miércoles, 6 de agosto de 2014

EJERCICIO FÍSICO Y ALZHEIMER: La actividad física puede favorecer la salud cognitiva.

La salud que tendremos mañana, dependerá de cómo nos cuidamos hoy.
Según la Organización Mundial de la Salud  se estima que 35.6 millones de personas en el mundo padecen alguna demencia. La enfermedad de Alzheimer es la más común. Ha sido comprobado en algunos estudios que con el control de otras enfermedades y de algunos factores de riesgo como la hipertensión, la obesidad, la diabetes, la  depresión, el sedentarismo y también el tabaquismo, se puede reducir la prevalencia de Alzheimer en el mundo. Las personas con esta enfermedad van perdiendo la memoria, y con el tiempo esa situación va empeorando. Es una enfermedad que elimina la autonomía de toma de decisiones, al mismo tiempo que inhabilita a la persona para la ejecución de tareas diarias. Eventualmente, las complicaciones provenidas del Alzheimer pueden ocasionar la muerte. En Estados Unidos es la quinta causa de muerte, de acuerdo con el Centro para la Prevención y Control de Enfermedades de este país. Sobre 5.3 millones de personas en Estados Unidos padecen  Alzheimer.
La demencia es un trastorno definido por un deterioro cognitivo  progresivo ocasionado por daños o desórdenes cerebrales, con tamaña transcendencia que es capaz de alterar negativamente la calidad de vida de la persona que lo padece, así como de inhibir su autonomía para el desarrollo de una vida normal e independiente.  La actividad física y una alimentación equilibrada pueden jugar un papel primordial en la prevención de las enfermedades. Con respecto  a la salud cerebral de personas adultas, algunos estudios han observado una disminución del declive cognitivo  en aquellas personas que practican ejercicio físico y que tienen una dieta equilibrada. En una metódica revisión, comprobamos  una importante  conexión entre actividad física y una reducción del riesgo de desarrollar demencia.
Hemos desarrollado un estudio  sobre la posibilidad de reducir el deterioro cerebral  vía ejercicio físico.  Dicho estudio tuvo una duración de 2 años, e intervinieron 400 personas con edades comprendidas entre 65 y 80 años, siendo 120 hombres y 280 mujeres. Las personas fueron divididas en dos grupos, uno que practicaría ejercicio físico y otro que no. El objetivo era conocer las zonas del cerebro que realmente se estimulan con la práctica de la actividad física, al mismo tiempo que mesurar el desarrollo cognitivo del cerebro dentro del ejercicio físico mediante  las zonas del cerebro que se estimulaban durante la práctica. Se trataba de  evaluar la posibilidad de inhibir el declive cognitivo y cerebral en personas adultas, sobre todo en las personas mayores, por medio del entrenamiento aeróbico coreografiado acompañado de música, con  desplazamientos en todas las direcciones, giros, cambios de ritmo, y al mismo tiempo mejorar su capacidad cardiorrespiratoria. Las clases tenían una frecuencia de 3 veces por semana y una duración de 60 minutos. Esta clase de movimientos coreografiados ocasionan una  inestabilidad positiva y hacen que el cerebro tenga que aprender rápidamente y a la vez dar soluciones efectivas  para mantener el cuerpo en equilibrio y  libre de problemas. También dentro de ese mismo trabajo, se utilizaron  muchos movimientos de coordinación motora de manos y brazos. El cerebro utiliza un 10% de su energía solamente para gestionar los movimientos de las manos, así que resultaba ser una buena idea también el plantear desafíos coreografiados utilizando las manos y los brazos. Todo el trabajo estaba enfocado en clases dirigidas de aerodance y step. El objetivo era estimular   varias inteligencias como la inteligencia espacial o visual, la matemática, la interpersonal, o la musical. Desde luego no eran las mismas clases que se imparten a veinteañeros, pero tampoco eran clases enfocadas a la tercera edad, como se suele decir. El grado de dificultad de las mismas era respetable, sobretodo  tratándose  de personas de esas edades. Al final de cada sesión se procedía a hacer trabajos de estiramientos. 

Se ha comprobado que los entrenamientos físicos de resistencia aeróbica coreografiados que contienen cierto grado de dificultad con respecto a la coordinación motora y que son aplicados de manera habitual, se relacionan con una disminución del riesgo de padecer demencia.  Cuanto mejor es la coordinación motora, mejores serán las respuestas neurofisiológicas de cara a los estímulos musculares. La coordinación motora proporciona una mejor acción muscular y a la vez perfecciona la interpretación nerviosa del movimiento. Estando el cerebro en equilibrio con el cuerpo, cualquier clase de estímulo que recibamos será rápidamente asimilada. Las sinapsis cerebrales funcionarán de una manera bastante más acelerada y las respuestas musculares se harán de una forma inmediata. Nuestro cerebro es musical, y la música estimula el movimiento, hecho que propicia el desarrollo de la inteligencia, siendo una combinación perfecta para el aprendizaje, no importando la edad. La música es capaz de llegar a cualquier función cognitiva  y afectiva en la estructura del cerebro. La música está directamente relacionada con nuestro cerebro primitivo, y es capaz de provocar distintas reacciones emotivas en las más diferentes situaciones.  Al combinar música y movimiento, nuestro cerebro recibe una ingente cantidad de estímulos y tiene que ponerse en marcha dentro de una actividad frenética,  y eso es tremendamente positivo cuando el objetivo es inhibir la demencia. Hemos comprobado que el entrenamiento de resistencia  aeróbico coreografiado enfocado a adultos mayores sedentarios, fue capaz de incrementar  el tamaño del hipocampo (en un 2,47% en el izquierdo y en un 2,15% en el derecho). Al término del primero año, nos hemos percatado de que la memoria de los participantes del primero grupo se había incrementado; sin embargo, en el segundo grupo, que no había practicado ejercicio físico en ningún momento, se observó un deterioro de un 1,20% y 1,25% en el hipocampo en los dos lados.
Al desarrollar alguna actividad coreografiada, tanto en hombres como en  mujeres,  el Lóbulo Frontal es accionado, y  con sus neuronas se encarga de controlar los músculos del cuerpo, de la reproducción del habla, de la elaboración del pensamiento y de la emoción. El Lóbulo Parietal influye en la  ubicación espacio-temporal, que se relaciona con los sonidos y la memoria, además de participar en los desplazamientos de la persona en cuestión, fomentando la integración espacio / individuo. También calcula las distancias entre el individuo y los  demás mientras  están en movimiento. El Lóbulo Occipital interpreta las imágenes y figuras coreográficas. El Lóbulo Temporal se encarga de complejas tareas como el reconocimiento de procesos auditivos y visuales; se ocupa de la audición y del lenguaje, entre otras funciones. Al escuchar las músicas que son utilizadas en las sesiones de entrenamiento, el lóbulo temporal se encarga de descifrar todas las informaciones que son recibidas.  Cuando nos comunicamos oralmente con otra persona pasa lo mismo: todo el proceso de memorización auditiva y  la gestión de las informaciones que recibimos  pasa por ese interesante órgano, que recibe, procesa e identifica la información que entra a través del oído; además, también ayuda en la gestión del equilibrio y regula las emociones. El Cerebelo, de entre varias funciones, también ayuda a controlar el equilibrio del cuerpo, no importando la situación en que éste se encuentre.  Al bailar o con la utilización de movimientos coreografiados dentro de un entrenamiento,   el metabolismo se  acelera y, en consecuencia,  habrá un incremento en la cantidad de riego sanguíneo. Cuanto mayor es la cantidad de riego sanguíneo, mayor será la claridad para ver las cosas y para la toma de decisiones. Otra de las cosas interesantes que ocurren con la subida del riego sanguíneo, es el aumento de la neuroplasticidad; en otras palabras, una mayor conexión entre neuronas. Estimular el riego sanguíneo en esas poblaciones es algo muy interesante.

