martes, 10 de enero de 2012

LA SAUNA: BENEFICIOS Y RIESGOS

Son muchas las personas  aficionadas a la sauna. Algunas de ellas acuden todos los días, independientemente de la estación del año en  que nos  encontremos. Otras  son practicantes de actividad física  en  gimnasios y, sin importarles  la clase de entrenamiento que han practicado en el día, siempre se personan en la sauna al término del mismo: dicen que les resulta relajante. Hay   casos de personas que aprovechan que ya  están sudados del entrenamiento y se meten en la sauna sin ni siquiera  darse una ducha antes.
La desinformación con respecto al uso de la sauna es muy grande y a la vez tremendamente preocupante. Son muchos los beneficios terapéuticos que nos proporciona,  pero a la vez son muchos los riesgos.
En la mayor parte de los casos las personas que tienen la costumbre de ir a una sauna no son cocientes de su condición física, aunque  entrenen en un gimnasio.
Tener una buena forma física no es lo mismo que tener salud.
Infelizmente no son todos los gimnasios o centros deportivos que  hacen a sus clientes  la tan importante evaluación física, y me atrevería a decir que en España son muy pocos los sitios que la practican a los alumnos en el momento en que pagan su matrícula. He conocido gimnasios que sí  realizan la evaluación física, pero sólo a las  personas con más de 30 años de edad.
La evaluación física debe  ser hecha a todas las personas sin distinción de edad o sexo.
Muchas de esas personas pueden  padecer de problemas de tensión,  problemas cardiacos importantes, problemas circulatorios, sin contar de los típicos problemas de anomalía de curvatura fisiológica (escoliosis, lordosis, cervicales), etc. Lo más preocupante de todo eso es que en muchos de los casos esas mismas  personas  tampoco son  conscientes de su condición de salud por la falta de costumbre de hacer un chequeo médico.
¡El riesgo de trabajar sin una evaluación física previa a la práctica de actividad física es muy alto, pero pocas personas son conscientes de ello!  
Desafortunadamente el que corre el riesgo es el profesor, monitor, instructor o entrenador. Empezar un programa de  entrenamiento con un alumno  sin tener una clara visión del estado de salud del mismo es una verdadera locura. Tengo que pintar la cosa de una manera muy mala, pues pensar que no existe esa necesidad (la de evaluar un alumno antes de empezar un programa de ejercicios) es un tremendo error.
En países como Estados Unidos o Brasil, existen profesionales especializados en la evaluación física. No hace falta ser médico para hacerla, basta tener la carrera de Educación Física, o el entrenamiento y la condición  técnica pertinente. 
Por otro lado,  para empezar a utilizar la sauna,  da igual donde sea o en el país que sea, es de suma importancia  consultar su médico, independiente de que haya hecho una evaluación física o no, o que sea una sauna externa a las instalaciones deportivas. Es fundamental  tener claro si  se   padece de alguna anomalía cardíaca, problemas de presión, problemas en la piel, etc.
La temperatura de una sauna oscila entre los 80 y los 100 grados centígrados. En las saunas secas se combina  con una humedad muy baja.
En la sauna, debido al abundante sudor  provocado  por las altas temperaturas, los fluidos corporales se concentran y hacen que la sangre se torne más densa. Esa situación  es un verdadero peligro para las personas que padezcan de alguna enfermedad  cardíaca, pues ese hecho  puede provocar un ataque al corazón. Es siempre recomendable que personas con hipertensión o con cualquier  clase de cardiopatía, busquen un médico antes de practicar la sauna.
De otra parte la sauna ayuda a mejorar las funciones cardiovasculares en personas que no padecen  ninguna clase de enfermedad. Al dilatar los vasos capilares se ayuda  a bombear la sangre al corazón con más fuerza manteniendo así la presión sanguínea. Para los individuos  que tengan algún problema cardiovascular, es  aconsejable que  la sauna no supere los 65 grados de temperatura.
Hay estudios médicos que advierten sobre el abuso de las sesiones de  sauna tanto  de los hombres como  de las mujeres. Se fundamenta en que el calor de la sauna puede reducir drásticamente la cantidad y calidad del semen masculino y en el caso de las mujeres, puede ocasionar fuertes hemorragias menstruales y incluso interrumpir la ovulación. Otro importante estudio realizado en Estados Unidos ha comprobado  que  las mujeres que utilizaban la sauna con excesiva frecuencia, tenían doble posibilidad de que sus hijos nazcan con  espina bífida a consecuencia del excesivo calentamiento de su útero.     
Mientras utiliza la  sauna no es recomendable hablar, pues la circulación de la sangre es alterada debido al cambio de respiración. Nunca debemos ducharnos con agua caliente una vez terminada la sesión de sauna. La temperatura del agua debe  ser templada.
Es interesante hacer sauna, pues ayuda a eliminar toxinas,  aumenta las defensas y  abre los poros. También ayuda a eliminar el alcohol, la nicotina, el sodio y ayuda a combatir el colesterol. Las bebidas isotónicas son estupendas para fomentar la recuperación de los minerales que perdemos mientras se practica la sauna. Ayuda a liberar las endorfinas promoviendo así  una fantástica lucha contra el estrés. También es útil para  pacientes con enfermedades pulmonares obstructivas.
Es una equivocación pensar que con la sauna adelgaza. Es posible llegar a perder 2 litros de agua mientras  la practicamos. En consecuencia las personas bajan de peso al término de una sesión, pero de la misma manera que  lo perdemos, debemos  reponerlo. Así que el peso corporal que se elimina durante una sesión de sauna, lo recuperamos en seguida, además de que debe  ser de esa forma.
No nos confundamos: el agua es muy  diferente de la grasa. Para bajar de peso debemos perder grasa y para ello lo más recomendable es  hacer trabajos aeróbicos durante el entrenamiento: correr, bici, clases de spinning, etc.
Al acceder a la sauna debemos tomar algunas precauciones que son como un protocolo de seguridad e higiene. Ducharse con agua templada   y entrar con el cuerpo mojado  y limpio. Empezar sentándose en el banco inferior e ir adaptando el cuerpo  al calor poco a poco. Después de unos 15 minutos como mucho, salir de la sauna y ducharse con agua fría. Volver a entrar durante unos 10 minutos más. Salir, darse otra ducha fría  y como mucho entrar unos 5 minutos más.
Terminar la sesión con una ducha fría y frotar todo el cuerpo quitando el sudor y limpiando las impurezas de la piel. Acto seguido recuperarse despacio y no realizar ejercicios, hidratarse con bebidas isotónicas o agua.
Muy importante: siempre llevar encima una toalla mientras se practica la sauna. No se debe tomar más de 2 sesiones al día y nunca más de 3 sesiones semanales. Tampoco se recomienda ir a la sauna después de un   entrenamiento físico. También es importante tener en cuenta que se debe dar  una atención especial en casos de las personas que viven en países cálidos o en zonas donde la temperatura es alta. Después de practicar la sauna el  aporte hídrico debe ser abundante, al mismo tiempo que se debe dar una especial atención a los aspectos de bajada de temperatura(los intervalos de duchas frías)  mencionados anteriormente.
No podemos dejar de tener en cuenta los Spas y Termas, donde son  frecuentes  las bajadas de tensión,   debido  a la poca información que tienen muchas de las personas que frecuentan estos locales. Eso conlleva  un mal uso de esta clase de instalaciones. Por ello es siempre recomendable pedir información en estos centros antes de iniciar la actividad.




