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miércoles, 14 de noviembre de 2012

NO DEBEMOS CRUZAR LAS PIERNAS MIENTRAS ESTAMOS SENTADOS


Son muchos los problemas de articulaciones  que se diagnostican en los pacientes ocasionados por  las malas posturas y los vicios posturales. Acciones como estas acarrean consecuencias desastrosas, pues producen un mal uso de las articulaciones debido a un  posicionamiento inadecuado de las mismas. En el caso de las articulaciones de las caderas, por ejemplo: de una manera general, la mayor parte de las personas, y en especial las mujeres, tienen la mala costumbre de cruzar las piernas mientras están sentadas. Es  una postura que brinda una falsa sensación de bienestar, pues en realidad el cuerpo no se encuentra cómodo. De otra parte, por el hecho de estar en una posición sedente, la musculatura se encuentra en estado relajado y los músculos que deberían estar en contracción para proporcionar la debida protección de la zona en cuestión, no actúan facilitando que se ejerza una  importante sobrecarga sobre la pelvis.   
La pelvis forma la base de la cavidad abdominal inferior.  Está compuesta de tres huesos diferentes que se unen: el ilion, el isquion y el pubis.  El primero es un segmento ancho y con forma de ala que representa las superficies anchas y ligeramente cóncavas de la parte posterior y lateral de la cintura pelviana.  El segundo forma una parte pequeña e inferior que soporta el peso del cuerpo mientas está sentado.  El pubis crea un arco en la parte frontal de la base que facilita el paso de la uretra, de los vasos sanguíneos y de los nervios desde la cintura pelviana hasta los genitales externos y la parte inferior del cuerpo.  La pelvis se articula con el sacro en la parte posterior (por lo tanto, conecta con el resto de la columna vertebral) y con las piernas mediante la articulación formada por los dos acetábulos de la pelvis (una cavidad circular y larga que se encuentra a cada lado de la pelvis), y por la cabeza de cada fémur. Debido a la relajación muscular que se produce mientras estamos sentados, se formará un espacio entre la cabeza del fémur y el acetábulo. Esta acción hace que la articulación salga del eje  permitiendo así que el muslo se desplace de la articulación.
Mientras estamos sentados, los músculos soportan una carga diferente de la que están preparados y no están  ejerciendo la debida contracción para mantener las articulaciones protegidas, motivo por el cual debemos sentarnos en la silla manteniendo la mejor postura posible. Si estamos sentados con las piernas cruzadas estaremos propiciando la ampliación de este espacio articular, pero la cosa no termina ahí, pues una vez nos hemos levantado, la musculatura necesita de un tiempo para su reactivación muscular, y casi nunca se lo proporcionamos. Como resultado  las piernas estarán desniveladas y una cadera estará más alta que la otra debido a que tendremos que ejercer una fuerza y tensión desequilibradas en la musculatura, cosa que dificultará que el muslo retorne a su situación normal  de igualdad y de división de sobrecargas. Es cuando las descompensaciones empiezan a actuar pudiendo llegar a ocasionar leves hipertrofias musculares en glúteos y lumbares. De otra parte, se puede provocar alguna inflamación en la zona de las caderas, problemas circulatorios, dolor y desniveles aparentes de la pelvis, etc.  Las personas que son conscientes acerca de este vicio  postural y que practican actividad física, deportes, o las que son muy jóvenes, deberían estar atentas, pues debido a la buena tonificación de su musculatura los posibles problemas que las malas posturas ocasionan podrían tardar en manifestarse, pero esto tarde o temprano va pasar. Por este motivo es fundamental que sigan practicando actividad física, pero que añadan en su entrenamiento programas de estiramientos, Pilates y de reeducación postural.
La cosa se complica en los casos de artrosis de caderas o en fracturas, donde hay que intervenir  e introducir una prótesis de cadera. En este último caso, cruzar las piernas al sentarse o mantener malas posturas  será correr verdadero riesgo, pues puede que la prótesis salga del sitio y se ocasione una luxación, que es una complicación grave que exigirá volver al quirófano para recolocar la prótesis, retrasando así la recuperación. 
Otro de los motivos por los cuales  no se recomienda cruzar las piernas, es que se dificulta la correcta circulación de la sangre,  siendo especialmente perjudicial si las personas en cuestión no tienen buena circulación, padecen obesidad, son hipertensas, tienen retención de líquidos, etc.  La trombosis  venosa se produce en situaciones en las que la circulación de la sangre en las venas es más lenta. Ocurre con mayor frecuencia en los miembros inferiores, cuando la persona permanece sentada o de pie por un largo espacio de tiempo, y si las piernas están cruzadas. Esto ocasiona una acumulación de la sangre en las venas de las  piernas dificultando así el retorno de la sangre al corazón. Una circulación de la sangre deficiente puede ocasionar dificultades respiratorias, taquicardias, dolor de pecho, pérdida del conocimiento, y también puede formar un  coágulo de sangre en el interior de una vena. En casos como estos es normal que se hinchen las piernas y que se produzca dolor en las mismas, preferentemente en los gastroctnemios (pantorrillas), pero ese trombo puede desprenderse y desplazarse hasta el pulmón obstruyendo el paso de la sangre, y provocando una embolia de pulmón. Las consecuencias podrían ser fatales.
Cruzar las piernas también puede ser un desencadenante de la aparición de las varices, puesto que si la circulación de la sangre en las piernas es buena, las venas no se dilatarán.
Para mantener  una buena calidad de vida, es fundamental que mantengamos una dieta equilibrada y que practiquemos actividad física. Es muy importante educar la musculatura para que puedan desempeñar bien su función, e igual de importante es preservar el buen funcionamiento de nuestros órganos internos, arterias y venas.