La actividad física puede favorecer la salud cognitiva mediante  algunos beneficios observados en el sistema cardiovascular que se extienden al sistema cerebro-vascular: el incremento de la neurogénesis, principalmente a nivel del hipocampo,  la mejora de la citoarquitectura cerebral y de las propiedades electrofisiológicas, el aumento de los factores de crecimiento cerebrales,  una disminución de la formación de las placas amiloides en la enfermedad de Alzheimer.


                 Además de estimular las inteligencias, en este estudio se buscaba
                                     
ACTH – hormona del estrés
AMPK – hormona que estimula la quema de glucosa. Ésta se pone en marcha cuando hacemos ejercicio y una de sus actividades es favorecer el  aumento  del consumo de glucosa  y de oxígeno en los músculos.
S/E/O/D/N – hormonas del bienestar y de la felicidad
LRRTM1 – gen relacionado con el uso de las manos. Cambia la simetría del cerebro de manera congénita o impuesta.

Se han obtenido resultados   muy interesantes, pues las zonas cerebrales que han sido estimuladas son  las mismas que se estimulan  en las actividades de desarrollo  cognitivo libres de actividad física.
La actividad  física para el desarrollo cognitivo, además de ser un favorable entrenamiento cardiovascular,  es capaz de incrementar  la reserva cerebral mediante la inducción de neurogénesis y sinaptogénesis, de aumentar la reactividad sináptica del hipocampo,  de mejorar la vasculatura cerebral,  de reducir el depósito de hierro en el cerebro, de reordenar las redes neurocognitivas,  de debilitar  las reacciones adversas de las hormonas del estrés en el cerebro, de alterar  la densidad de las lesiones de la sustancia blanca que reflejan microangiopatía, y de mejorar el rendimiento cognitivo.  Algunos otros estudios han comprobado que las actividades cognitivamente estimulantes desde las primeras edades, se asocian a una disminución del riesgo de sufrir enfermedades cerebrales en el futuro, sobre todo en las mujeres, y eso podría empezar desde la gestación.  Durante el embarazo, el ejercicio físico controlado y supervisado ayuda a mejorar  la circulación fetal, mucho más que estar en reposo en la cama, lo que beneficiaría enormemente al feto. Es tremendamente positivo para la madre, al mismo tiempo que se fomentan los primeros estímulos al bebé antes mismo de nacer.
No obstante, si  direccionamos nuestras miradas al desarrollo de la inteligencia,  hay varios estudios que han comprobado que los niños que hacen ejercicio tienen un mejor rendimiento académico. El aumento del flujo sanguíneo que llega al cerebro hace que mejore su oxigenación; de otra parte, los factores de crecimiento se incrementan de una manera muy significativa, lo que favorece en los niños la creación de nuevas neuronas y potencia la flexibilidad sináptica del cerebro, lo que es fundamental en estas edades. Asimismo, el ejercicio físico también aumenta las cantidades de dos neurotransmisores (noradrenalina y endorfina) que disminuyen el estrés, mejoran el ánimo y son importantes para conseguir un mejor aprendizaje.  Un buen entrenamiento físico es capaz de estimular el cerebro, y a la vez de proporcionar una estupenda  mejoría física, tanto en las primeras edades como en las edades adultas, al mismo tiempo que será capaz de fomentar una vejez libre de enfermedades, sobre todo de las cerebrales. Desde luego todavía hay mucho que aprender y mucho camino por recorrer dentro de las enfermedades, principalmente las del cerebro, sin embargo los resultados hasta ahora están siendo muy prometedores.