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martes, 3 de enero de 2012

NUESTRO RELOJ BIOLÓGICO

La cronobiología es la ciencia que estudia nuestro reloj biológico. Todos tenemos un  reloj corporal que desarrolla importantes funciones en nuestro organismo,  entre ellas la de alertarnos  de que es hora de comer, o de dormir, etc. Cuanto más organizada es  nuestra vida, mejor funcionará nuestro reloj biológico. Está comprobado que las personas organizadas se estresan menos y tienen una menor probabilidad de sufrir  enfermedades.
Se sabe muy poco sobre el  reloj biológico y su funcionamiento, pero lo que se ha investigado hasta el momento hace que nos demos cuenta de lo importante que es tener una vida equilibrada.
 Desde pequeños  nos acostumbramos  a los horarios y hacemos  que  nuestro  organismo se adapte a la agenda diaria. A lo largo de nuestra existencia vamos pasando por diferentes etapas en las que tenemos que readaptar nuestro reloj biológico en función de las circunstancias del momento: horario de trabajo, horas de sueño, horas de descanso, horas de alimentarse, cantidad de veces que comemos, cantidad de comida que ingerimos en cada alimentación, nuestro horario de ocio, nuestro horario de práctica de actividad física, etc. Adaptamos nuestras vidas a nuestro horario de trabajo y encajamos lo demás en la medida en que podemos. ¿Estaremos haciéndolo bien?
Lo que está claro es que cuando por alguna circunstancia tenemos que cambiar nuestro modo de vida, el organismo sufre. Cuando realizamos cambios importantes en nuestras vidas, alteramos nuestro funcionamiento interno. En la adaptación del cerebro a estas circunstancias sufrimos  importantes cambios fisiológicos que en muchas situaciones pueden ser evidenciados de  distintas maneras. Como un  ejemplo práctico, cuando terminamos el instituto y accedemos a la Universidad, experimentamos una  importante mudanza en nuestras vidas: horarios, compañeros, contenido  programático de estudios, cambio de un cole a un campus universitario, etc. Lo que en muchos casos las personas clasifican como nervios, no es  más que  una remodelación orgánica en el estilo de vida del individuo. Hay casos en los que los estudiantes dejan la casa familiar para lidiar con el desafío  de vivir solos, teniendo además que organizarse de una manera muy objetiva y optimizar muy bien sus horarios.
Uno de los mayores problemas que veo en casos como estos es que la alimentación se debilita y se pierde calidad  por dos motivos: por esta optimización del tiempo para poder hacer tres cosas en el tiempo que antes se hacía una, y  la  falta  de ganas, de interés o de conocimiento para  cocinar alimentos con calidad. Por otro lado uno de los factores más preocupantes es la velocidad con la que muchas personas comen.
 Comer no es solo una necesidad fisiológica, es una de las  actividades más  importantes  que  todos los animales existentes en la tierra tenemos que  desarrollar. La cuestión es la manera con la que hacemos dicha actividad. Hay una tremenda  cantidad de personas que mientras comen, apenas notan el sabor de los alimentos en la boca, casi no mastican, y para el cúmulo de los desastres digestivos  no se sientan para comer.
 En estos casos el estomago, después de recibir los alimentos  que pasaron  por el esófago (seguro que con cierta dificultad y en forma de bolo semi desecho), sigue con el proceso de la digestión aplicando movimientos peristáticos para continuar  con la separación de los nutrientes. La digestión  tardará mucho más de lo normal debido a  la velocidad con que el sujeto ha ingerido los alimentos y a la mala masticación de los mismos. Hay que recordar que en el proceso digestivo, el encéfalo es el que da las órdenes haciendo  que  el organismo  trabaje  en perfecta sincronía, pero esto se torna  muy difícil si no imponemos una disciplina digestiva  controlando nuestras  horas  de comer y las cantidades.
Estos  factores son como  una  bomba de relojería para  la pérdida de calidad de vida, el estrés y otras enfermedades.  Ya se trate de estudiantes o de personas que viven la situación que acabo de citar, intentar ganar tiempo acelerando acciones importantes para nuestra calidad de vida como es  por ejemplo comer, es una agresión al organismo que además  puede cambiar nuestro reloj biológico de una manera importante.    
Se hizo una interesante  investigación  sobre los mecanismos bioquímicos que ocurren en el hígado cuando ajustamos relojes biológicos y su papel en los procesos de medición del tiempo, es decir, que este órgano debe estar de acuerdo con el cerebro para determinar horas óptimas para la asimilación de alimentos y distribuirlos.
Las últimas investigaciones han comprobado que los trastornos crónicos de estrés pueden propiciar el cáncer al modificar el reloj biológico. Si un individuo tiene un trabajo que implica estar sometido constantemente al estrés eso puede alterar su reloj biológico y hacer que  su organismo responda, con mayor probabilidad de desarrollar cáncer. El padre de esta investigación señaló que hasta hace poco no existía conocimiento de estos fenómenos rítmicos, que están ligados al origen de varias enfermedades, y expresó que el reto será saber cómo se pueden corregir los trastornos de los relojes biológicos.
El investigador de Cronobiología Till Roennenerg, dice que en la actualidad muchas personas necesitan una alarma para despertar, y ello significa que despiertan antes de que sus horas de sueño hayan concluido, pues el cerebro necesita pasar por diferentes estadios mientras se descansa, y si ello no se logra, no es posible funcionar adecuadamente.
Reitera que dormir no es una pérdida de tiempo “como mucha gente cree”, sino que se trata de un fenómeno biológico. Sus investigaciones están dirigidas a reconciliar el reloj interno con el reloj social, para poder vivir  de un modo más sano.
Con respecto a las personas que practican actividad física, el cuerpo emite respuestas cronobiológicas muy interesantes. Cuando se  tiene  la costumbre de hacer ejercicio  en los mismos horarios, el rendimiento es más efectivo. Si estas mismas personas  que entrenan, además tienen  una buena disciplina en la manera de comer, los buenos  resultados serán aún  más rápidos. Cuando se practica actividad física en el mismo  horario cada día, el cerebro educa  y  adapta los músculos al ejercicio de una manera que podemos decir que  disciplina  la musculatura y  los órganos internos, a la vez que sincroniza la entrada de los nutrientes mediante  la dieta. El encéfalo  codifica  al cuerpo y ajusta los tiempos de acción y respuesta de las funciones orgánicas. Por ese motivo cuando cambiamos nuestro ritmo de vida  saltándonos  nuestra dieta como por ejemplo en las fiestas de fin de año, el cuerpo se ralentiza y las respuestas musculares pasan a ser más lentas. Con ese hecho nuestro reloj biológico podrá  alterarse y si  no solucionamos este cambio en el debido tiempo  y volvemos  a nuestra dieta y actividad normal del día a día, la cronobiología de nuestro organismo podrá cambiar trayéndonos problemas inesperados.   

