicardias. Estas respuestas son señales de malestar fetal. Con estímulos de 130 dB hay respuestas exageradas en los fetos humanos que sugieren malestar e incluso  dolor. Por ese motivo se recomienda a las mujeres embarazadas que se alejen de sitios ruidosos.
Los movimientos y la taquicardia se relacionan con una situación de estrés y de liberación de adrenalina que se concentrará en el SNC (sistema nervioso central). Es importante puntualizar que la barrera hematoencefálica (es una barrera entre los vasos sanguíneos y el sistema nervioso central,   que impide que las sustancias tóxicas la atraviesen, al mismo tiempo que permite la entrada de los nutrientes y el oxígeno) aún no está desarrollada  y permitirá el paso de dicha hormona al espacio cerebral, sea ésta de origen materno o fetal (la adrenalina atravesará  la placenta y se ocultará  en la leche). Por ese motivo es de suma importancia que las futuras madres tengan una gestación sosegada. Eso es posible conseguir con la utilización de  músicas con ritmos apacibles (1). Es de suma importancia que las futuras mamás sigan alejadas de ruidos, del estrés, y de cualquier acción  que pueda fomentar dicha situación.

El estado emocional de la madre es primordial para el desarrollo del bebé intrauterino e incluso para su salud futura.

Dentro de nosotros existen 50 trillones de células y su ambiente celular es la sangre, por ese motivo la composición de la sangre cambia el destino de la célula. Quien controla la sangre es el sistema nervioso, que crea una química diferente según el estímulo exterior que reciba, y si este estímulo es malo, la célula enferma, no importando la edad de la persona. El estrés a niveles elevados durante el embarazo puede ocasionar algunos desarreglos importantes.
Parto prematuro
Los niveles elevados de hormonas del estrés asociadas con la depresión y ansiedad, pueden reducir el aporte sanguíneo a la placenta e inducir un parto prematuro.
Desarrollo neurológico
La desregulación génica, la destrucción de neuronas y sinapsis (conexiones entre neuronas), la inhibición del desarrollo dendrítico (2), el desarrollo inadecuado del cuerpo calloso y del cerebelo (3) son algunos de los mecanismos por los que el estrés materno afecta al desarrollo neurológico fetal. La exposición a niveles elevados de estrés prenatal, sobre todo durante las primeras semanas de embarazo, puede influir negativamente en el desarrollo cerebral del feto, determinando alteraciones del desarrollo de las habilidades intelectuales y del lenguaje en el niño.
Alteraciones congénitas
Las madres que sufren situaciones estresantes graves durante el primer trimestre del embarazo tienen un riesgo hasta ocho veces mayor de que el bebé sufra alteraciones congénitas por una modificación del desarrollo de la cresta neural, como por ejemplo el labio leporino, o cardiopatías (4).
No obstante, el riesgo total de tener un bebé con estas alteraciones es bajo.
En el caso de las personas que practican actividad física, el embarazo ofrece una  serie de beneficios para un mejor rendimiento. La variación de las concentraciones hormonales (progesterona y gonadotrofina coriónica humana), el crecimiento del volumen plasmático y de glóbulos rojos, y la intensificación de la respuesta ventilatoria son algunas de las ventajas del embarazo, por lo menos en el primer trimestre de gestación. La actividad física en el embarazo también es fundamental porque es capaz de fomentar un importante equilibrio emocional para la futura mamá. 
                                          Mi querida amiga Profesora Gizele Monteiro, Directora del Método Mais Vida Gestantes 

El ejercicio materno progresivo durante el embarazo tiene un efecto beneficioso sobre el flujo sanguíneo del feto, además de ser muy favorable para la madre, pues el ejercicio físico es el mejor vehículo para la inhibición de la hormona del estrés, la ACTH, al mismo tiempo que estimula la liberación de todas aquellas sustancias que nos hacen sentir bien. El ejercicio mejora  la circulación fetal más que estar de reposo en la cama, lo que beneficia al feto. “Es muy interesante recomendar  el ejercicio físico a las mujeres sanas y  con  embarazos sin complicaciones. No obstante, hay muchas  actividades que  no son aconsejables, al igual que es recomendable evitar el ejercicio cuando hace mucho calor. Los signos de peligro incluyen dolor, hemorragias, ruptura de membranas, y ausencia de movimientos fetales” (5). Dentro de un embarazo, es fundamental que la futura mamá esté controlada por los cuidados de un médico y que sea acompañada por un profesor especialista en esta población.  
Cada día billones de células se mueren al mismo tiempo que otros billones  se reproducen. Cada tres días el sistema digestivo renueva sus células. Ante la existencia de estrés, todo el proceso de renovación celular se bloquea debido a  que el sistema inmune se inhibe a causa de la liberación de la ACTH (hormona del estrés).

La ACTH apaga el sistema inmunitario.

Por ese motivo, en la presencia de estrés, una persona pierde muchas células,  mermando su calidad de vida de una manera muy importante. En otras palabras, se detiene  el crecimiento del cuerpo. Al mismo tiempo, con la inhibición del sistema inmunitario, la energía del cuerpo se debilita de manera sustancial, y eso facilita que los virus nocivos actúen con mayor facilidad. En absoluto es interesante tener un embarazo acompañado de estrés. El estrés es un estado negativo que posibilita la llegada de muchas otras enfermedades. Es algo mucho más  importante de lo que la mayor parte de las personas imagina. 
Tiene una estrecha conexión con la ansiedad y la depresión.
Principalmente durante las primeras edades, es fundamental estar atentos a nuestras reacciones frente a los niños, puesto que al revés de lo que muchos imaginan, ellos están muy atentos a nuestro comportamiento en todos los momentos y en todos los sentidos, pues aprenden imitando. Los niños necesitan un equilibrio, una rutina, un protocolo para funcionar, y lo más importante, necesitan sentir que sus padres comparten y respetan estos mismos protocolos. Algunas veces, o en algunos casos, estos mismos protocolos no son respectados por  algunos padres, la rutina de los niños se rompe y ellos se estresan, pero en la mayor parte de los casos los padres no se dan cuenta de ello. El resultado es  una bajada de resistencia en el sistema inmunológico debido a la liberación de la ACTH.  Este hecho  facilitará el camino para que ellos se pongan enfermos con mucha facilidad. Hay casos de niños que permanecen enfermos durante largas temporadas, otros a los que les cuesta recuperarse de las enfermedades.  Se recuperaran y en un corto espacio de tiempo vuelven a ponerse malitos.
El estrés también puede afectar a aquellos niños cuyos padres les llenan de actividades diarias manteniéndolos ocupados todo el día.
  
Eliminar el estrés puede ser una solución para casos como éstos.  


(1) El blog del Dr. Sergio Simphronio  El estrés sin motivo
(2) Hansen, D., Lou, H. C. & Olsen, J. (2000) Serious life events and congenital malformations: a national study with complete follow-up. Lancet, 356, 875-880
(3)  V Lemaire, M Koehl, M Le Moal, DN Abrous, Prenatal stress produces learning deficits associated with an inhibition of neurogenesis in the hippocampus. Proc Natl Acad Sci USA 2000 sep 26; 97 (20): 11032-37
(4)HC Lou, D Hansen, M Nordentoft, O Pryds, F Jensen, Prenatal stressors of human life affect fetal brain development. Dev Med Child Neurol, 1994 Sep; 36 (9): 826-32.
(5) El blog del Dr. Sergio Simphronio  Embarazo en las atletas 



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