En 21 días las células madre se convierten en neuronas. Por este motivo es fundamental que tengamos en cuenta que siempre podemos aprender cosas nuevas y que la edad no debe ser un impedimento para ello. La actividad física es una gran herramienta para el desarrollo de la inteligencia en todas las edades, y concretamente para prevenir el deterioro cognitivo.  La mejor manera de mantenernos biológicamente jóvenes es  aprender siempre algo nuevo.





jueves, 17 de julio de 2014

NUESTRO FUTURO LO TRAZAMOS NOSOTROS MISMOS

A lo largo de nuestra existencia vamos adaptando nuestro estilo de vida en función de los hábitos adquiridos con el tiempo, de nuestro entorno social, nuestro entorno laboral, etc. Es fundamental tener claro que nuestras acciones fomentarán una reacción, y dicha reacción podrá beneficiarnos o perjudicarnos; todo dependerá de la manera cómo enfocamos nuestras vidas. Nuestras actitudes, nuestros actos, nuestra manera de pensar, los estímulos que proporcionamos a nuestro cerebro, nuestra alimentación, la costumbre de practicar ejercicio físico y nuestros hábitos de vida, la gestión del estrés del día a día, etc., todo influye.
En la mayor parte de los casos, las enfermedades son producidas por nosotros mismos.
He conocido a personas fumadoras que han padecido cáncer, lo han superado, y sin embargo  siguen fumando. Si abusas del alcohol probablemente desarrollarás una gran dependencia de esa droga, pudiendo tener la posibilidad de desenvolver una cirrosis hepática. El que fuma fomentará un gran deterioro en su salud con la posibilidad de desarrollar cáncer. Fumar hace que  disminuya la concentración de colesterol bueno (HDL) promoviendo la concentración de colesterol  malo (LDL) en la sangre. Además aumenta la tendencia de coagulación de la sangre. Un fumador tiene un riesgo muy grande de desarrollar una enfermedad en las arterias coronarias y este riesgo está directamente relacionado con la cantidad de cigarrillos que fuma al día. Las personas saben que fumar es muy perjudicial, pero siguen fumando. Todos queremos estar sanos, pero muy pocos quieren cambiar su estilo de vida. ¿Qué hay del sedentarismo?
El sedentarismo es capaz de facilitar una gran cantidad de enfermedades (obesidad, problemas cardiacos, hipertensión, estrés, problemas de espalda, diabetes, etc.). En España, según el CIS (Centro de Investigación Sociológica), sólo cuatro de cada diez españoles (38,6%) practican actividad física con regularidad.  Las personas que no practican ejercicio físico en este país argumentan que es porque no les gusta (27,3%), o porque se lo impiden su edad (16,9%), otros porque su salud se lo impide (11,5%), y los demás por la falta de tiempo (15,9%). De todas esas excusas, la que me ha parecido más surrealista fue la del 16,9% de personas que atribuyen a la edad la culpabilidad de no poder hacer ejercicio físico. Cada uno es libre de pensar y hacer lo que le plazca, pero en el momento en el que las enfermedades se manifiestan, las excusas ya no sirven.    
Una  buena parte de la sociedad mundial se está volviendo tan absurdamente inactiva y comodona que,  además de moverse el mínimo indispensable, están dejando de pensar (literalmente). Esto es algo muy preocupante, puesto que cuanto más utilicemos nuestro cerebro racional con  operaciones intelectuales, más desarrollaremos nuestra inteligencia, y mejor control tendremos  de nuestras emociones, además de conseguir eliminar el estrés que por sí sólo ya es dañino y que está presente en todas las enfermedades . Por infelicidad muchas personas prefieren no pensar, no analizar hechos, no razonar los problemas para poder solucionarlos. La inopia también es una manera de estar enfermo. En la actualidad podemos encontrar una tremenda cantidad de información que puede solventar muchas de las dudas e inquietudes de las personas sobre temas relacionados con la salud. Que una persona haga  acciones perjudiciales en su vida para  su salud y bienestar  careciendo de la debida información,  puede ser considerado una equivocación; pero hacer lo mismo  teniendo  información fehaciente, y  siendo consciente de sus actos, es una estulticia. El gran problema es que muchas personas no quieren parar y pensar sobre qué les pasa. Muchos son conscientes de que tienen un gran problema, pero son incapaces de utilizar el sentido común y de tomar una actitud que pueda ayudarles a solventarlo. Un ejemplo de ello son algunas personas que padecen obesidad. Conozco a unas cuantas personas que padecen  esta enfermedad, que viven protestando sobre su incapacidad de hacer cosas debido a las limitaciones que su peso les proporciona, pero sin embargo no hacen nada para resolver el problema; otras  están en la cola para operarse de reducción de estómago, pero mientras esperan, siguen con los mismos hábitos, las mismas malas costumbres, la misma ingesta calórica y el mismo sedentarismo. A algunas de estas personas les he llamado la atención varias veces sobre la importancia del desarrollo  de un programa de actividad física controlado junto con una dieta equilibrada previa a la intervención que están esperando. Tengo casos documentados de personas que,  mientras esperaban en la lista para operarse, empezaron un programa de ejercicio físico y una dieta equilibrada  diseñados especialmente para esta población. Después de 18 meses, al llegar el momento de la intervención, habían perdido 35 kilos, habían cambiado totalmente su estilo de vida del sedentarismo a una vida activa, habían cambiado sus malos hábitos nutricionales,  su actitud frente a la vida; ya no daban escusas frente a los problemas, sencillamente los afrontaban con valor y coraje. No fue necesario proceder a la intervención de reducción de estómago, pues ya habían logrado su objetivo, y sin la necesidad de fármacos. Un tratamiento nada agresivo, absurdamente más barato, sin efectos secundarios, capaz de fomentar cambios metabólicos importantes, y capaz de prevenir problemas cardiacos y otras enfermedades. Desafortunadamente la gran mayoría de las personas que están en la lista de espera para una intervención quirúrgica de reducción de estómago no se preocupan en prepararse,  simplemente piensan que dicha operación será la solución de sus problemas de sobrepeso, pero mismo después de la intervención hay un largo recorrido hasta el éxito, y muchas de estas personas se quedan en el camino y siguen siendo obesas. No estoy en absoluto en contra de las intervenciones quirúrgicas de reducción de estómago, sólo faltaría; con lo que no concuerdo es con que la intervención quirúrgica en estos casos sea la primera opción, y para muchas personas la única.