Uno de los fenómenos en los que se pueden apreciar más los efectos de la alteración de nuestra cronobiología es el llamado “Jet Lag”, que ocurre en los largos viajes de avión.
Nuestro reloj biológico sufre una tremenda alteración, sobre todo si el  viaje es hacia el Este. Está comprobado que cuando viajamos hacia el Este, distorsionamos más el ciclo día-noche, además  estaremos viajando en el sentido opuesto a nuestro reloj corporal. En cambio, en  un viaje hacia  el Oeste la persona se  confunde menos porque en este sentido se prolonga  la experiencia del reloj biológico.
El Jet Lag es conocido como Descompensación Horaria,  Disritmia  Circadiana o  Síndrome de los Husos Horarios. Es un desequilibrio producido entre el reloj interno de una persona y el nuevo horario que se establece al viajar largas distancias en avión.
Entre los síntomas provocados por el Jet Lag se encuentran la fatiga, cansancio general, desorientación (la persona se confunde menos si  viaja hacia el oeste que al este), problemas digestivos (vómitos y diarreas), confusión en  la toma de decisiones o al hablar, falta de memoria, irritabilidad y apatía.
 Hay estudios que sugieren que un ejercicio intenso por la mañana temprano el primer día tras un desfase horario puede acelerar la adaptación a la nueva situación de tiempo.

martes, 27 de diciembre de 2011

EL CEREBRO Y LA MENTIRA


                                               ¿Qué nos ha pasado?
En otros tiempos no muy lejanos vivíamos de una manera muy diferente a la que vivimos hoy: teníamos más tiempo para nosotros, para disfrutar de nuestra vida personal, nos divertíamos más, el estrés era una palabra que casi no se utilizaba. Muchas de las enfermedades que hoy conocemos no existían  entonces.
Hemos cambiado mucho. Si volvemos la vista atrás nos daremos cuenta de que muchas cosas han mejorado, pero muchas otras se deterioraron de una manera impresionante. Quiero referirme a los valores que  tienen una influencia importante en nuestra salud.
Con la vida que llevamos en los días de hoy, estamos en constante competición. Competimos con todo que se mueve, incluso con nosotros mismos. Si uno está  conduciendo  y  alguien  le adelanta, éste se enfada  y encuentra  la manera de recuperar el puesto que ocupaba en la carretera poniendo en peligro su vida y a la de los demás; si alguien quiere incorporarse a  la vía con su coche por delante de nosotros, aceleramos y no dejamos que entre;  los niños ya no respetan  a los mayores, ya no respetamos a los ancianos,  ya no respetamos a nadie, tampoco a nosotros mismos.
A cada momento en los hospitales ingresan personas con cuadros  de  coma etílico. Cada vez es más frecuente ver a  personas que utilizan el alcohol de manera irresponsable bebiendo hasta perder sus facultades. Eso es una tremenda falta de respeto por la vida.
Nos faltamos al  respecto cuando  comemos  sin control ingiriendo grandes  cantidades de comida  con el peligro de desarrollar una obesidad.  Beber compulsivamente proporciona  la misma clase de agresión al organismo, pero con sus particulares consecuencias.
¿Qué nos ha pasado?  
Si nos piden que enumeremos sin pensar  3 cosas buenas y 3 cosas malas  que  nos  pasaron  el año  anterior, estoy convencido de que las malas las recordaremos sin problemas, pero las  buenas tendremos que pensarlas  un poco más.
¿Por qué somos tan negativos?
El ser humano es capaz  de  mentir e incluso  de perjudicar a otras personas con la  mentira sólo para salirse con la suya o para decirse a sí mismo que  ha ganado la batalla. Es triste que hayamos llegado a un nivel de sociedad  tan mediocre. Muchas veces vemos casos de personas que hablan mal de otras llegando incluso a hacer daño con sus palabras, poniendo a la persona referida en situaciones comprometedoras o dañando su imagen. Lo que resulta interesante es que  en  la mayor parte de los casos,  aquellos  que se dedican a contar mentiras y  hablar mal no conocen  a  las personas de las que hablan  y tampoco saben si lo que están diciendo  es verdad.  En otros casos  ni siquiera han visto a esta persona en la vida. Seguro que nunca se han preguntado por qué lo hacen. “Es que me han dicho”…