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miércoles, 7 de noviembre de 2012

EL BUEN FUNCIONAMIENTO DEL SISTEMA CIRCULATORIO


Para que el cuerpo se mantenga vivo, cada una de sus células debe recibir continuamente nutrientes y oxígeno. Al mismo tiempo, deben recogerse el dióxido de carbono y otros materiales producidos por las células para eliminarlos del cuerpo. El sistema circulatorio es una red de vasos que distribuyen la sangre bombeada desde el corazón.
Los vasos sanguíneos son tubos muy pequeños responsables de transportar la sangre por todo el cuerpo. El sistema circulatorio está compuesto por tres tipos de vasos sanguíneos: arterias, venas y capilares. Una arteria es un vaso sanguíneo grueso que transporta sangre rica en oxígeno desde el corazón hasta las células y tejidos. Las venas transportan sangre pobre en oxígeno y productos de desecho hasta el corazón. Los capilares son de tamaño microscópico, enlazan las arterias y las venas con los tejidos corporales. El intercambio de oxígeno y dióxido de carbono se realiza a través de las finas paredes de los capilares.
Las arterias transportan sangre a alta presión; así que sus paredes son mucho más elásticas que las paredes de las venas. En las arterias la sangre fluye por pulsos. La presión aumenta y disminuye constantemente ya que el corazón bombea sangre hacia las arterias a un ritmo de unas 70 veces por minuto en un estado normal. El efecto produce el pulso que se siente con la yema de los dedos sobre las arterias de la muñeca y del cuello.
La sangre distribuye oxígeno, nutrientes y mensajes hormonales y recoge los deshechos de los 60.000 millones de células del organismo. Tiene cuatro componentes básicos: glóbulos rojos, glóbulos blancos, plaquetas y plasma sanguíneo. Los glóbulos rojos transportan el 99% del oxígeno necesario. El plasma transporta el otro 1%. Los glóbulos rojos son las células más abundantes y constituyen alrededor del 45% de la sangre. Su principal función es la de transportar oxígeno a los tejidos y recoger dióxido de carbono. Los glóbulos blancos son parte del sistema inmune del organismo. Su principal acción es la de producir defensas contra los agentes infecciosos.
Las plaquetas son pequeñas células especializadas que se activan cuando es necesario reparar la integridad de los vasos sanguíneos. Cuando uno se rompe, las plaquetas van hacia él y se hinchan, con forma irregular, creando una especie de engomado que colapsa el corte. Si el corte es demasiado grande para ellas, envían señales para iniciar la coagulación mediante la liberación de serotonina, hormona que estimula la contracción de los vasos para reducir el flujo de sangre. El plasma sanguíneo se transforma en un entramado de células que forman un coágulo sólido a modo de armazón y esto permitirá al organismo la formación de nuevo tejido.
A través de los cientos de miles de vasos sanguíneos se conectan los órganos vitales y los tejidos. El funcionamiento del cuerpo depende del constante aporte de sangre y de sus componentes.
Todo este trabajo transcurrirá en condiciones adecuadas si hay  ausencia de obstrucciones que puedan interrumpir el flujo sanguíneo. Por este motivo es fundamental que no exista ninguna clase de problemas en el paso de la sangre  por las arterias o venas; de no ser así, se desencadenaría  un trastorno sanguíneo. Como un ejemplo, la arteriosclerosis, que es un depósito de colesterol, grasas y sustancias de desecho de la sangre  en las arterias, y una de las causas más comunes de los infartos de miocardio. De otra parte, si la sangre está muy densa, se pueden provocar coágulos que dificultarán la circulación de la sangre pudiendo así ocasionar una  trombosis. La mala circulación venosa puede derivar en un trastorno menos importante como las varices, la celulitis o las hemorroides, pero no menos preocupante.
Es imprescindible hacer ejercicios para activar la circulación: caminar, hacer flexiones de piernas (sentadillas), nadar, correr, ir en bicicleta o hacer clases de spinning, etc. El exceso de calor no es una buena idea para las personas que tengan problemas de circulación, pues con la alta temperatura se produce la vasodilatación de los capilares, lo que puede provocar hinchazón, pesadez, dolor y cansancio. Por este motivo es una buena idea evitar las saunas o las duchas calientes. Descansar con las piernas elevadas auxilia bastante la buena circulación de la sangre, sobre todo en los casos que presenten predisposición a tener mala circulación.  Es importante usar ropas cómodas, calcetines y medias que no compriman las piernas o utilizar medias especiales enfocadas a paliar la mala circulación, y zapatos confortables. Mantener una buena  alimentación es condición  sine qua non para conservar la buena salud de las venas y arterias.
El aporte de fibras favorece el tránsito intestinal y una defecación favorable y sin esfuerzo. Esto facilita que la presión abdominal no aumente,  no debilitando así las paredes de las venas y la pared del colon. De esta manera, el riesgo de padecer estreñimiento, varices y hemorroides es menor. Los antioxidantes dan protección ante a los radicales libres, sustancias que ocasionan el envejecimiento y el deterioro de las paredes de las arterias y venas. Propician el buen estado de los vasos sanguíneos, contienen una acción antiinflamatoria y vasoconstrictora.
El potasio favorece la eliminación de agua, lo que es favorable en los casos de tener piernas hinchadas o retención de líquidos. Los ácidos grasos poliinsaturados reducen el colesterol y los triglicéridos sanguíneos, lo que evita la arteriosclerosis: hacen que la sangre sea más fluida, reducen su viscosidad y actúan como antiagregantes, lo que disminuyen el riesgo de haber trombos y coágulos. El agua facilita la eliminación de toxinas y la depuración de la sangre, con ello la sangre circulará de una manera más fluida. La velocidad de la sangre puede verse seriamente afectada sin el aporte adecuado de agua.

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