Creer es más fácil que pensar, he ahí la razón de que existan más creyentes” Albert Einstein.   
Si disminuimos la  actividad física, reduciremos los niveles de mitocondrias en nuestros músculos y haremos que nos cueste cada vez más movernos, o hacer  ejercicio, y eso es lo que pasa con las personas sedentarias.
Gran parte de la sociedad es consciente de lo que es correcto y de lo que no es bueno para su salud, pero se empeñan en mirar para el otro lado y declinarse hacia las actitudes incorrectas. Es sabido que si comes más de lo que necesitas, ganarás peso; si ingieres demasiados dulces podrás desenvolver obesidad, deteriorar los dientes, fomentar un ambiente muy ácido en el organismo y,  junto con la obesidad, la posibilidad del desarrollo de un cáncer, y el sedentarismo se sincroniza perfectamente con todas esas malas costumbres. El azúcar es uno de los grandes problemas de los tiempos modernos. Es un producto muy adictivo, que no tiene ningún valor nutritivo y que, además, es un gran impulsor de muchas enfermedades. En el siglo XIX el consumo de azúcar en Estados Unidos era de 4 kilos por persona/año. En 2009 ese consumo se incrementó hasta la cifra de 79 kilos por persona/año, junto con el incremento del sedentarismo. La glucosa es un potente alimento para las células cancerígenas, pues en la presencia de un tumor, algunos genes dejan de funcionar, o funcionan de manera incorrecta, se inhiben los receptores de glucosa que están en la superficie de las células y que eliminan esa glucosa del torrente sanguíneo, y esto hace que los tumores se alimenten insaciablemente y que se desenvuelvan. En condiciones normales esta célula estaría activa y degradaría el receptor de glucosa, pero en estos casos, ocurre lo contrario, hay una superaceleración del receptor de glucosa que resultará en una multiplicación tumoral.   
Las células tumorales se identifican por su crecimiento descontrolado, y necesitan mucha energía. Para lograr ese hecho,  estas células malas atraen toda la glucosa que pueden. Además de la captación de glucosa, esta clase de células son anaeróbicas, viven en ambientes con ausencia de oxígeno en un entorno químico, así que una buena idea sería practicar actividad física, reducir la ingesta de azúcar, sus derivados, y de harina refinada,  así como de sal, leche, etc. La utilización de grandes  cantidades de harina refinada puede producir el mismo efecto, y la unión de grandes cantidades de harina refinada con grandes cantidades de azúcar, junto con la falta de la práctica de la actividad física, produce una combinación explosivamente perfecta para que se fomente la pérdida de salud y de calidad de vida en las personas.
Es inverosímil que todavía exista una gran resistencia por parte de muchas personas a aceptar la importancia del ejercicio físico y del deporte en nuestras vidas, al mismo tiempo que algunas malas costumbres están bien vistas y aceptadas en nuestra sociedad (fumar, beber alcohol, etc.). También es muy importante destacar la gran adicción al azúcar que muchas personas padecen,  algo digno de preocupación. Dicha adicción comienza  desde niños (en vez de comprar estas papillas dulces de las farmacias, ¿por qué no hacerlas en casa con frutas naturales y cereales?)
Por otro lado, es fundamental recordar la importancia que tiene el pensamiento positivo en nuestras vidas, principalmente dentro del mundo de las enfermedades, pues pensar positivamente es como abrir una vía directa de ayuda a un  tratamiento. Las personas que piensan positivamente tienen mayor  facilidad en librarse de malas costumbres, una vez que son conscientes de ello.     
No se puede mesurar el pensamiento,  tampoco su fuerza. El pensamiento mueve una ingente cantidad de corrientes eléctricas en el cuerpo  afectando así a los nervios y, como respuesta, ocasiona las sensaciones y los sentimientos. El pensamiento tiene un poder que no se puede explicar, por este motivo es fundamental que intentemos direccionar nuestro pensamiento de manera positiva y productiva.(1)    
El pensamiento es capaz de fomentar la liberación de una gran cantidad de sustancias químicas en el organismo. Una persona que piensa de una manera negativa frente a la vida y frente a las enfermedades, tendrá una gran posibilidad de inhibir la liberación de serotonina, de oxitocina, de las endorfinas, etc., que son las sustancias que nos hacen sentir bien. Y esto es debido a que las personas  pesimistas normalmente se estresan con una tremenda facilidad, principalmente cuando se trata de lidiar con las enfermedades. Esa situación facilitará la liberación de ACTH (hormona del estrés), que a su vez inhibirá la acción de las sustancias anteriormente citadas.(1) Al padecer una situación de estrés, independiente de la manera en que se nos presente, la hormona del estrés, cuando es liberada,  se encarga de bloquear gran parte de las demás hormonas responsables del bienestar como la oxitocina, la serotonina, la endorfina y  la dopamina, y cuando el cuerpo está libre de estrés, ocurre lo contrario.(2)
Es fundamental tener claro que el estrés, esa enfermedad tan bien aceptada por todos, inhibe el sistema inmune facilitando así la proliferación de muchas otras enfermedades.
El cuerpo humano está hecho para moverse y todo aquello que hagamos por encima del sedentarismo, resultará ser una buena estrategia para la mejoría de la salud. Nuestra salud depende única y exclusivamente de nosotros. Tener una buena o mala salud es el resultado de nuestras acciones, de nuestra manera de pensar, de nuestra manera de cuidarnos, de nuestra manera de vivir. Es imposible ser feliz en ausencia de salud, por este motivo deberíamos volver a plantear nuestras prioridades y evaluar la equidad de nuestro gasto energético para las cosas sin importancia, y para las que nos hacen verdaderamente felices.
Antes de preocuparnos con el futuro, hay que vivir el presente, y vivirlo de la mejor y más sana manera posible. Lo que seremos en el futuro dependerá de las actitudes del presente. El pasado ya se ha ido y no podemos cambiarlo, pero el presente cada día nos invita a hacer algo bueno para nosotros y para los demás. No perdamos esas oportunidades.