Investigadores del Instituto Nacional de Ciencias radiológicas en Inage – Ku en Japón  han identificado las áreas del cerebro que procesan las emociones como la envidia  y el placer ante las desgracias y el dolor ajenos. Los resultados que fueron publicados en la revista Science (una de las revistas científicas  más importantes del mundo), muestran que los sentimientos de envidia se procesan en la región asociada al dolor físico.
Los autores del trabajo que fueron dirigidos por el Dr. Hidehiko  Takahashi,  descubrieron que los sentimientos de envidia estimulaban la corteza cingulada anterior dorsal, la misma región asociada con el dolor físico. Mientras que el sentimiento de regocijo en el mal de otros desencadenaba actividad en el estriado ventral, que procesa las recompensas. Los resultados también mostraron que estas señales de recompensa eran más intensas cuando algo malo  sucede  a las personas que los sujetos envidiaban. 
¿Por qué perdemos nuestro  precioso tiempo  atravesando las fronteras de la  libertad de los demás  y  preocupándonos con cosas que no nos incumben? ¿Por qué  no hacemos al revés y  hablamos  bien de las personas mismo sin  conocerlas?  ¿Por qué no nos alegramos de las alegrías ajenas? ¿Por qué no miramos las cosas positivas de los demás? ¿Por qué no miramos y valoramos las cosas  buenas  de nuestras vidas? ¿Por qué no nos dedicamos a ser verdaderamente felices?
Cuando estamos tranquilos con nosotros mismos somos más felices, además de que hacemos que todo sentimiento negativo hacia nosotros y hacia los demás desaparezca. Las mismas áreas del cerebro que actúan en el entrenamiento físico  para proporcionarnos bienestar, son las que actúan cuando estamos felices. Es cierto que hay muchas personas que creen ser felices hablando mal de los demás; sólo hace falta ver el nivel de programas de TV que tenemos actualmente. En estos casos en concreto estas personas por lo menos ganan dinero(es un personaje),  lo  que en mi opinión sigue siendo despreciable,  pero en el caso de las personas que lo hacen por puro placer desprestigiar,  me parece triste. La envidia y la difamación, además, no son nada saludables: dañan más al que la comete que al injuriado. De hecho dicen que “la envidia corroe”.

Estoy seguro de que nuestro mundo sería mejor incluso más seguro si nos  comportáramos con los demás de manera más honesta. Siempre vemos los problemas partiendo de los demás hacia nosotros. ¿Por qué no vemos los problemas partiendo de nosotros hacia los demás?  Si lo hiciéramos estoy seguro  de que la sorpresa sería muy grande.
Las personas que ya tuvieron la oportunidad de ayudar a los demás, mismo en forma de caridad, después de haberlo hecho habrán sentido una sensación de bienestar, una  tremenda  relajación, además de una agradable tranquilidad.  Eso es estar bien con uno mismo. En mi opinión  es  tener  paz interior: ésta es la verdadera felicidad.

martes, 20 de diciembre de 2011

LOS MÚSCULOS, EL ESTRÉS Y LA ANSIEDAD

Ante los avatares de la vida reaccionamos de las más diversas maneras y  muchas veces nos preguntamos cómo ha sido posible semejante respuesta a dada situación. En realidad pensamos que nos conocemos y que tenemos todo controlado, pero en algunas situaciones las cosas se nos van de las manos y es cuando nos preguntamos: ¿qué está pasando?
Al  ocurrir esto nos damos cuenta de que no controlamos nuestras reacciones frente a los problemas,  frente al peligro, o frente a  las situaciones consideradas estresantes.
De cara a  esa clase de panorama tenemos tres caminos: el del control, el del autocontrol  y el del descontrol. En el del control podemos controlar la situación, pero sin controlarnos  a nosotros  mismo. En el del autocontrol  nos controlamos  a nosotros mismo y, por consecuencia, la situación. Y si la situación es incontrolable, habremos  ganado, pues mantenerse cuerdo en una situación extrema es un logro. El del descontrol es cuando no controlamos nada. 
Es sabido que tanto el estrés como la ansiedad  son  estados muy  negativos que siempre vienen acompañados de una serie de desequilibrios fisiológicos que pueden hacer mucho daño al organismo si se perpetúan durante mucho tiempo.  
Ante una situación estresante se activa la hormona del estrés. Siguiendo órdenes del hipotálamo y de la pituitaria, las  glándulas  suprarrenales  liberan grandes cantidades de cortisol. En el caso de que esas cantidades sean demasiado altas, la memoria puede verse afectada.
El sistema nervioso simpático se hiperactiva, el ritmo cardíaco y el respiratorio se aceleran, el pulso y la presión sanguínea aumentan y los pulmones se hiperventilan haciendo que la sudoración crezca.
Cuando hay  una situación de estrés o ansiedad el cuerpo sufre y mucho, sobre todo el sistema cardiovascular por los frecuentes cambios de solicitación cardiaca. Son estas experiencias negativas las que hacen  que el cuerpo reaccione de una manera emergente. A menudo suele ocurrir  que las  personas que tienen ansiedad muchas veces se pierden dentro de este problema antes mismo de plantearse buscar ayuda.
Los síntomas del estrés son muy parecidos a los de la ansiedad.
En el caso de la ansiedad,  cuando  ésta  existe  el cerebro hace que haya una respuesta automática del  sistema nervioso con la finalidad de ponernos a salvo.
Algunos  síntomas relacionados con la ansiedad  son  la sudoración, la taquicardia, las palpitaciones, la sensación de nudo en el estómago y de pérdida de control, falta de aire, el  pulso y la presión sanguínea elevados,  la hiperventilación pulmonar...  Hay como  otros 30 síntomas relacionados.
Son síntomas de huída o evitación cuando  el peligro es evidente. El cerebro envía estos estímulos  cuando existe un peligro real, pero el problema mayor aparece cuando el mismo cerebro empieza a utilizar estos síntomas como una reacción normal ante  las mínimas adversidades del individuo, e incluso frente a situaciones normales que no entrañan peligro alguno pero que son percibidas como amenazantes por la persona, desarrollando un trastorno de ansiedad  (ataques de pánico, fobias, trastorno de ansiedad generalizada, trastorno obsesivo-compulsivo, etc).
Tanto en los casos de estrés como en los de ansiedad, se libera una ingente cantidad de adrenalina en los  músculos. Ésta  adrenalina  hace  que  la musculatura se tense  mucho  dejando así los músculos  preparados para reaccionar ante cualquier estímulo que se identifique como  peligroso.
En la relación con la ansiedad o el estrés es importante saber que  al  lado  del hipotálamo está localizado el núcleo basal de la estría terminal que es la parte del cerebro que se encarga de prolongar el estado de alarma y es responsable de la aparición de la ansiedad  patológica. Por otra parte  el centro de control de las  emociones y de las respuestas primarias  está localizado en la amígdala.
Las personas que padecen estrés o ansiedad deben buscar ayuda, pero sobretodo deben ayudarse a sí mismas. Existen varias formas de tratar ese problema, cada caso es una historia completamente diferente. De todos los tratamientos, uno de los que más me llaman la atención es el basado en el ejercicio físico. Según el estado del sujeto se debe aplicar el ejercicio en función de su individualidad y siempre respetando  sus posibilidades físicas y psicológicas. Lo que  está claro es que si les proporcionamos actividades aeróbicas  para dar estímulos cardiovasculares controlados, podremos así estimular el sistema nervioso parasimpático y contrarrestar los efectos de la hiperactividad del simpático en los momentos de estrés.