(1) El Blog del Dr. Sergio Simphronio  LA FUERZA DEL PENSAMIENTO Y LA IMPORTANCIA DE PENSAR DE MANERA POSITIVA PARA NUESTRA SALUD
(2)  El Blog del Dr. Sergio Simphronio  EL ESTRÉS SIN  MOTIVO




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miércoles, 18 de junio de 2014

LAS UNIDADES DE TRATAMIENTO DE ENFERMEDADES POR MEDIO DEL EJERCICIO FÍSICO

La introducción de las unidades de actividad física en los hospitales y clínicas es un hecho que crece a cada día en muchos países.  Son innúmeras las evidencias científicas que comprueban la efectividad del ejercicio físico como apoyo a un tratamiento, para un  tratamiento, en la recuperación o para la prevención de las enfermedades, pero es importante puntualizar que para que estas unidades  realmente funcionen con una gran efectividad, no basta con sólo introducir algunos movimientos en forma de ejercicio para que los pacientes se muevan, ni tampoco  con enseñarles tablas de ejercicios y supervisarles. Es ésta una cuestión  bastante más profunda de lo que muchos puedan imaginar. Siempre digo que las enfermedades no tienen  nada que ver con la salud, pero el gran reto es hacer  que las dos se fusionen haciendo que la primera desaparezca. Llevo más de 10 años creando e  introduciendo unidades de tratamiento de enfermedades por medio de la actividad física, principalmente en hospitales de Estados Unidos, Inglaterra, y últimamente en Noruega. En un principio haciéndolo de manera privada como asesor (PhD), y después a través de SIMPH MEDICAL FITNESS INSTITUTE con las UEFE® (Unidad de Entrenamiento Físico para Enfermedades), siempre obteniendo resultados muy satisfactorios en la aplicación de los más distintos protocolos para el desarrollo de las terapias con actividad física. Es fundamental resaltar que el concepto de unidades de tratamiento vía ejercicio que tenemos y que introducimos en los países en los que operamos es muy completo. Va mucho más allá que una pequeña sala  dentro de un hospital. El concepto de las unidades que creamos es el de verdaderos gimnasios enfocados a personas con patologías, algunas incluso con piscina semiolímpica. Muchos de los que estáis leyendo este artículo estaréis pensando que eso no puede ser posible, pero os aseguro que no sólo es posible  sino además  muy lógico y necesario, pues la primicia principal de esta clase de tratamiento es alejar al paciente al máximo del clima de un hospital. Los ejercicios nunca deben ser aplicados por profesionales que lleven los típicos pijamas hospitalarios o batas que utiliza el personal sanitario, pues esto es totalmente  contraproducente. La ropa deportiva es la más adecuada, y además  hemos comprobado con estudios que los niveles de serotonina de las personas que han participado en el programa subían al desarrollar el entrenamiento con un profesional que utilizaba ropa deportiva; en contrapartida, los pacientes asocian el pijama sanitario a los fármacos, a sus enfermedades y,  lo peor, al dolor.
A este respecto hemos desarrollado un interesante estudio con algunos de los participantes del programa de actividad física para el tratamiento de enfermedades.  Constituía un grupo de  60 participantes,  siendo 20 varones de edades comprendidas entre 45 y 55 años, y 40 mujeres de edades comprendidas entre 30 y 60 años.
Se ha procedido a recoger la saliva de los 60 pacientes antes de empezar el programa con profesionales (entrenadores) que llevaban pijamas blancos y lilas. Al concluir la sesión, hemos repetido la operación. Las dos tomas de saliva de los participantes eran analizadas cada día durante una semana. En la semana siguiente, hemos procedido de la misma manera,  con el mismo tipo de entrenamiento, de procedimientos, y con los mismos profesionales (entrenadores), pero utilizando ropas deportivas.
Profesionales utilizando pijamas.
Al analizar los niveles de cortisol en saliva, hemos comprobado que todos los participantes del estudio, antes de empezar la sesión, tenían niveles de estrés muy aceptables. Sin embargo, estas mismas personas al terminar la sesión, poseían  niveles de estrés totalmente diferentes con respecto al inicio de la actividad. En un 65% de estas personas hemos comprobado que los niveles de estrés se habían disparado a una clasificación no aceptable, un 30% de ellos tuvieron una elevación moderada, y el 5% restante no presentó una alteración significativa.
Profesionales utilizando ropas deportivas.
Al analizar el cortisol en saliva de las mismas personas en la segunda semana, hemos podido comprobar que en un 25% de los participantes, los niveles de estrés se habían alterado de una manera inapreciable; no obstante,  en un 75% de ellos, estos niveles  habían bajado de manera significativa.
No contentos,  hemos querido ahondar en el  porqué de tal hecho. Hemos seguido con el estudio durante dos semanas más, pero suprimimos los test de saliva, y procedimos a estudiar el cerebro de 10 de los participantes vía resonancia magnética, justo aquéllos que tuvieron los cambios de ACTH (hormona del estrés) más pronunciados en la segunda parte de estudio, aquéllos en los que más bajaron los niveles de cortisol al tener a un profesional aplicando los programas de actividad física con ropa deportiva. La segunda parte del estudio  ha sido realizada con la utilización de los pijamas hospitalarios  por parte de los profesionales. Todas las personas presentaron mapas muy parecidos en su cerebro. En todas ellas se podían apreciar las “zonas  cerebrales del dolor”.