Además, con  trabajos específicos de tonificación muscular,  podremos controlar los estímulos negativos proporcionados por la liberación de adrenalina que tensan los músculos haciendo que las fibras musculares vayan perdiendo su flexibilidad. De otra parte, con un buen entrenamiento podemos estimular el hambre, pues el estómago también es afectado en los casos de estrés o ansiedad. El cuerpo destina recursos para  identificar los peligros externos y producir respuestas. Por ese motivo se reduce las actividades en otras funciones no relacionadas con la alerta como la digestión.
La actividad física también puede controlar la sudoración negativa ocasionada por el estrés comentado anteriormente. Con el trabajo aeróbico se entrena el músculo cardiaco dejándolo preparado para cualquier estímulo negativo  manteniendo controlado el ritmo cardiaco,  el respiratorio y su hiperactividad. Es posible controlar el pulso,  la presión sanguínea y la hiperventilación de los pulmones disminuyendo y controlando la sudoración.
La actividad física es uno de los mejores fármacos que existen, pues si la practicamos,  hablaremos por un lado de prevención  y por otro de hacer con que el cuerpo recupere su estado de normalidad y que podamos tener calidad de vida.
De otra parte con la actividad física podremos tener un  buen  estado de ánimo. Aunque una persona esté bajo una gran situación de estrés, si ésta practica actividad física podrá defenderse de una manera muy efectiva  contra  los efectos nocivos que el estrés provoca. Existiendo  un entrenamiento físico adecuado, la persona en cuestión probará  efectos diferentes a lo que experimentaría padeciendo  estrés. Mientras el sujeto entrena, su organismo  realiza  una importante  liberación de endorfinas y  serotonina  por parte del hipotálamo y de la glándula pituitaria. Estos  neurotransmisores  son fundamentales para el bienestar, para el ánimo y para el control de la depresión.  Cuando se entrena también es  liberada  la  oxitocina que  es la hormona que disminuye el miedo y estimula la calma. Por otra parte se reduce la liberación del cortisol y en consecuencia se controla el estrés. Además, la práctica de la actividad física puede tener una acción sociabilizadora, muy útil en los casos más graves en los que el individuo ve afectada su vida normal y tiende a aislarse.
Anteriormente me he referido a los trabajos de tonificación y cardiovasculares, pero también podemos y debemos tener en cuenta otras clases de actividades para la mejoría de la calidad de vida en casos de estrés y  ansiedad como son las diferentes técnicas de relajación. Estas actividades también pueden ser  efectivas. Hay que estudiar cada caso y tener en cuenta varios factores como el estilo de vida, actividad que desarrolla, motivo por lo que padece estrés o la  ansiedad y el  nivel de estrés que padece.
Normalmente cuando un paciente acude a la consulta por un cuadro de ansiedad o estrés, casi siempre se contempla la posibilidad de tratarle con fármacos (antidepresivos y ansiolíticos), lo que en muchos casos está bien; pero existen otras vías de tratamiento muy útiles como la actividad física, que curiosamente produce los mismos efectos en el organismo que estos medicamentos. Una de las diferencias es que los fármacos son necesarios pero son paliativos, mientras que el ejercicio hace parte del estado natural del ser humano, estimula de manera natural las sustancias químicas del organismo  para su autodefensa y además es una actividad que promueve el autocontrol, la superación personal  y  la autoestima, siendo una manera activa de hacer frente a la enfermedad. Si se continúa con la actividad física, el cerebro reconocerá esta situación como la normal y los controles del estrés y la ansiedad se harán de una manera natural, no dejando que ese estado afecte al organismo y que tampoco altere nuestro estilo de vida.
De todas formas, es de suma importancia que estemos atentos a las informaciones que nos da nuestro cuerpo y que  respetemos nuestras posibilidades y límites.  Cuando empecemos  a  perder  el control de la situación con  cierta frecuencia, no debemos  dudar en buscar ayuda profesional.      


martes, 13 de diciembre de 2011

HACEMOS LO QUE VEMOS NO LO QUE ESCUCHAMOS

A la hora de analizar nuestro modo de aprender, tenemos que evaluar varios factores a tener en cuenta, pues recibir una información  visual o auditiva no quiere decir  que ésta sea  asimilada o  entendida. Cuando estamos viendo algo, las imágenes nos hacen testigos de una situación y éstas pueden o no quedarse  grabadas en nuestra memoria visual. Todo  depende de la atención,  interés y necesidad que tengamos en dicha información. Cuando escuchamos algo, elegimos las informaciones que nos interesan de  manera que hacemos una selección de lo que es pertinente o no  ser grabado.
Lo que está claro es que la información que nos llega  tanto a través de los estímulos visuales como de los auditivos,  terminará en el lóbulo temporal,  que es la parte del encéfalo que procesa la memoria.
Hace unos años participé en una investigación en el Departamento de Neurología de la Universidad de California en la que el objeto de estudio eran los efectos de las informaciones  recibidas  de manera auditiva y visual. Hicimos un experimento práctico con personas que practicaban actividad física.
Se trataba de una clase colectiva de tonificación muscular donde no había coreografías,  solo ejercicios, y en la que los alumnos ya conocían  los movimientos básicos de esa clase. Indicamos  a los monitores que  les explicaran estos mismos  ejercicios antes de ser realizados. Una vez terminada la explicación, tenían que proceder a su ejecución colectiva. Sin embargo, la instrucción para los monitores era hacer en la práctica una clase dirigida totalmente diferente de lo que había sido explicado a los alumnos, utilizando movimientos distintos que éstos no conocían. Los monitores tenían que hacer la clase conjuntamente con los alumnos.
Durante la primera  semana que duró esta parte del experimento, los protocolos fueron los mismos. Por parte de los alumnos no se planteó ninguna pregunta, además de que seguían disfrutando de la clase igual que antes como si nada hubiera pasado.
En la semana siguiente el reto cambió. Los profesores explicaban a los alumnos los ejercicios  y  acto seguido se dedicaban a su práctica, pero esta vez haciendo  lo mismo que habían  explicado y además los monitores no les acompañaba ni siquiera para empezarlos, solo intervenían en el momento de los cambios de ejercicios. Los alumnos tenían que hacer la clase solos.
 Muchos de ellos  paraban en la mitad del ejercicio y tenían que ser animados por el profesor a continuar el trabajo, otros paraban para preguntar si lo hacían bien, otros estaban constantemente en tensión por si cambiaba la pierna que se trabajaba. Eso sí, de manera unánime y sin previa comunicación entre ellos, toda la clase pasó a observar a uno de los alumnos y a utilizarlo como referencia. Era la alumna más aventajada del grupo,  la que nunca faltaba a las clases. Era la persona a la que la profesora siempre utilizaba como ejemplo de todas las explicaciones.  Esta alumna pasó  sin quererlo a ejercer un  liderazgo de emergencia en este momento.
En definitiva, la segunda parte del experimento generó una tremenda inseguridad en el grupo, lo que nos hizo comprobar que los alumnos hacen lo que ven no lo que escuchan.
Después de estos resultados, nos hemos  dedicado a analizar  el porqué de dicha reacción por parte del grupo.
En actividades grupales donde existe una línea  a  seguir,  las personas necesitan de un direccionamiento que les determine un patrón de comportamiento. Dicho patrón debe  facilitar al máximo las informaciones que son  emitidas  al grupo  para que la asimilación  sea   más rápida.  Tratándose de actividad física, el aprendizaje  a través del movimiento es tremendamente más rápido y dinámico que a través de la explicación verbal, aunque esta última también sea importante. Todo movimiento es una información visual, y el hombre piensa básicamente en imágenes. Por otra parte cuando nos están  explicando  algo, nuestro cerebro va traduciendo a imágenes esa información para poder procesarla.   
Por otro lado, las personas siempre necesitamos una referencia, y  tratándose de  una clase de gimnasia colectiva, existe la preocupación de estar dentro del grupo, de no ser diferente, de no desentonar, además de seguir el entrenamiento. En la primera parte de este experimento el profesor era el líder y la referencia a la vez.
En la segunda parte del experimento las informaciones no eran visuales, sino teóricas. Por otra parte, estos alumnos ya conocían el trabajo que debían hacer  y  en teoría no deberían  tener ningún problema para el desarrollo de la actividad solicitada, pero aún así de una manera inconsciente buscaron  un líder  que  les ayudase a cumplir  la tarea asignada.