Se apreciaban las zonas del tálamo (encima del cerebro primitivo), el lóbulo parietal (información sensorial), sistema líbico (procesos emocionales), corteza cerebral (parte de la razón). Este descubrimiento nos ha hecho pensar que los pijamas hospitalarios en la práctica deportiva alteran los niveles de ACTH en los pacientes, debido a que les provocan una asociación directa con el dolor. Desde luego, si a un proceso de recuperación de alguna enfermedad o durante el tratamiento de la misma hay presencia de estrés, la enfermedad se hace más fuerte, pues éste inhibe el sistema inmunológico.  Al llegar datos  negativos al cerebro,  ya sea en forma de estrés, o de malos recuerdos o experiencias, éste analiza y toma las decisiones más pertinentes para la protección del cuerpo. El cerebro construye el dolor en base al análisis de los datos que recibe, pero también de las experiencias y del aprendizaje.
Desde nuestro punto de vista, el profesional más indicado para desarrollar este servicio es el profesor de educación física especializado en tratamiento de enfermedades vía ejercicio físico. Desde nuestra experiencia, el trabajo en equipo es lo más importante para que se logre una recuperación activa de pacientes que hagan parte de esta clase de programas. Y por supuesto los médicos siempre deben  dar el visto bueno para que los pacientes puedan hacer parte de los programas de recuperación activa vía ejercicio físico. Las reuniones entre profesionales de las más distintas áreas son frecuentes, se estudia cada caso de manera aislada, y todos tienen mucho que aportar; hay que recordar que lo importante es el paciente y su salud.  Es fundamental hacer que el paciente se sienta sano, aunque no sea así, que quiera sentirse fuerte, además de proporcionarle una de las herramientas principales para su recuperación, que es la autoestima. Estas unidades son fundamentales, pues proporcionan herramientas indispensables para una recuperación activa en los pacientes.
 Antes de crear una unidad, ya sea en un hospital, en un gimnasio, o en un hotel,  entrenamos a todo el personal implicado:   médicos, fisioterapeutas, enfermeros, profesores de educación física, nutricionistas, etc. Todos deben trabajar al unísono, compartiendo informaciones y conocimientos sobre cada caso.
Es muy importante puntualizar que los cambios neurofisiológicos que sufren las personas enfermas dentro de la práctica de la actividad física son innúmeros. Dicho esto, hay que tener muy en cuenta el estado anímico y el lado psicológico del paciente, ya que según este estado y la gravedad de la enfermedad,  se puede  alargar mucho la recuperación de la persona afectada por la patología.     
De otra parte, no podemos olvidar que las defensas de estas personas  muchas veces están  bajo mínimos, a lo que hay que añadir el componente de estrés que generan todas las enfermedades; éste se manifiesta en forma de miedo o de preocupación, y ahí tendremos un gran problema para obtener el éxito deseado en el tratamiento. Éste es uno de los principales motivos por los que el personal sanitario debe  estar muy bien entrenado para tratar con los pacientes que harán parte de dicho programa. Nunca debemos tratarles como enfermos, aunque  lo sean; no cuesta nada sonreír a un paciente; no cuesta mirarle a los ojos al hablarles; no cuesta escucharles aunque sea por un minuto, aunque nos apremie la inexistencia de tiempo; no cuesta transmitirles un poco de paz y tranquilidad, mismo estando dentro de un hospital.
La actividad física es una herramienta fundamental para lograr la recuperación de una enfermedad,  mismo en la prevención, pero debe  ser muy bien aplicada, sobretodo en casos como éstos. De no ser así, podrá perder su efectividad y los resultados pueden ser muy negativos, y en algunos casos incluso perjudiciales. El ejercicio físico equilibrado y bien aplicado, además de elevar los niveles de serotonina, endorfinas, oxitocina, etc., reduce el ACTH (hormona del estrés), y es capaz de eliminar a los radicales libres.
De otra parte, los radicales libres también están directamente relacionados con muchas enfermedades como la Fibromialgia, el Cáncer, la Arteriosclerosis, etc., estando también relacionados con otros procesos biológicos como la vejez. Estos fenómenos  de oxidación por radicales libres están en el origen de muchas enfermedades (1). Dicho esto, es muy importante recordar que la actividad física también puede producir radicales libres.
El problema ocurre cuando la producción de radicales libres supera la capacidad del organismo de “antioxidar”, generando  con ello un desequilibrio que tiene como resultado el estrés oxidativo y, en consecuencia, el daño celular. Eso puede ocurrir con la gran ingesta de fármacos derivada del tratamiento médico necesario en el proceso, pero también por una vida alimenticia mal enfocada donde el consumo de los alimentos ácidos superaba  al  de los alcalinos, y también por la práctica desequilibrada del ejercicio físico, máxime en casos de personas que padecen o que han padecido  alguna enfermedad, y teniendo en cuenta que algunas de ellas nunca han practicado ejercicio físico en su vida. Sus defensas estarán bajas y tendrán una energía limitada para la práctica del ejercicio físico. Un protocolo mal aplicado podría tener efectos muy negativos.
Por este motivo la sincronización y adaptación de la aplicación de la actividad física tanto a la patología como a la individualidad de la persona es de lo más importante en estos casos pero,  para poder hacerlo,  es necesario tener un gran conocimiento tanto de la enfermedad como de la práctica del ejercicio físico, al mismo tiempo que es fundamental conocer a la persona la que se aplica el tratamiento. La nutrición deportiva aplicada al tratamiento de enfermedades también es de suma importancia. En el caso de SIMPH MEDICAL FITNESS INSTITUTE, aplicamos la NDE®  (Nutrición Deportiva para Enfermedades).
Para desarrollar esta clase de tratamiento, es imprescindible controlar la aplicación de la actividad física dentro de la enfermedad, así como saber  establecer las recomendaciones sobre la cantidad  y la intensidad de actividad física pertinente e ideal para el tratamiento.
  

(1)El blog del Dr. Sergio Simphronio  LA ACTIVIDAD FÍSICA Y EL ESTRÉS OXIDATIVO





jueves, 22 de mayo de 2014

LA INFLUENCIA DEL EJERCICIO FÍSICO EN EL SISTEMA INMUNOLÓGICO


Una persona goza de buena salud mientras  mantiene su sistema inmunológico  equilibrado, pero debido a las más distintas adversidades que uno pueda encontrar a lo largo de su vida, muchas veces eso no es posible. Desafortunadamente vivimos en un constante desequilibrio: contaminación medioambiental, diferencias térmicas importantes en un mismo día, alimentación desequilibrada y desmesurada, sedentarismo, aporte hídrico insuficiente, dejarse llevar por el estrés y no tomar medidas para solventarlo, el consumo de alcohol, de tabaco, de drogas, etc. Muchos son los factores que participan para que  podamos  mantener el equilibrio en nuestra salud. Para direccionar nuestras vidas hacia ese camino, es fundamental que desaprendamos algunas costumbres impuestas y adquiridas, y que empecemos a evaluar, al mismo tiempo que a cuestionar, el porqué de las cosas, siempre buscando el sentido común para la aceptación de las mismas en nuestras vidas.

El sistema inmunológico es el conjunto de procesos biológicos y estructuras que están en el interior del organismo y que sirven para protegerle de las enfermedades. Es la defensa natural de nuestro cuerpo frente a las infecciones. La práctica regular y equilibrada de ejercicio físico y tener una alimentación saludable, son dos de los factores más importantes para mantener nuestro sistema inmunológico dentro de los parámetros normales, pudiendo incluso proporcionar una resistencia añadida  en las defensas del organismo. Es fundamental hacer que el sistema inmunitario sea activo y trabaje dentro de su normalidad; por este motivo, hay que tener claro que el sedentarismo es una vía directa para la ralentización del sistema inmune.  Siempre es bueno recordar que los trastornos del sistema inmunitario pueden ocasionar enfermedades.
El trabajo del sistema inmunológico es destruir organismos infecciosos invasores, antes mismo de que puedan atacarnos y causarnos daño.   Nuestro sistema inmunológico está siempre alerta. Todo cuerpo externo se llama antígeno, y éstos deben ser eliminados antes de que ocasionen problemas. En la primera línea de defensa del cuerpo humano están los denominados macrófagos, que son células que circulan por la corriente sanguínea y los tejidos: son los vigilantes de los antígenos. Al detectar la entrada de un invasor, un macrófago inmediatamente lo intercepta, lo captura, y lo mantiene dentro de la célula. Las enzimas del interior del macrófago destruyen al antígeno. En la mayor parte de los casos, otras células del sistema inmunológico se asocian en esta acción.
La maravillosa máquina humana está preparada para resolver varias situaciones,  para muchas de las cuales todavía no somos totalmente conscientes de los protocolos que utiliza. De todas formas, es fundamental llamar la atención sobre algunos aspectos relacionados con nuestro sistema inmunológico, como el uso de los fármacos en exceso. La excesiva utilización de fármacos, y sin una prescripción médica, puede ser muy perjudicial para la salud. Gran parte de las personas, al mínimo síntoma de un pequeño resfriado, se atiborran de fármacos casi que de una manera preventiva.

La salud no se construye con los fármacos, sino con una vida equilibrada.

Los fármacos existen para solucionar situaciones en las que el cuerpo humano se encuentra incapacitado de hacerlo debido a los desequilibrios ocasionados por alguna anomalía. En el caso de un típico  resfriado, las personas se alarman, y lo que suele ocurrir con normalidad  es que, además de la ingesta de los fármacos sin una prescripción facultativa, éstas se encierran dentro de sus casas, en muchos casos convalecientes en la cama, y no abren las ventanas para que no entre frío,  por lo que las estancias no se ventilan correctamente, y durante algunos días no cambian de pijama, tampoco las sábanas. Es importante recordar que un sólo estornudo es capaz de contaminar un área de seis metros a la redonda, y sus bacterias pueden permanecer en el ambiente hasta 4 días, además que puede alcanzar una velocidad de entre 110 y 160 kilómetros por hora.
¿Alguna vez os habéis parado para imaginar cuántas veces se estornuda en un día de resfriado?
Dicho esto, en el caso de un resfriado, dejemos que nuestro sistema inmune trabaje antes de la ingesta de los fármacos, y en el caso de que se haga necesaria dicha ingesta, siempre hacerlo con el consejo y supervisión de un médico. De todas  formas, habiendo  presencia de un tratamiento farmacológico o no, en casos como éstos, facilitar la entrada de aire dentro de casa es fundamental, pues todos  los virus y bacterias son anaeróbicos, así que el aire puro viene muy bien como un primer paso para una rápida recuperación de un proceso gripal o un resfriado; cambiar sábanas y la ropa de dormir a menudo también son fundamentales, y si se tiene  algo de fuerza (no de disposición, puesto que en estos procesos la disposición desaparece), hacer ejercicio físico moderado (ej: salir a caminar al aire libre).    
Es fundamental dejar que nuestro organismo trabaje antes de la aplicación de los fármacos, de esta manera fomentaremos más resistencia orgánica frente las enfermedades.   

Hasta ahora me he referido a las personas que no padecen ninguna anomalía en su sistema inmune, pero eso puede pasar. Es el caso de las personas que tienen un sistema autoinmune debido a un fallo en su sistema de defensa, y éste en vez de defender el organismo, puede atacarlo. Ante una anomalía en el sistema inmunológico, éste no diferenciará sus células de las intrusas, y en vez de luchar en contra de los antígenos, puede ir en contra de sus propias células y tejidos por error. Los componentes implicados en este ataque se llaman linfocitos autorreactivos o autoanticuerpos. Esta errónea respuesta del sistema inmunológico facilita la aparición de varias enfermedades autoinmunes como el lupus, la artritis reumatoide y la miositis.

Con la práctica regular de ejercicio físico se consigue fomentar un ambiente totalmente alcalino en el organismo. Mismo estando en presencia de una enfermedad, el ejercicio será capaz de eliminar la acidez y de activar la eliminación de los radicales libres, al mismo tiempo que facilitará poderosas  herramientas al organismo para la lucha contra  los antígenos. También facilitará una positiva e importante alteración metabólica, posibilitando así una más rápida eliminación de  toxinas (fármacos) del organismo. La práctica de ejercicio físico en estos casos es muy recomendable, pues también será capaz de estimular un importante incremento del aporte hídrico, que es fundamental para el transporte del oxígeno. 
El ejercicio físico es una antioxidante natural al igual que el sueño (dormir). Tal es la importancia de ambos, que son capaces de reponer el ADN  celular, de mejorar el sistema inmunológico y de producir una notable mejoría en nuestra salud. También es importante recordar que una vez que el organismo metaboliza un determinado fármaco, al igual que los alimentos, el cuerpo utiliza lo que necesita, y aquello que no precisa lo descarta, lo que muchas veces son grandes cantidades de sustancias químicas, y  esas sustancias pasan a ser algo dañino para nuestra salud (efecto secundario). Éste es otro de los motivos por los cuales se debe practicar ejercicio físico durante  el tratamiento de enfermedades, aunque exista la necesidad de medicación. [1]

La actividad física servirá como antioxidante acelerando el metabolismo y ayudando a eliminar el fármaco excedente, además de fomentar un ambiente alcalino en el  organismo. Estimulará la liberación de oxitocina, de serotonina, de dopamina, inhibirá la liberación de la ACTH (hormona del estrés), y eliminará cualquier posibilidad de  que la persona se deprima debido a la enfermedad. El ejercicio físico actúa directamente en las células evitando que se pongan enfermas.