En el proceso de aprendizaje, el imitar es  parte de la condición humana.  En los primeros años de vida utilizamos este patrón de comportamiento y a medida que nuestro cerebro se desarrolla, aprendemos a utilizar más patrones. Durante el proceso de aprendizaje, el lóbulo temporal se encarga de memorizar los estímulos visuales y auditivos que recibimos, y el córtex pre frontal se encarga de predecir cuándo esa información será necesitada.
El aprendizaje por imitación es el método básico que se utiliza en la enseñanza de coreografías.
Este  aprendizaje va asociado además  a la habilidad desarrollada por el sujeto. Si nos referimos a una clase de gimnasio, existirá un tiempo predeterminado para que se materialice dicha coreografía. Normalmente ese tiempo es de 60 minutos, que es la duración de una clase de ese tipo salvo excepciones. Se asocia la música a los movimientos, lo que facilita bastante el aprendizaje  pues la música además de ser el elemento  principal para que exista una coreografía, es capaz de hacer liberar emociones. 
En una coreografía las progresiones didácticas son de extremada importancia, pues es la herramienta que utilizan los profesores para que sea  más fácil y rápida la  enseñanza  para los alumnos. Se van añadiendo pasos de una manera didáctica para que los participantes vayan asimilando  los movimientos.
Evidentemente la asimilación de los movimientos será más fácil para unos que para otros, dependiendo de su habilidad, de su experiencia y de su interés.
Una vez terminada la clase y pasadas algunas horas,  muchos de estos alumnos no se acordarán de la coreografía en su totalidad; otros se acordarán de por vida.  Pero lo que sí está claro es que cada vez que estos alumnos escuchen la música de la coreografía  en la radio, se acordarán de la clase en cuestión, aunque  eso no quiere decir que se acuerden de los movimientos.
En estos casos en concreto, hablo de memoria selectiva. Hay personas que buscan las clases de baile porque les gusta  bailar, hay otras que quieren desconectar del estrés de su trabajo, otras que les gustaría tener un poco más de soltura pero tienen  claro  que  nunca subirán en un escenario, otras que se apuntan a esa clase de actividad porque sus amigos asisten. De todos estos ejemplos, los que seguramente nunca se olvidarán de las coreografías aprendidas en cada sesión son los del primer caso.
Elegimos para almacenar en nuestro banco de datos lo que verdaderamente nos interesa. No importa si recibimos la información por vía auditiva o visual, si la información es pertinente a nuestro interés, la guardaremos, y puede que no la olvidemos de por vida.  
Si hablamos  de un trabajo coreográfico a nivel de espectáculo, el enfoque puede cambiar, pero no el objetivo final.
Me acuerdo de mis tiempos como coreógrafo en los que utilizaba varias herramientas para el aprendizaje de las combinaciones de movimientos. Cuando empezaba una nueva coreografía, después de haberla enseñado a mis bailarines, desarrollaba con ellos un  trabajo de memorización de la misma. Éste consistía en escuchar la música  que utilizaríamos  repasando la coreografía en la cabeza, pero sentados y  sin ninguna clase de movimientos. Es una técnica de visualización inducida  muy útil para memorizar los movimientos y sincronizarlos con la música. Lo hacíamos una y otra vez hasta que todos los participantes de dicha coreografía tuviesen  los movimientos grabados en la cabeza. En este caso  utilizaba con ellos  un protocolo de imitación,  repetición y sincronización (movimiento / música). 
Cuando se aprende una coreografía, los sentidos auditivo y visual deben   estar en plena sincronía. Mientras se aprende  se recibe una cantidad inaudita de estímulos, pues el cerebro debe de descodificar cada movimiento que está siendo enseñado. Al mismo tiempo que existirá una música que será combinada con esa coreografía y sincronizada con los movimientos de todos los participantes. El encéfalo recibe estos estímulos que son analizados por el hipotálamo (sensaciones),  lóbulo occiptal (visión), lóbulo  parietal (visión y distancias), lóbulo frontal (músculos) y finalmente el lóbulo  temporal (memoria). Una vez procesada la información, ésta será enviada al cerebelo y éste la enviará al tronco del encéfalo, que a su vez devolverá estos estímulos a la médula y de ahí a los músculos, produciendo el movimiento.
Bailar es un extraordinario estímulo neuromuscular, al que además a través de la música se añade un estímulo auditivo.
Hemos tardado dos meses para preparar esta coreografía (movimiento / memoria / música / sincronización)