1. La efectividad del ejercicio físico en el tratamiento de las enfermedades.


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jueves, 8 de mayo de 2014

LAS EMOCIONES DENTRO DE LAS ENFERMEDADES

Se empieza a hablar cada vez más y con mayor frecuencia sobre los tratamientos de enfermedades por medio de la actividad física. Es muy importante llamar la atención sobre varios aspectos,  uno de ellos, y el más importante, que el mundo de las enfermedades es algo muy  interesante pero muy complejo a la vez, y hay que estar verdaderamente preparado para asumir una  responsabilidad de este calado. De otra parte, al plantear tratamientos vía ejercicio físico a  poblaciones especiales para las más distintas enfermedades, es de sentido común conocer las  enfermedades a fondo antes de la aplicación de la actividad física, al mismo tiempo que es fundamental tener un gran conocimiento sobre los ejercicios físicos y sus diferentes formas de aplicación, además de estar al  tanto de todos los efectos que estos últimos pueden proporcionar a las personas que padecen alguna anomalía. Dicho esto, me empieza a preocupar la proliferación de publicidades que últimamente veo sobre muchas y variadas  actividades que sirven para tratar una inmensa cantidad de enfermedades, y que además todas las personas que las aplican se dicen “capacitadas” para hacerlo. Desde luego algunas personas del mundo de la actividad física y de la salud sí que están capacitadas, y además con una gran preparación, pero lo que me asusta es que hay una inmensa cantidad de personas que carecen de esta clase de formación, y que aún así siguen trabajando con esas poblaciones. El mundo de las enfermedades no tiene nada que ver con el de la salud. El gran tema es fomentar que estos dos mundos se fusionen haciendo que el de las enfermedades desaparezca.

Llevo más de 20 años investigando el tratamiento de enfermedades vía ejercicio físico de los cuales,  en algunas enfermedades, tengo grupos de investigación que llevan conmigo 12 años; y sin embargo cada día que pasa descubrimos algo nuevo y me doy cuenta de que mi conocimiento es imperceptible.  
Dentro de los tratamientos de enfermedades por medio de la actividad física existen varias líneas muy efectivas de trabajo. Siempre es importante recordar que el cuerpo humano tiene una ingente cantidad de sistemas de autodefensa frente a las más distintas adversidades que puedan ocurrir en el día a día. La mejor manera de entrenar estos sistemas de defensa es con la práctica de ejercicio físico regular y una alimentación equilibrada. El ejercicio físico es capaz de proporcionar una gran cantidad de estímulos que incitan a nuestro cuerpo a reaccionar de manera positiva de cara a cualquier anomalía, y que pueden ser claves en la defensa del organismo frente a una enfermedad más importante.

He escrito varios artículos hablando sobre el estrés, y lo seguiré haciendo, pues esta enfermedad que está tan bien aceptada por la sociedad, es una gran impulsora de la pérdida de calidad de vida de muchas  personas,  tanto por sí misma como si está vinculada a la presencia de alguna otra enfermedad. Está presente en más de un 90% de las enfermedades. Al ponerse enfermas las personas  se enfadan, sienten miedo, se deprimen, algunas a mayor escala que otras, pero todos estos síntomas pueden dificultar la recuperación de las enfermedades  pudiendo alargarlas de una manera considerable. Es fundamental recordar que el estrés inhibe el sistema inmunológico de las personas, facilitando así la pérdida de efectividad del organismo para protegerse frente a las adversidades. Sin embargo, en la presencia o no de cualquier enfermedad, el estrés también puede ocasionar la ansiedad y la depresión. Ante una enfermedad, de manera general, las emociones se hacen difusas, y según la manera que tenga la persona en cuestión de afrontar  dicho proceso, las emociones son capaces de regular nuestro estado mental, además de nuestro estado corporal. El cuerpo humano no sólo evidencia las emociones que sentimos, sino la manera en  la que las sentimos. El cerebro procesa algunas emociones en función del estado fisiológico del corazón. Al recibir un impulso negativo de  miedo o susto por alguna situación inesperada que se nos cruce en el camino durante la sístole (contracción miocárdica en la que el corazón expulsa la sangre de su interior), se percibe la emoción de una manera más intensa que si fuera la misma situación en diástole (cuando el corazón se relaja después de la contracción).

El cuerpo está totalmente sincronizado con las emociones, tanto es así que en algunos casos el dolor físico puede proceder de una emoción producida por un fuerte proceso de ansiedad. Las emociones humanas pueden liberar sensaciones físicas muy fuertes. El cuerpo,  además de  manifestar las sensaciones que sentimos, también es capaz de influir en la manera que sentimos estas emociones. Es importante volver a recordar que toda enfermedad tiene un componente emocional muy importante, y lo que va a determinar la inhibición de este componente es el estado anímico de la persona en cuestión. El gran impulsor para la mejoría del estado anímico de una persona es la práctica regular de ejercicio físico junto con una alimentación equilibrada, máxime si el individuo se encuentra dentro de una enfermedad. Practicar actividad física controlada y supervisada durante una enfermedad es algo muy interesante que además fomentará un avance en el proceso de recuperación del paciente.
Al hablar de la emoción, me he referido a sólo uno de los aspectos que intervienen en una enfermedad. Por ese motivo, es inteligente recordar que cada persona es un mundo totalmente diferente, y que en un tratamiento también basado en ejercicio físico, es de suma importancia individualizarlo, al mismo tiempo que debemos valorar cuál será el protocolo más indicado a seguir, puesto que el protocolo “A” quizás sea correcto, pero puede estar siendo aplicado a la persona equivocada. El cuerpo humano funciona de manera global, es decir, todo está conectado con todo. En presencia de una enfermedad, el cerebro recalcula todos sus procedimientos cambiando así el metabolismo de la persona con el fin de recuperar su integridad física lo antes posible. Para el tratamiento de enfermedades vía actividad física, debemos seguir la misma máxima.



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